“Pasó de ser un fetiche a una actividad privada y después a una identidad”, explicó Traniela Carle Campolieto en Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae, al repasar el camino que la llevó a reconocerse como mujer trans. La comandante recordó cómo vivió durante años su expresión femenina en secreto, cómo fue compartir ese aspecto de su vida con su esposa y sus hijas y qué la impulsó a dejar de ocultarlo.
Campolieto comenzó su carrera como piloto militar y se incorporó a la aviación comercial a los 23 años. En 2023 se convirtió en la primera mujer trans en comandar un vuelo comercial en la Argentina, un hecho que le dio amplia repercusión pública. Aunque modificó sus datos registrales y se identifica como mujer, su expresión de género puede variar: a veces elige vestir ropa masculina y otras, femenina, sin que eso modifique quién es.
Durante la charla, recordó cómo fue presentarse por primera vez como Traniela al mando de un avión, habló sobre la repercusión que tuvo su historia y explicó por qué decidió no realizar tratamientos hormonales ni someterse a cirugías.
Con más de tres décadas de trayectoria en el sector aeronáutico, Campolieto llegó a comandar aviones Airbus A330-200 en rutas nacionales e internacionales. Casada y madre de tres hijas, hizo pública su identidad de género en 2023, después de haber vivido durante años su expresión femenina en privado. Durante mucho tiempo se identificó como crossdresser, hasta que decidió reconocerse como mujer y vivir plenamente su identidad. Desde entonces, también asumió un rol público en las conversaciones sobre diversidad, identidad de género y prejuicios sociales.

— Quiero arrancar por el principio. Vos naciste hombre: Carlos Daniel.
— Sí, exacto. Desde el punto de vista biológico soy un hombre.
— Y conociste una mujer y tuviste tres hijas.
— Sí, de madres distintas.
— Pero hasta ahí todo, voy a usar la palabra “normal”, si me permitís.
— Sí, lo que se llama heteronorma.
— ¿Qué pasó o qué había en vos cuando decidiste transicionar? ¿Cómo empezaste?
— Arranca desde un disfrute personal de vestirme de mujer, siendo hombre, ubicándome en mi etapa de hombre en cuanto al género, pero me gustaba vestirme de mujer. Al principio siempre en privado. Cuando tenía días libre o tiempo libre, lo hacía en los hoteles. Me llevaba mi ropa en la valija o salía a comprar ropa por ahí y me vestía.
— ¿En ese momento vos te vestías de mujer cuando estabas solo?
— Sí. De a ratitos y nadie sabía.
— ¿Era como un juego?
— No sé si llamarlo juego porque tenía un sentido autoerótico: me daba placer hacerlo.
— Además, eras fisicoculturista y tenías un lomazo.
— Sí, en 2018.
— ¿Te gustan los hombres?
— No.
— ¿Nunca tuviste ninguna historia con un hombre?
— No.
— Solo querías vestirte de mujer.
— Sí. Siempre me gustaron las mujeres, en distintas épocas de mi vida, un poco más o un poco menos, pero siempre estuve enamorada de mujeres, tuve novias y ahora estoy enamorada de mi mujer. Me gustaba vestirme, verme de mujer, sacarme fotos, filmarme, hacerme una autofilmación y verme en el espejo. Eso empieza así, esa es la historia de dónde nace Traniela. Al principio fue con distintos nombres. Primero usaba el nombre que me gustaba o el nombre de alguna chica que me gustaba, sobre todo de adolescente.
— ¿A qué edad empezó esto?
— Y a los cinco yo jugaba a vestirme de nena un rato. Adelante de cualquiera, no me importaba. O sea, era un nene que jugaba a la pelota, salía con mis amigos, lo normal que hace un nene. Pero un rato era una nena. Yo decía: “Bueno, ahora quiero hacer de tal compañerita de la escuela”. Y me dejaban jugar a eso un rato. Era un juego más.
— ¿Tus padres qué decían?
