La fábrica empieza a necesitar trabajadores distintos. La expansión de la inteligencia artificial, la robótica y los procesos automatizados está modificando tareas que antes dependían principalmente de labores manuales y elevando la demanda por perfiles capaces de operar, programar y mantener sistemas cada vez más sofisticados.
El 93% de los empleadores industriales a nivel global considera que la automatización y la manufactura inteligente transformarán su fuerza laboral, según el reporte Global Manufacturing World of Work Outlook 2026 de ManpowerGroup. Al mismo tiempo, 72% de los fabricantes reporta dificultades para encontrar trabajadores con las capacidades que necesita.
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Entre los perfiles más difíciles de cubrir aparecen los vinculados con producción, ingeniería y desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial. El estudio también muestra una brecha dentro de las propias empresas: 60% de los trabajadores de manufactura afirma no haber recibido capacitación profesional durante los seis meses anteriores.
El reto para la manufactura peruana
La discusión tiene un peso particular en Perú. Durante 2025, la industria manufacturera privada registró un promedio de 549.540 trabajadores formales distribuidos en 33.723 empresas, según información de la Planilla Electrónica del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) recogida por la Sociedad Nacional de Industrias (SNI).
El problema laboral peruano, sin embargo, es mucho más amplio que la adopción tecnológica. Alrededor de siete de cada diez trabajadores del país se encuentran en la informalidad, una situación que limita su acceso a protección social y otros derechos laborales.
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En abril, el Gobierno aprobó mediante el Decreto Supremo 001-2026-TR la Estrategia Nacional para la Formalización Laboral 2026-2040, cuya meta es que el empleo formal alcance el 50% de la población ocupada hacia 2040. La estrategia incluye entre sus ejes la promoción del capital humano y el aumento de la productividad empresarial.
Eso no significa que incorporar robots o inteligencia artificial vaya a traducirse automáticamente en más empleo formal. La conexión dependerá de la capacidad de las empresas para generar nuevos puestos, reconvertir funciones existentes y capacitar a trabajadores que puedan acceder a ellos.
“La incorporación de tecnología puede generar mejores oportunidades laborales, pero su impacto dependerá de nuestra capacidad para desarrollar las habilidades que exige la nueva industria”, señaló Jorge Gamero, director regional de ManpowerGroup Perú y Chile.
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La capacitación aparece como una de las brechas
La transformación tecnológica tampoco implica necesariamente la desaparición de puestos de trabajo. Parte del cambio pasa por modificar las tareas que realizan los trabajadores y las capacidades que necesitarán para desempeñarlas.
El estudio muestra, además, una disposición favorable al aprendizaje: el 79% de los trabajadores de manufactura confía en que tendrá oportunidades para adquirir nuevas habilidades.
Entre las competencias que empiezan a ganar peso aparecen conocimientos técnicos y digitales, pero también capacidades como adaptabilidad, pensamiento crítico, comunicación, aprendizaje continuo y resolución de problemas.
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Para las empresas, el desafío será anticiparse a esos cambios antes de que las brechas de talento sean más difíciles de cubrir. Eso supone identificar qué funciones pueden automatizarse, qué nuevos perfiles serán necesarios y qué trabajadores actuales pueden ser capacitados para asumirlos.
“El primer paso es identificar qué procesos y funciones cambiarán con la automatización, determinar qué habilidades serán necesarias y evaluar cuáles pueden desarrollarse internamente. Capacitar y reconvertir a los equipos permite responder con mayor agilidad, mejorar la productividad y reducir los costos asociados a la rotación y a las vacantes difíciles de cubrir”, concluyó Daniel Galdos, director comercial de ManpowerGroup Perú.
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