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La confesión de Mario Massaccesi sobre su infancia: “El verdugo te hace creer que vos sos el culpable”

El periodista habló con Mario Pergolini sobre la muerte de su madre, los silencios de su niñez y la decisión que lo llevó a transformar su experiencia en libros y conferencias

La historia de Mario Massaccesi, el periodista, fue invitado al programa de Mario Pergolini.

“Yo no voy a esperar más a mañana. Puede no haber mañana”. Con esa frase, Mario Massaccesi resumió el punto de quiebre que atravesó a los 33 años, tras la muerte de su madre, y que lo llevó a revisar los silencios de su infancia, escribir libros y compartir su experiencia en conferencias en distintas ciudades del país.

La reflexión surgió durante una charla con Mario Pergolini, en Otro día perdido, quien le preguntó cuándo había advertido que podía combinar su recorrido personal con la exposición que le daba su carrera en los medios. El conductor quiso saber, además, de qué manera había nacido ese camino que hoy lo encuentra frente al público, con presentaciones teatrales y libros centrados en el bienestar y los procesos personales.

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Massaccesi no respondió desde el éxito editorial ni desde su recorrido televisivo. Fue hacia atrás, a una etapa marcada por situaciones que definió como dolorosas y que, durante muchos años, no logró conversar siquiera con su madre.

“Yo vengo de una infancia con muchos dolores, con situaciones muy terribles y crueles que ni siquiera las pude charlar en su momento con mi madre”, expresó. Y ubicó la muerte de ella como el momento en que entendió que no quería continuar postergando aquello que necesitaba elaborar.

Mario Massaccesi habló con Mario Pergolini sobre las heridas de su infancia y el proceso que transformó su vida

Cuando Pergolini le consultó qué edad tenía al atravesar ese duelo, Massaccesi aclaró que tenía treinta y tres años. “Es mi número maestro”, señaló. Según explicó, esa pérdida le permitió comprender que ya no quería vivir condicionado por la vergüenza, el miedo, la culpa y los juicios que se había impuesto.

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En su relato apareció una definición contundente sobre las consecuencias que dejan las vivencias traumáticas: “El verdugo siempre te hace creer que vos sos el culpable”. Para el periodista, esa lógica de manipulación puede instalarse años y ser difícil de desarmar. Sin embargo, remarcó que hay una salida posible.

Durante el intercambio con Pergolini, no dio detalles sobre aquellos episodios de infancia. Sí explicó que su decisión de hablar y trabajar sobre esos temas no respondió a una búsqueda de exposición, sino a una necesidad de dejar atrás una vida atravesada por el silencio.

Lejos de presentar su presente como una llegada definitiva, Massaccesi lo describió a partir de escenas cotidianas. Dijo que se considera “un tipo feliz” y que intenta ratificarlo en gestos simples, como saludar al encargado de su edificio o llegar cantando a su trabajo por la mañana.

La imagen provocó la reacción de Pergolini, que apeló al humor: “Suerte que no vivimos juntos”. Entre risas, Massaccesi contó que un gerente lo vio salir cantando de la playa de estacionamiento del canal y luego le escribió para preguntarle si, efectivamente, estaba cantando.

El periodista recordó la muerte de su madre y explicó por qué, desde entonces, decidió no postergar más sus deseos

La escena abrió una reflexión sobre la relación entre trabajo y felicidad. “Qué raro”, le habría respondido el gerente, según recordó Massaccesi. Para el conductor, ese comentario revelaba una idea extendida: que una persona que termina su jornada laboral de buen ánimo puede generar extrañeza.

“Me preocupó mucho eso”, aseguró. “Es el concepto de que a los trabajos tenemos que ir a pasarla mal, hay que ir a padecer”. Frente a esa mirada, planteó una diferencia que sostiene en sus charlas: “Yo no voy al trabajo a buscar felicidad, yo llevo felicidad”, expresó el periodista.

La frase cerró un intercambio que combinó confesiones íntimas, humor y una idea central en el discurso de Massaccesi: el bienestar no depende solo de las circunstancias externas. Para él, el recorrido comenzó cuando pudo correrse de la culpa y aceptar que postergar la vida también puede tener un costo.

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