— Nada. Jugaba a eso. Y me acuerdo de esos cinco años muy bien y era un sentimiento muy vívido de placer, de decir: “Estoy disfrutando de esto”. Se acababa el juego y seguía jugando con autitos, a la pelota, a la guerra, lo que jugamos los chicos.

— Continúa la vida, conocés a tu mujer, te casás y tenés tu primera hija. ¿Seguías haciéndolo a escondidas?
— Sí.
— ¿Ella sabía?
— No, no sabía. Nunca supo nadie hasta hace poco.
— ¿No lo habías hecho ni siquiera con otras personas desconocidas?
— En esos chats que se usaban antes, había hablado con otras personas como yo. ¿Viste que hay chats de mecánicos, de futbolistas? Bueno, también hay chats de hombres que se visten de mujer, por supuesto. Hay chat de todo (risas). Se llaman crossdressers. Pero lo primero que yo googleo es “hombres que se visten de mujer”. Tal cual lo estamos hablando. Porque yo no sabía que existía esa palabra. Y al toque me aparece en Google que se llama así.
— ¿Ahí te sentiste que eras parte de algo?
— Dije: “Tengo un título” (risas). Era una crossdresser, porque es el término femenino de quién querés representar. Me sentía una chica en ese momento, en esas dos horas, entonces me vestía de lo que era y era una crossdresser. Pero todavía me ponía distintos nombres.
— ¿Y en esos chats hablabas de que te pasaba lo mismo?
— Sí.
— ¿Y llegaste a encontrarte con otros crossdresser?
— Hace poco empecé a ir a unas reuniones. Después dejé de ir porque me cansé también, pero en su momento iba bastante seguido.
— Pasa el tiempo, te separás y conocés otra mujer. Vos seguís siendo Carlos Daniel en ese momento, tenés otra hija y seguís haciendo el crossdresser a escondidas.
— Sí, muy de vez en cuando porque estaba ocupada con otras cosas. Tenía ascensos en la profesión, nueva casa, venía de un divorcio y tenía una familia nueva. Así que medio que cuando estaba ocupado lo abandonaba.
— ¿Vos eras piloto de la Armada en ese momento?
— Fui piloto de Ejército, pero eso es mucho antes. Después salí del ejército y entré a aerolíneas comerciales a los 23 años. A partir de ahí seguí como piloto de línea aérea hasta la actualidad.
— En definitiva, no es que saliste del clóset porque no sos gay sino crossdresser.
— Claro. Los crossdresser son hombres que se sienten hombres, pero se visten de mujer. Y se visten de mujer en privado.
— ¿Qué cambió en vos para querer transicionar? ¿Por qué ponerlo en papeles?
— Lo que ocurrió se llama identidad, sentir de la identidad, ese sentimiento profundo de quién soy. ¿Cómo me siento mejor como Carlos Daniel o como esa otra mujer o esa entidad femenina que tanto disfruto esas dos horas? ¿Y cómo me di cuenta? Porque empezaba a extrañar ese momento, como cuando extrañás un lugar al que vas de vacaciones y decís: “Cómo me gustaría estar en tal lado en la playa”. Yo extrañaba estar vestida con la ropa que me corresponde.
— ¿Empezaste a sentir que estabas completa estando vestida de mujer?
— Sí, un sentimiento de felicidad. Tal cual como estás en un lugar que te gusta, viendo un partido que te gusta o haciendo lo que te gusta: andando en moto o lo que sea. Pasó de ser un fetiche a una actividad privada y después a una identidad. Pero la identidad ya venía adentro. Ya estaba. Lo que hice fue reconocerla, porque eso es lo que sucede, vos reconocés a la identidad.
— ¿Ibas a terapia?
— No, nunca fui (risas).
— ¿Todo lo elaboraste vos desde la cabina del avión?
— Viendo las estrellas a la noche (risas).
— ¿Y ahí pensabas mucho mientras volabas?
