La confesión del cubano que espió en EEUU

René González es uno de “los cinco de Cuba”, un equipo de infiltrados en Miami para realizar tareas de inteligencia. Fue preso en 1998 después que el FBI desarticulara el grupo

Guardar
  163
163


La BBC Mundo entrevistó a uno de "los cinco de Cuba", un grupo de espías establecidos en Miami para vigilar a grupos anticastristas que fue desarticulado por el FBI en 1998.

El entrevistado es René González, un piloto recientemente liberado de una prisión de EEUU después de 14 años de reclusión.

Consultado por el periodista Fernando Ravsberg sobre los motivos que lo habían llevado a convertirse en espía, González explicó que creció en la isla atemorizado por el terrorismo de Miami, siendo testigo de secuestros y asesinatos de pescadores. Por eso, cuando le propusieron la misión, la concibió como una acción "patriótica".

"Yo creo que es ético defenderse cuando se es agredido y eso fue lo que fui a hacer yo", explicó a la BBC.

Una de las cuestiones más difíciles de la tarea de ser espía es, según González, el factor humano.

"(…) He conocido personas que fueron oficiales del ejército de Batista, mayores ya, y todavía me tienen como un hijo y yo los tengo a ellos como padres", confesó.

Además de él, que se dedicaba a pilotear todos los aviones que hicieran falta y que pasó por varios grupos, estaba Gerardo (Hernández, otro de los cinco agentes que fueron presos en 1998), que era quien coordinaba las actividades.

En otra parte de la entrevista, el periodista le consultó por la supuesta información que el gobierno de Cuba le facilitó al FBI y que provocó su captura.

"García Márquez fue el conducto para que se realizara, en 1998, la invitación a dos oficiales del FBI, a los que se les ofreció cooperar en la lucha contra el terrorismo y se les entregó una carpeta con evidencias. Pero la información que Cuba les dio no provocó nuestra captura, por la evidencia se deduce que ellos ya nos tenían bajo investigación".

El cubano también contó que una vez que fueron atrapados, les ofrecieron la posibilidad de negociar, y aunque él y otros cuatro se negaron, varios de ellos accedieron y redujeron sus condenas.

De todos los años que pasó en prisión, González recuerda los primeros 17 meses que pasó en aislamiento como los más duros: "(…) Nos trataron con mucha dureza, a la familia se la trató muy mal, se me prohibió ver a mis hijas, la atención médica era pésima. Trataron de quebrarnos pero tuvimos la fuerza moral suficiente", relató el ex espía.

Al final de la entrevista con la BBC, González defendió la posibilidad de que exista algún tipo de "canje" entre sus compañeros que continúan en prisión y Alan Gross, el contratista estadounidense preso en Cuba.

"Yo no tengo nada contra el señor Gross, soy del criterio de que el delito político debe recibir cierta benevolencia, si no es un delito atroz, porque tiene otras motivaciones que yo respeto de cualquier parte. Yo vería con buenos ojos que se solucione y que, sobre todo, se sienten los dos gobiernos y resuelvan todos los problemas que tienen", concluyó.