Sociedadviernes 21 de septiembre 2012

Los oídos pueden sufrir daños irreversibles por efecto de los ruidos

Escuchar música a excesivo volumen durante mucho tiempo produce lesiones más graves que las que genera en un instante el motor de un avión al despegar. Los auriculares, ¿culpables o inocentes?

 

“La exposición a un ruido muy fuerte en un período corto de tiempo, por ejemplo una explosión, causa una injuria celular que, tratada a tiempo, puede llegar a revertirse, explicó a Infobae el otorrinolaringólogo Carlos Boccio, jefe de servicio en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Por el contrario, sonidos de gran intensidad, escuchados durante un período prolongado, generan un daño permanente en estas células”. 

¿Cómo se explica esto? “Las células del oído interno, dice Boccio, tienen capacidad de adaptación sólo cuando el estímulo es limitado en el tiempo y ello depende de factores histoquímicos intracelulares, bloqueo de sustancias tóxicas, radicales libres, etcétera. Por esto la prevención cobra tal importancia”.

Cuando se produce el trauma acústico, las células sufren una especie de “atontamiento”. Si se realiza la consulta rápidamente, en lo que se llama período de ventana terapéutica, se pueden intentar alternativas farmacológicas para sacar a las células de ese estado, aunque no siempre con éxito, explica el doctor. En los otros casos, al haber pasado más tiempo, la injuria celular se convierte en permanente, porque las células pasaron por ese período de lesión reversible y no fueron rescatadas.

Con la música a cuestas 

La proliferación de dispositivos portátiles para escuchar música en todo momento, mientras se viaja, se trabaja o estudia, han generado un aumento de consultas por problemas auditivos y permiten pronosticar, salvo que se haga una intensa prevención, una epidemia de sordera prematura en los próximos años. 

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Boccio, cuya especialidad es la otología, se muestra de todos modos optimista, cuando asegura que “el aumento de las consultas por este tema va de la mano de la concientización al respecto, principalmente entre los adolescentes y adultos jóvenes, quienes concurren con la inquietud de un posible daño auditivo luego de exponerse a sonidos muy intensos, como los de un recital por ejemplo o ante el inicio de algún síntoma que les llame la atención”. 

“En realidad –aclara Boccio, que también es Secretario General de la Federación Argentina de Sociedades de Otorrinolaringología-, el daño auditivo se produce, no por el uso de auriculares en sí, sino por el volumen al que se escuchan los dispositivos musicales. Dada la contaminación sonora con la que convivimos en la ciudad, tendemos a escuchar música más fuerte, para intentar tapar el ‘ruido ambiente’. Se sabe que la intensidad sonora que alcanzan los reproductores portátiles, las discotecas, los cines y los nuevos equipos de audio puede dañar la audición a edades muy tempranas, de manera imperceptible en los primeros años de exposición al ruido”. 

Un sonido que supere los decibeles recomendables para el humano o que dure más tiempo del aconsejado lesiona las células del oído interno. 

¿Importa la forma del auricular que se usa? 

Boccio insiste en que “el daño se debe principalmente al volumen” pero señala que inciden también “el tiempo de exposición continua al sonido y el tipo de auricular utilizado”. 

En ese sentido, agrega: “Se recomienda el uso de modelos que se coloquen sobre las orejas en lugar de aquellos que se introducen en el oído, ya que los primeros tienden, de por sí, a disminuir los ruidos externos.  Existen, inclusive, nuevos dispositivos diseñados para garantizar una mayor tasa de supresión del ruido externo, lo que favorecería la escucha a menor volumen”.

Reduciendo el daño 

El oído humano tolera como máximo 80/85 dB (decibeles) durante un período máximo de 8 horas antes de que comience a producirse el daño en las células del oido interno, explica Boccio. Y ejemplifica: “Cuando estando cerca de una persona que escucha un dispositivo musical portátil, podemos oír la canción que está sonando, se ha superado claramente esta intensidad. Esa es una forma fácil de darse cuenta, por ejemplo, de que debemos decirles a nuestros hijos que bajen el volumen”. 

De acuerdo a la tabla de valores del CDC (Center for Disease Control and Prevention), exponerse al ruido de una turbina de avión (140 dB) sin protección auditiva causa daño instantáneamente, escuchando el MP3 a 100 dB, la injuria celular se inicia entre los 7 y 15 minutos y, finalmente, el ruido de una aspiradora o la permanencia en un lugar ruidoso (80 dB) comienza a generar daño a partir de las 8 horas, advierte Boccio. “Por esto, agrega, la OMS recomienda no superar la exposición a 85 dB por más de 8 hs al día, aunque nuevas publicaciones sugieren disminuir la intensidad hasta 80 dB”.

 ¿Qué pueden hacer para evitar el daño quienes no deseen privarse de escuchar música mientras viajan, estudian o usan la computadora? 

El doctor Boccio sugiere tres cosas “simples”: 

  1. Cambiar el tipo de auriculares, intentando elegir siempre los que cubren la oreja por fuera.
  2. Mantener el volumen bajo: una buena guía es usar el volumen a la mitad de lo que permite el dispositivo.
  3. Limitar el tiempo de escucha o protegerse. Es importante dar a los oídos períodos de reposo; en discotecas o recitales, donde el volumen suele ser excesivamente alto o molesto, es recomendable usar tapones en los oídos.