— No es que pensaba mucho, sino que lo que yo pensaba era esto de la identidad. ¿Qué es la identidad? ¿Qué significa la identidad? Es un sentimiento muy profundo. Que se parece mucho a las personas cuando emigran. Un emigrante que viene a vivir a un país que no es el que nació, tiene esa sensación de vacío y de diferencia. Lo mismo pasa con el género, es muy parecida la sensación.
— Sentías que algo ocurría en tu vida, hasta que un día dijiste...
— Hasta que un día lo elaboré. Me acuerdo que estaba en Nueva York y dije: “Quiero estar en un restaurante, pero no de Daniel, quiero esa identidad nueva femenina”. ¿Y cómo me voy a llamar? A mí me gusta mucho mi nombre, Daniel, pero no quería ser Daniela porque hay millones, en cambio Traniela no hay ninguna. Aparte Traniela es una identidad trans, porque tiene la palabra “tra”. Y como yo soy muy descriptiva porque me gustan los aviones, los autos, los barcos y todo tiene su nombre técnico, entonces sería como un nombre técnico de Daniel.
— Entonces, creaste Traniela, que es Daniela trans.
— Para que el mundo sepa que esta Daniela es trans y no tiene nada que ocultar. Y el primer nombre, que era Carlos, el de nacimiento, se transforma en un segundo nombre en esta nueva identidad que es Carle. ¿Por qué soy Carle? Porque no llego a ser Carla. Es un Carlos que quedó a mitad de camino, porque sigo conservando mi barba, mi voz original y el cuerpo no es un cuerpo transicionado. Es un cuerpo quizás mejorado con el fitness.

La reacción de su familia
— ¿A quién fue la primera persona que le contaste tu secreto?
— A mi esposa.
— Contame esta charla. Hagamos que yo soy tu mujer y vos venís a decirmelo.
— Mirá, te tengo que contar algo.
— “¿Qué pasó en esa cabina? ¿Una azafata?" Es lo primero que diría yo.
— No te preocupes, pero te lo tengo que contar. Entonces agarré el teléfono y le mostré unas fotos. “Yo soy esto”, le dije. Estaba toda totalmente producida como ahora, pero en ropa interior porque no tenía ropa de calle. Era ropa interior o vestidos (risas).
— Fuiste directo. ¿Y qué te dijo?
— “Ah, bueno, si es solo eso. No pasa nada”, me dijo. Pensó que se venía el fin del mundo.
— ¿Pero no te preguntó si eras gay o alguna cosa así?
— Sí, me preguntó. Pero es evidente que no lo era. A lo sumo sería bisexual. Pero gay es imposible porque les gustan únicamente los hombres. Si a un hombre que está con hombres, aparte le gustan las mujeres, es bisexual.
— ¿Creés que sospechaba algo?
— No sé si sospechaba, pero me parece que ella vio una vez un poco de ropa que yo tenía en una valija 10 años antes de este episodio y se preocupó por si era de alguien.
— ¿Y vos qué le dijiste?
— “Es una ropa que me pongo yo”, le tuve que decir la verdad. “Es una ropa que me gusta a mí con un fetiche”, le expliqué. Entonces se ve que googleó y se quedó tranquila. Me dijo: “Ah, bueno, yo no me voy a meter en eso, me parece bárbaro que disfrutes”.
— Es muy crack. ¿Cómo se llama tu mujer?
— Valeria. Sí, me dijo: “Bueno, está todo bien”. Después me vio vestida. De salir del clóset, pasó a estar en la casa Traniela. Pero no salía de la casa.
— Cuando te ve vestida de mujer en la casa, ¿ella igual sigue sintiendo una atracción por vos? Porque en definitiva le gustás como hombre y ahora sos mujer.
— No es tan así. Si bien antes yo le atraía como hombre, ahora lo que le atrae es la persona que soy, el alma. Ve más allá de cómo esté vestido o vestida.
— Obviamente, te ama a vos como persona. Pero te lo pregunto desde el punto de vista de su heterosexualidad, porque ella estaba en pareja con un hombre y, de golpe, ese hombre cambió.
