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 Télam 162
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Sobre Ricardo Jaime se han dicho muchas cosas, pero principalmente dos: que recibía gratificaciones de las empresas del sector bajo su férreo control y que andaba de aquí para allá con valijas rebosantes de dinero.

Tal vez una anécdota sobre un hecho grave termine de mostrar cómo era Jaime de poderoso. Bajo la protección de su amigo Néstor Kirchner se creía intocable. Nadie podía meterse con él, mucho menos cuando cargaba una valija (o un bolso) con billetes.

El lunes 10 de noviembre de 2008 hubo una discusión entre uno de los jefes de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y Jaime en el Aeropuerto de Córdoba. Una semana antes, el por entonces funcionario había llamado a la guardia de la PSA para que no lo revisaran.

Jaime aguardaba el avión de Aerolíneas Argentinas en la sala VIP. Ese lunes, miembros de la PSA fueron a ese sector reservado y le dijeron que debían revisarlo como a cualquier hijo de vecino antes de subir al avión. Levantó la voz y señalando la construcción del aeropuerto dijo: "¿Ven todo esto? Lo manejo yo. Si quiero, mañana saco a la PSA y pongo seguridad privada". Esa vez subió al avión sin ser controlado, pero algo diferente le había sucedido dos años y medio antes.

Eran las 17:40 del viernes 3 de marzo de 2006 en el Aeroparque Jorge Newbery. "Soy la máxima autoridad del aeropuerto y ustedes están totalmente equivocados en el proceder y esto va a cambiar", espetó Jaime a los agentes de la PSA que intentaban cumplir con la tarea de revisar el equipaje de mano que llevaba el funcionario: "Llevo efectos personales y no lo voy a abrir porque ustedes no son quiénes para revisar lo que llevo". Según consta en el acta labrada por los agentes de la PSA, Jaime dijo que su valija era diplomática y que no la iba a abrir. Cuando Jaime pasó su bolso negro por el escáner y los agentes notaron algo extraño (parecían ladrillos), quisieron revisarlo.

Y ahí estalló. Gritando, pidió que lo comunicaran telefónicamente con el entonces interventor de la PSA Marcelo Saín, experto en seguridad.

Saín, según reconstruyeron en el aeroparque, lo escuchó gritar: "Que me saquen a estos ineptos porque voy a perder el vuelo y si lo pierdo ustedes no trabajan más acá". Tras la amenaza, Saín pidió hablar con el encargado del operativo. El teniente Franco Girardi escuchó el consejo y siguió las directivas de su jefe. "Usted es un secretario de Estado y debe dar el ejemplo frente al resto de los pasajeros y dejarse revisar porque es una cuestión de seguridad", le dijo Girardi a Jaime.

Ante ese pedido férreo de Girardi, Jaime dejó que le revisaran el bolso. Allí dentro apareció un Ipod, un cargador de batería de teléfono celular, una lapicera, carpetas, papeles personales… Había de todo, incluso dos sobres de papel madera con fajos de billetes de pesos y de dólares. Los hombres de la PSA contaron siete u ocho fajos. No era un delito, pues se puede llevar dinero dentro del país. Pero era la muestra fehaciente de que Jaime tenía a su disposición más billetes que los que su sueldo le permitía. Balbuceó un intento de justificación no pedida por la PSA: que la plata provenía de una operación inmobiliaria realizada por la mujer que lo acompañaba.

Cuando en 2011 Silvia Reyss tuvo que explicar ante la Justicia el origen del dinero para comprar bienes, jamás nombró ninguna operación inmobiliaria para la fecha en la que a Jaime le hallaron el dinero en el bolso. Quizás estuvo acompañado por otra dama.

El hecho muestra varias facetas del ex secretario de Transporte. Ignoraba que llevar dinero dentro del país no era delito, pero con "cola de paja" intentó evitar la revisión. Jaime usaba su cargo para diferenciarse del resto de los ciudadanos, creía que poseía una autoridad superior, mentía y, lo más importante, llevaba dinero en valijas de aquí para allá.

La leyenda del "transportador" había sido corroborada por una de las fuerzas de seguridad a cargo del mismo gobierno que hacía la vista gorda para que Jaime se hiciera de los billetes. Lo que se dice, contradicciones del modelo.