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El juicio de Lindsay Clancy revive en México el caso de Claudia Mijangos: similitudes y diferencias

El juicio de Lindsay Clancy en Massachusetts revive en México el caso de Claudia Mijangos: dos madres que mataron a sus tres hijos, con la enfermedad mental como eje de su defensa

Lindsay Clancy y Claudia Mijangos, dos casos de crímenes que ponen en debate el tema de la salud mental. (Reuters/Redes sociales)

El juicio de Lindsay Clancy en Massachusetts, donde una exenfermera enfrenta cadena perpetua por la muerte de sus tres hijos mientras su defensa alega psicosis posparto, volvió a colocar bajo la lupa en México el caso de Claudia Mijangos, la exreina de belleza y catequista queretana que en 1989 asesinó a sus tres hijos tras asegurar que escuchaba voces.

Ambos casos comparten un elemento estremecedor: tres niños muertos a manos de su madre y la enfermedad mental como eje de la defensa. Sin embargo, también exhiben profundas diferencias en el diagnóstico, el tratamiento judicial y la forma en que México y Estados Unidos han abordado estos crímenes.

Así fueron los asesinatos de los hijos de Lindsay Clancy y Claudia Mijangos

Casa donde ocurrieron los asesinatos de Querétaro. Foto: Google Maps.

La madrugada del 23 de abril de 1989, Claudia Mijangos Arzac discutió con su esposo, Alfredo Castaños, en su casa de la colonia Jardines de la Hacienda, en Querétaro. Tras la discusión, él abandonó el domicilio y ella acostó a sus tres hijos. Horas después, alrededor de las cuatro de la mañana y según declaró ante la fiscalía, comenzó a escuchar voces.

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Mijangos tomó cuchillos de la cocina y atacó a Alfredo, de 6 años; Claudia María, de 11; y Ana Belén, de 9, en distintas habitaciones de la vivienda. Los gritos alertaron a los vecinos, pero cuando lograron intervenir los tres menores habían muerto a consecuencia de las heridas.

Casi 34 años después, el 24 de enero de 2023, Lindsay Clancy envió a su esposo, Patrick Clancy, a recoger comida para llevar y un medicamento en una farmacia. Mientras él estaba fuera, atacó y mató a sus tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses.

Lindsay Clancy se declaró no culpable del asesinato de sus tres hijos, mientras su defensa alega que no tenía responsabilidad penal por su estado mental (Captura AP)

Después, Clancy se arrojó desde la ventana del segundo piso en un aparente intento de suicidio, lo que le provocó una lesión que la dejó paralizada de la cintura para abajo. Al regresar al domicilio, Patrick encontró a su esposa en el exterior de la vivienda y, al entrar, halló a los tres menores sin vida.

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El diagnóstico que las diferencia

Claudia Mijangos fue evaluada por el psiquiatra Armando Fonseca, quien determinó que padecía epilepsia del lóbulo temporal —una condición que produce ausencias, pérdida de conciencia del entorno y alteraciones emocionales— combinada con esquizofrenia.

“Se pudo determinar que no estaba en sus cabales y se declaró inimputable”, dijo Fonseca al canal Discovery Channel en un documental sobre el caso. Con ese diagnóstico, la justicia de Querétaro no le impuso una condena de prisión convencional, sino una medida de seguridad: 30 años en el área psiquiátrica del penal de Tepepan, en la Ciudad de México. Ingresó en septiembre de 1991 y salió en abril de 2019.

(Foto: especial)

En su primera declaración ante la fiscalía, Mijangos no solo habló de las voces: también culpó al padre Ramón, un sacerdote del colegio Fray Luis de León de quien se había enamorado, de manipular su mente, provocar su divorcio y ordenarle que matara a sus hijos. La Iglesia envió al padre Ramón a España tras el crimen. Nunca habló públicamente sobre el caso, y hasta la fecha se desconoce su paradero.

El caso de Lindsay Clancy gira en torno a un diagnóstico diferente y más específico: psicosis posparto. La defensa, encabezada por el abogado Kevin Reddington, argumenta que Clancy desarrolló la condición tras el nacimiento de su tercer hijo y que, al momento del crimen, había perdido el contacto con la realidad. El psicólogo clínico y forense Paul Zeizel declaró ante el tribunal que Clancy “era incapaz de ajustar su comportamiento a las normas legales y no comprendía la ilicitud de su acto”.