— Pero la sexualidad, la orientación sexual, no tiene que ver con la expresión de género. La expresión de género es cómo te vestís. Yo ahora me voy, me visto de hombre y sigo siendo Traniela, una mujer. Pero vos vas a ver un hombre y te vas a sentir diferente porque estás charlando con un hombre.
— Pero en la vida personal entre ustedes, ¿a ella eso le gusta?
— Bueno, al principio no le gustaba. No le gustaba, pero era algo que yo hacía un ratito. Hasta que pasó el tiempo y le dije: “Voy a salir a la calle, voy a salir a caminar así”.
— ¿En algún momento estás vestido de hombre porque querés?
— Sí, a veces estoy de hombre. Si tengo que arreglar algo en la casa, me pongo ropa de hombre.
— Pero si salís a la calle vestido de hombre, todos te van a tratar en masculino. ¿Te incomoda esa situación?
— No, para nada.
— Porque el que te conoce te va a decir Traniela, pero alguien que no te conoce te va a tratar como un hombre.
— Daniel no me dicen más porque el nombre en el DNI dice Traniela. Entonces, aunque esté de hombre, soy Traniela y algunos me dicen de él o de ella, no importa eso. Salvo que adrede me digan: “Vos sos un hombre y no creo nada de lo que estás haciendo”. Eso ya tiene una carga de combate. Ya te está combatiendo esa persona.
— En el momento de tener que contarle a tu familia, ¿te daba miedo que se alejen?
— Sí, siempre tuve ese miedo. Miedo a perder el trabajo, a perder la familia. Pero soy una persona que convive con el miedo, con el riesgo, digámoslo así, porque el miedo ya es una cosa muy extrema. Pero con el riesgo convivo todos los días.
— Le contaste primero a tu mujer y ¿después?
— A mis hijas. En un momento arreglamos entre las dos no contarles porque en el colegio les podían llegar a hacer bullying. Pero la verdad que pasaron unos días y dije: “Me parece que les tengo que contar, porque esto no se puede ocultar”. Un día me van a ver pasar, media mal maquillada (risas). Y van a decir: “¿Qué onda? ¿A qué están jugando? ¿Qué está pasando en mi casa?”. Entonces agarré primero a una que era un poco más abierta.
— ¿Qué edad?
— 20 años. Le dije a la más grande: “Mirá, yo soy una persona trans”. Estaba vestido de hombre. “Ah, está bien”, me dijo. Se entiende perfectamente. Y ella me mostró fotos de una compañerita que era hombre y se hizo mujer. En las aulas ahora los chicos suelen probar. No sé si definitivamente van a transicionar, pero hacen pruebas. Me mostró un par de fotos y lo aceptó muy bien. Y después le conté a las otras más chicas. Y lo aceptaron. Y fue como decirle: “Mirá, mañana va a llover”. Lo tomaron super bien. Al siguiente sábado fuimos de compras y la pasamos bien las tres. Salí con mis hijas nada más, mi mujer no.
— ¿Vestida de Traniela?
— Sí. Es que no es que Traniela se viste de Traniela o de Daniel. Siempre es Traniela. Aunque use ropa de hombre, está vestida de Traniela, porque es su ropa. No es la ropa de otro. Siempre es mi ropa. Lo que pasa es que la expresión de género es masculina o femenina.
— Cuando vos decidiste cambiarte de sexo en los papeles, ¿tuviste críticas? Porque no sos el típico caso que transicionó a una mujer que se opera...
— Se llama cispassing. La trans cispassing es una trans que pasa por cis, eso significa en inglés. Cis son las mujeres que biológicamente nacieron como mujer y aceptaron su género. Lo que habitualmente nosotros llamamos mujeres. Esas se llaman cisgénero. Y nosotras somos transgénero.
— ¿Cómo fue que decidiste que esto que vos sentías quedara plasmado en papeles?
— Ahí sí tuve un conflicto con mi mujer, porque me dijo: “Ya es otra cosa porque vos vas a ser una mujer trans, ya no sos una crossdresser”. Una vez que vos salís a la calle...
— Diste un paso, subiste un peldaño más.
