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Cuando tenía 27 años, Natty Petrosino vivió una experiencia fuera de lo común. Le habían descubierto un tumor en el oído medio y debió ser operada. Tuvo una muerte clínica. Ese momento fue una bisagra en su vida, según ella misma relata. Ella, que había sido actriz de cine y venía de una "familia bien", dio un giro radical. Hoy, el mundo la conoce como la "Madre Teresa argentina".

"Cuando quedé clínicamente muerta, me di cuenta de que somos eternos, de que no morimos. Me hizo ver lo corto que es nuestro paso, pero de lo eternos que somos, porque cumplimos con una misión y partimos", relata Petrosino, que desde hace 45 años se dedica a la labor humanitaria, atendiendo a los más necesitados.

"Comprendí que tenía que desprenderme de las cosas para ayudar a los que más lo necesitan", añade en diálogo telefónico con Infobae América desde España, adonde viajó para recibir el premio Jaime Brunet a la Promoción de los Derechos Humanos, entregado este martes en la Universidad de Navarra en reconocimiento a su trabajo, que hace "en nombre de San Francisco de Asís".

"Este premio se transformó en un mensaje de paz y de amor para todos, pobres y ricos, de todas las religiones, de todos los países. Representa la posibilidad de decirle al mundo que no todo se compra y no todo se vende", asegura emocionada, y añade que se lo dedica a su Bahía Blanca natal (600 km al sur de Buenos Aires) por todo el apoyo que recibió desde que emprendió su tarea filantrópica.

      
      

Natty Petrosino tiene 75 años. Cuando comenzó su labor, en 1978, fundó una red de ayuda para pobres, enfermos y discapacitados con el Hogar Peregrino San Francisco de Asís, el mismo santo al que se debe el nombre del actual Papa argentino, Francisco. Empezó a recibir personas sin hogar, a organizar "ollas populares" y a ofrecer cobijo.

A medida que la red crecía, las fronteras se fueron diluyendo y Natty llevó su ayuda a otros puntos del país y a otras ciudades del mundo. Con sus colaboradores, brindó asistencia en Nicaragua luego del trágico paso del huracán Mitch en 1998, en el que murieron unas 3800 personas. También auxilió a refugiados de Kazajistán e hizo trabajos en Moscú y Chernóbil.

En el último tiempo, Petrosino se dedicó a recorrer toda la Argentina a bordo de una casa rodante para poder llegar a los lugares más recónditos, a aquellos pueblos donde la mano del Estado no siempre asiste a tiempo. Actualmente, pasa la mayor parte de su tiempo con una comunidad indígena wichí en la provincia norteña de Formosa.

-¿Por qué decidió concentrar ahora sus esfuerzos en la comunidad wichí?

-Porque hay que convivir con los wichís para entenderlos y compenetrarse con su cultura. Por eso, dejé a los demás para dedicarme a ellos. Hay que comprenderlos para poder ayudarlos. Ellos todavía viven debajo de un árbol y andan descalzos; muchos no saben hablar castellano. Si se les manda ayuda, pero no se comparten sus necesidades, no sirve. No se los puede obligar a lo que no están preparados.

-¿Muchas de las carencias que padecen se pueden relativizar teniendo en cuenta su cultura?

-Por supuesto. Las niñas de 10 años ya tienen hijos con varones de 12, e incluso con varios hombres. Sucede también el incesto, porque los padres inician sexualmente a las hijas. Son cosas que la cultura de ellos acepta como natural. Entonces uno tiene que ayudar a las niñas a aprender a cuidar a los bebés, explicarles que si están a punto de dar a luz tienen que ir al hospital o no esconderse cuando viene el médico. La mayoría tampoco sabe cómo administrar los medicamentos, o cómo tratar la desnutrición. Entonces uno tiene que convivir para enseñarles.

      
      
      
      

Trabajos de Natty Petrosino en la provincia de Formosa, norte de la Argentina

Cuando le toca hablar de los derechos humanos, Petrosino se pone seria. Por 45 años, trabajó para garantizarlos y se indigna con facilidad. "Los derechos humanos comienzan respetando al otro. La gente, en nombre de estos derechos, ha hecho grandes desastres, avasallando a los demás", sostiene durante la conversación con Infobae América.

-¿Se puede hablar de derechos humanos en la Argentina cuando tantas personas sufren carencias en sus necesidades básicas?

-No; me molesta cuando los derechos humanos son sólo para algunos. En este país, hay demasiados atropellos.

-¿Cómo calificaría entonces la política de derechos humanos del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner?

-Tiene una noción de los derechos humanos muy mal entendida. Es respetar al otro, aunque sea diferente, porque no se puede atacar al que piensa distinto. Yo respeto las investiduras y a la presidente, pero me gustaría que ellos nos respeten a nosotros. Es inadmisible su atropello a los derechos humanos.

-¿Por qué considera que la inflación es una forma de vulnerar los derechos humanos?

-La inflación afecta muchísimo al cumplimiento de todos los derechos humanos, aunque más afecta la mentira y la manipulación de la inflación. Desde mi lugar lo veo, desde mi trabajo con los pobres y los nuevos pobres en la Argentina. Veo que la gente no puede comprarse la comida; y eso es un avasallamiento a los derechos humanos. Hay que reconocer que la inflación está mal y que los derechos no están siendo para todos si lo que se quiere es cambiar la situación.

      

La "Madre Teresa argentina" nunca estuvo sola cuando recorrió el Impenetrable chaqueño, los valles de Mendoza o las estepas santiagueñas, a pesar de haber prescindido durante todo este tiempo de subsidios oficiales. Personas de Suiza, Alemania y España, entre otros países, se han acercado a ayudarla en su labor. Pero lo que más destaca es el apoyo de su Bahía Blanca y de su país. "Desde Buenos Aires, siempre viajan médicos", destaca.

Dedicada a San Francisco de Asís, Petrosino confiesa que le hubiera gustado tener una audiencia con el Papa, pero lamenta que no haya tenido la oportunidad, porque "no todos en el Vaticano" comprenden el trabajo de quienes están cuerpo a cuerpo con los más necesitados.

"Me gustaría mucho que el Vaticano se baje de donde está y viviera el Evangelio como lo vivió San Francisco de Asís. Yo, por mi parte, prefiero vivir el Evangelio en la selva con los pobres, como lo hizo Jesús".