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La Policía de Nicaragua detuvo al sacerdote que invitó a un obispo a celebrar misa en Estelí

La captura de Francisco Morales ocurrió un día después de la retención del obispo emérito Juan Abelardo Mata, quien fue obligado a regresar a su vivienda tras ser interceptado por la Policía.

En menos de 24 horas, el régimen Ortega Murillo ha detenido al obispo emérito monseñor Abelardo Mata (izquierda), al sacerdote Francisco Morales y el diácono Wilfred Arauz (derecha) .

La persecución contra la Iglesia católica en Nicaragua se intensificó este martes con la detención del sacerdote Francisco Morales, párroco de la iglesia La Cruz del Calvario, en Estelí, apenas un día después de que el obispo emérito de esa diócesis, monseñor Juan Abelardo Mata, fuera retenido por la Policía tras presidir una misa en ese mismo templo.

Junto a Morales fue apresado también el diácono Wilfred Aráuz Rodríguez.

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Fuentes allegadas a la Iglesia católica confirmaron que Aráuz Rodríguez fue arrestado alrededor de las 6:30 de la mañana dentro de la casa cural por agentes policiales encabezados por el comisionado mayor Alejandro Ruiz Martínez, jefe de la Policía en Estelí, junto con efectivos de la Dirección de Operaciones Especiales (DOE).

De acuerdo con las fuentes, el sacerdote permanece retenido en Estelí y hasta el cierre de esta edición no había información oficial sobre su situación jurídica ni sobre el lugar donde se encuentra.

La detención ocurrió un día después de que Morales invitara a monseñor Juan Abelardo Mata a presidir la eucaristía dominical en la iglesia La Cruz del Calvario, donde el obispo emérito pidió orar por la Iglesia perseguida, por los sacerdotes desterrados y mencionó expresamente a monseñor Rolando Álvarez y al padre Frutos Constantino Valle Salmerón.

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“Andaba en persona Alejandro Ruiz Martínez con miembros de la DOE. El padre fue quien invitó a monseñor Mata a oficiar la misa del domingo. No lo han sacado de Estelí; aquí estamos pendientes de su liberación”, relató una fuente al diario La Prensa.

La mañana del lunes 29 de junio, monseñor Juan Abelardo Mata, de 80 años y obispo emérito de Estelí, fue interceptado por agentes policiales cuando salía de una consulta médica en esa ciudad. Permaneció retenido durante varias horas y posteriormente fue trasladado bajo custodia hasta la vivienda donde reside en el municipio de Tisma, Masaya, según confirmaron personas cercanas al religioso.

Las fuentes indicaron que durante la retención los agentes le reclamaron que no debía encontrarse en Estelí y le recordaron que tenía prohibido salir de Tisma, localidad donde vive desde que dejó el gobierno pastoral de la diócesis en 2021.

Mata había viajado a Estelí desde el 25 de junio para participar en las festividades de San Juan junto a amistades y conocidos. Posteriormente aceptó la invitación del padre Francisco Morales para celebrar la misa del domingo en la iglesia La Cruz del Calvario, donde elevó oraciones por la Iglesia católica y por varios religiosos perseguidos por el régimen.

Monseñor Abelardo Mata es una de las voces más fuertes contra la dictadura de Daniel Ortega y muy cercano a monseñor Rolando Álvarez, quien fue preso político y posteriormente desterrado de Nicaragua. (Foto archivo)

Monseñor Mata ha sido durante décadas una de las voces más críticas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. En 2018 integró el grupo de obispos mediadores del diálogo nacional y ese mismo año sufrió un ataque de simpatizantes sandinistas y grupos parapoliciales en la carretera entre Masaya y Nindirí, durante la denominada “Operación Limpieza”.

En una entrevista concedida a La Prensa en 2018 definió a Ortega como “un oportunista” que “mama bien el capital y se aprovecha del lenguaje populista que genera el socialismo de los más pobres para explotar al mismo pobre”.

Desde su retiro como obispo, Mata reside en Tisma y mantiene una actividad pastoral limitada. Personas cercanas señalan que, debido a su edad y a que porta un marcapasos, debe desplazarse periódicamente para recibir atención médica especializada.

La retención del obispo y la posterior detención del sacerdote que lo invitó a celebrar misa se producen en un contexto de creciente presión contra la Iglesia católica.

Desde 2018, el régimen ha encarcelado, desterrado, expulsado o sometido a vigilancia a decenas de sacerdotes y obispos, además de cerrar universidades, medios de comunicación y obras sociales vinculadas a la Iglesia, según documentan organismos de derechos humanos y la investigadora Martha Patricia Molina en su informe Nicaragua: una Iglesia perseguida.

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