— El primer peldaño después de ser crossdresser fue abrir la puerta y salir a la calle. Ahí ya te protege la ley de identidad de género, porque vos te estás expresando como mujer siendo hombre, lo que sería una travesti.
— ¿En ese momento eras travesti?
— En el viaje al Registro Civil sos travesti, porque te seguís llamando Carlos Daniel, pero estás lookeada de mujer. Cuando me atienden ahí en el Registro Civil de Belgrano les dije: “Vengo por identidad de género”. Obviamente que estaba lookeada. Me dan un papel para llenar y yo había leído por Internet que tardaban tres meses en dártelo. Pero cuando termina el trámite la chica me dice: “Esto la semana que viene está listo. Acá te firmo, te doy el comprobante y ya sos una mujer, sos una trans y el nombre que te corresponde es el que vos llenaste”.
— ¡¿Y ya está?!
— Sí. Aparte el género podía ser: hombre, mujer o no binario. Podés elegir entre tres. Yo puse mujer, pero podría haber puesto no binario. Fue hacer un trámite, como la transferencia del auto. Pero a partir de ahí ya no era más travesti. Ahí transicionó el género. Llegué como Daniel, con el género masculino, y me fui del Registro Civil con género femenino como Traniela.

El primer vuelo al mando como mujer trans
— Tu caso no es el típico de una persona que transiciona de varón a mujer, sino que vos expresás tu género como tenés ganas, aunque hayas cambiado tus datos en los papeles. ¿Cómo te manejás en situaciones cotidianas, como, por ejemplo, a la hora de ir a un baño público?
— Te voy a contar la verdad siendo 100% sincera de lo que yo hago y lo que uso. Cuando estoy de hombre, o sea, soy Traniela vestida de hombre, voy al baño de hombres. Cuando estoy de mujer, voy a los dos baños, donde hay menos fila.
— ¿Has tenido alguna vez un conflicto, alguna mujer que te dice algo?
— No. Me piden fotos. “Yo te sigo”, me dicen. Nadie me mira mal, me sonríen y me preguntan cosas. Cuando no era conocida pasaba lo mismo.
— Pero ahora sos famosa.
— Porque ahora tiene la carga de las redes y todo esto. Pero los primeros meses, que era una trans, por no decir un trava (risas), en el baño todo el mundo se asombraba. Pero nadie nunca me dijo nada. Socialmente eso está super aceptado.
— ¿Y cómo fue en el trabajo? ¿Vos sos pilota?
— Soy comandante o capitán.
— Para que la gente sepa, vos podés llegar a copiloto y después nunca más ascender. Es un examen difícil y has logrado todo eso. ¿Vos creés que hubieses podido hacer la misma carrera como mujer que como hombre?
— Yo creo que sí. Hubiera tenido obstáculos por prejuicios, pero finalmente lo hubiese podido lograr. Porque demostrás aptitudes técnicas, igual que cuando era hombre. No cambia nada.
— ¿Cómo fue decirlo en el trabajo?
— Primero me asesoré sobre cómo son las leyes, qué cosas podía hacer y qué no, los derechos que tenía y las obligaciones como persona trans. Y sabía que podía avisar en el trabajo mandando un correo electrónico para que quede asentado que a partir de tal día iba a ser una mujer trans y que tenía una partida de nacimiento. Fue lo primero que tuve: la partida de nacimiento rectificada.
— Y entregarle la documentación a la compañía para que ahora el recibo de sueldo te llegue a otro nombre.
— Tuve que decirles: “Ustedes me tomaron como hombre y ahora soy una mujer trans”. Me contestaron al otro día, hubo como un silencio ¿viste? (risas). Y al otro día me contestan de que estaba todo bien, que si necesitaba ayuda, asesoramiento, cuente con la mesa de género de la compañía, que en ese momento funcionaba.
— De primera lo que estás contando. No nombremos a la compañía, pero todos saben dónde trabajás.
— Sí, tanto la parte de la jefatura de pilotos como recursos humanos, la parte administrativa, todos los sectores se mostraron dispuestos. Si bien corrían mis fotos como Traniela, son chistes como en todos los trabajos. Eso es normal. Porque eso habla de la vida sana de su gente, de hacer chistes. Es imposible no hacer chistes y habla del humor del grupo. Finalmente fui a trabajar el primer día, pero entre que yo avisé y fui a trabajar, como estaba de vacaciones, pasaron varios días.
— ¿En la pausa lo hiciste?
— Claro. Lo hice en las vacaciones, que duraron 30 días. En esos días, sin parar, fui haciendo todos los trámites. Con la partida de nacimiento en la mano, hice el DNI, el pasaporte, la visa a Estados Unidos, la licencia de conducir, la tarjeta de crédito porque cambió todo. Y la habilitación aeronáutica, pero ahí es otro camino.
— ¿Es el registro para pilotear?
— Porque yo dije: “Bueno, la habilitación aeronáutica la dejo como Daniel, ya está”. Cansada de estar dando vuelta por toda la ciudad. Pero me dijeron: “No, esto lo tenés que tener actualizado. Tiene que coincidir”. Si bien con el número de documento ya es suficiente para identificarte, lo piden igual. Vos te podés llamar Jirafa, pero si tu número de documento es ese, lo demás son sólo nombres.
— ¿Entonces terminaste las vacaciones y apareciste en el trabajo?
— Terminé las vacaciones y ya tenía todos los papeles. Tenía también la habilitación aeronáutica, o sea, la licencia de piloto. También el psicofísico. Tuve que hacerme el psicofísico de vuelta, que no me vencía, pero lo tuve que hacer porque soy una persona con otro género.
— En el psico, ¿estaban más atentos? ¿Te preguntaban cosas?
— Sí.
— Te dijeron: “Che, el físico estás bárbaro, pero vamos al psicológico”.
— No, el físico ya se ve que está bien (risas). Y el psicológico, bueno, siguió todo igual. Es más, me encontraba más feliz. Como con un aura, un estado naturalmente feliz. Porque si estás feliz, se te nota. Aparte, tenés una excitación cuando transicionás. Los primeros meses querés ir para todos lados, decirle a todo el mundo. No te importa nada. Querés ir a reuniones que ni te interesan. Es tremendo.
— ¿Cómo fue el primer día de trabajo que vas como Traniela?
— Ya tenía un vuelo programado a Iguazú, porque mi avión, que es un avión internacional habitualmente, a veces hace algunos vuelitos de cabotaje. Me tocó cabotaje, entonces voy y vengo a Iguazú. Para mí un día común y corriente. Hice todo lo que tenía que hacer, los trámites del vuelo, firmo todo y me hago responsable de los papeles. Me voy al avión, solamente somos dos pilotos y todo el mundo se caía de espanto, imaginate. Era algo sorpresivo, es difícil de explicar. Mi uniforme, que era de hombre, me lo hice de mujer.
— ¿Te lo entallaste un cachito?
— Me lo entallé, arreglaron el pantalón y me lo feminizaron. Después me dieron el de mujer. Pero como no había tiempo y me lo querían resolver enseguida, me lo entallaron y me lo arreglaron todo.
— ¿Y tu copiloto o copilota que ya te conocía qué dijo?
— Antes le mandé un WhatsApp y le dije: “Mirá que voy a ir y vas a ver a una persona, la misma de siempre, pero voy a estar vestida de mujer, con los labios pintados”.
— ¿Y qué te dijo?
— “Sí, no hay problema, ya sé”, me dijo.
— Te dijo: “Ya se sabe todo acá. Ya me llegó tu foto”.
— Doscientas fotos llegaron (risas). Fue todo sorpresa, todo risa. Una bienvenida increíble. Nos sacamos una linda foto todos. Y a la vuelta, una de las tripulantes, de las azafatas, me muestra en su WhatsApp un recorte de una revista que ya había salido mi foto pasando por el aeropuerto en una web de Brasil. “O primer piloto trans”, decía el título (risas).
— Es que es una noticia.
— Claro, yo soy la primer capitana trans de línea aérea de Sudamérica, de México para abajo.
— La primera trans en cruzar el océano, leí por algún lado.
— Sí, también. La primera mujer trans en cruzar el océano Atlántico al mando de un avión.
— Es espectacular.
— Sí. Un hito. Y el desafío era llegar y que me acepten como mujer en el destino, que me digan: “Bienvenida, pase”. Y fue un hito también haber aterrizado en Miami.
— ¿Por qué?
— Me decían: “Pero Miami, ¿cómo vas a hacer? Porque ahí es dificil...”
— Pero en Estados Unidos son los reyes de las cosas que no son frecuentes.
— Sí, por eso. “Bienvenida, capitana, ¿cómo le fue en el vuelo?”, me dijo el agente de migraciones. Y yo me sentí como siempre porque lo único que hice fue expresarme lo que tenía adentro. Entonces no cambió nada.
— Te hago todas estas preguntas porque es frecuente para vos, pero obviamente para el resto no.
— No, por supuesto. Lo entiendo. Desde mi interior hay una normalidad en todo esto. No es que yo me siento mal, estoy angustiada. Es todo lo contrario. Si hubiera alguna angustia por ahí, se terminó el día que yo salí a la calle.
— ¿Vos imaginabas esta repercusión? ¿Creías que te ibas a hacer famosa a este nivel?
— No. Pensé que habría alguna que otra noticia, pero no que todo se iba a amplificar tanto.
Identidad sin cirugías ni hormonas
— ¿Traniela es rubia o tiene diferentes pelucas?
— 30 pelucas.
— ¿Tenés todos los colores?
— Sí, pero siempre se estanca en una rubia con el balayage arriba morocho.
— ¿Te gusta comprarte ropa? ¿Qué te gusta?
— Sí. Me voy pasando de una cosa a la otra. Trato de comprarme también para salir en las redes, por eso tengo muchas cosas, variedad de vestidos. Me gustan los vestiditos ajustados, por ejemplo, o trajecitos.
— ¿Te cambiás pilcha con tus hijas? ¿Te roban la ropa? ¿Qué onda?
— No, eso no existe (risas). Son grandes, ya tienen sus novios.
— ¿Y los novios qué dicen? ¿Te aman?
— Sí, todo bien. No tengo problema con nadie. Es más, tengo problemas con personas que por ahí se imaginan que van a reaccionar de una forma y cuando me ven y me conocen, se les va eso. Porque tienen una previa media fea y cuando me ven está todo bien.
— ¿Traniela sabe lo bizarros que son los reels que sube?
— No lo sé, pero me divierto leyendo los comentarios (risas).
— Me hacés llorar de risa con algunos.
— Lo que pasa es que voy pensando qué gancho meter para que se viralice.
— Sé que hay otros peldaños, pero llegamos hasta acá, ¿no? No va a haber ningún tipo ni de hormonas ni de cirugías.
— No, porque yo soy una persona muy natural. Y a mí me gusta mi voz, me gusta mi cuerpo. Yo no tengo disforia. La disforia es cuando no estás conforme con tu cuerpo. Yo estoy muy conforme con mi cuerpo. De hecho, lo trabajo.
— ¿Cada cuánto entrenás?
— Todos los días.
— ¿Pero vas vestida de mujer?
— Tengo el gimnasio en mi casa. Así que entreno con la ropa que tengo en el momento. Me pongo ropa deportiva.
— ¿Con tu mujer la cosa se resolvió?
— Sí, ella fue entendiendo que todo sigue. Que es una expresión y un cambio de género.
— ¿Me permitís una pregunta picante?
— Sí, obvio.
— ¿Cuando tenés sexo tu apariencia es femenina o masculina?
— ¿Te puedo contestar con una pregunta?
— Sí.
— ¿Vos cuando tenés sexo lo hacés vestido?
— No.
— Y bueno, yo tampoco (risas).
— ¿Y la peluca?
— Ah, bueno, la peluca me la saco. Qué se yo. (risas).
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