La psicosis posparto afecta a entre 1 y 2 de cada 1,000 mujeres después del parto. Sus síntomas incluyen alucinaciones, delirios, paranoia y cambios abruptos de humor. El psiquiatra forense Phillip Resnick —quien también testificó en el caso de Andrea Yates, otra madre estadounidense que mató a sus hijos alegando psicosis posparto— declaró ante el jurado que Clancy “estaba claramente psicótica ese día” y que las alucinaciones auditivas que experimentó la convencieron de que sus acciones eran moralmente correctas.

Lindsay Clancy. Josh Reynolds/Pool via REUTERS

“En su mente”, dijo Resnick al tribunal, “creía que les haría un favor a sus hijos llevándolos al cielo con ella, en lugar de dejarlos en la Tierra sin que ella pudiera criarlos”.

La fiscalía, por su parte, sostiene que Clancy actuó de forma calculada: manejó a Cora a una cita médica esa mañana, construyó un muñeco de nieve con los niños por la tarde e investigó medicamentos infantiles en internet antes de los hechos. La fiscal Shanan Buckingham señaló ante el jurado una frase que Clancy le dijo a sus hijos mientras los estrangulaba: “Ve con Dios”. Para la acusación, esas tres palabras prueban que Clancy sabía que sus hijos eran inocentes y que lo que hacía estaba mal.

Lo que los sistemas legales hicieron con cada caso

La diferencia más profunda entre ambos casos no está en los crímenes, sino en cómo los absorbió cada sistema de justicia.

En México, en 1989, el concepto de inimputabilidad por enfermedad mental existía pero se aplicaba con escasos recursos psiquiátricos y sin protocolos especializados en salud mental. Mijangos fue declarada inimputable y enviada al sector psiquiátrico de un penal.

(Foto: especial)

Cumplió 30 años —la pena máxima aplicable en ese momento para ese tipo de delito en México— y salió sin que el caso dejara huella en el debate legislativo ni en la política de salud mental del país.

El Tribunal Superior de Justicia de Querétaro cerró el expediente. La casa donde ocurrió el crimen sigue abandonada y a nombre de Mijangos, quien la adquirió en 1985 por 3,500,000 pesos, según consta en la escritura número 4336.

En Estados Unidos, el juicio de Clancy lleva más de un mes en el Tribunal Superior de Plymouth, Massachusetts, con más de 70 testigos, transmisión en vivo y cobertura nacional.

El juez William Sullivan discutió con los abogados la posibilidad de incluir homicidio involuntario como opción de veredicto, una alternativa que la fiscalía rechaza. Si el jurado la declara culpable de asesinato en primer grado, enfrentará cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si la absuelve por falta de responsabilidad penal, será internada en una institución psiquiátrica estatal con revisiones periódicas. Los alegatos de cierre se esperaban para esta semana.

Señales ignoradas antes del crimen

Otro punto de contacto entre los dos casos es el de las advertencias previas que nadie supo o pudo detener.

Una pantalla muestra al abogado defensor Kevin Reddington mientras interroga al testigo Phillip Resnick —quien participa por conexión remota desde Cleveland, Ohio— durante el juicio por asesinato de Lindsay Clancy en Plymouth, Estados Unidos, el 21 de agosto de 2026. Mark Jarret Chavous/Pool vía REUTERS

Quienes conocían a Mijangos en Querétaro notaron su deterioro antes del crimen. El sacerdote Rigoberto Castellano, entonces director del colegio Fray Luis de León donde estudiaban sus hijos, recordó en el documental de Discovery Channel que ella “decía que veía cosas, decía cosas incoherentes”.

La pareja había intentado terapia matrimonial sin éxito y se había separado poco antes de los hechos. El antecedente no era solo conyugal: según investigaciones publicadas por Milenio, tres de los hermanos de Mijangos sufrían padecimientos psicomotrices y dos hermanas habían atravesado matrimonios fallidos.

En el caso Clancy, el deterioro fue documentado con mayor detalle y durante más tiempo. Su entonces esposo Patrick Clancy testificó que Lindsay había comenzado a manifestar pensamientos suicidas e intrusivos sobre hacerles daño a sus hijos el mes anterior al crimen, poco después de empezar a tomar Seroquel, un medicamento para tratar depresión, trastorno bipolar y esquizofrenia.

La hermana de Lindsay, Allison Ozga, testificó que a finales de diciembre de 2022 su hermana le confesó haber tenido pensamientos suicidas todos los días durante un mes. La madre de Lindsay, Paula Musgrove, testificó esta semana que su hija le había dicho: “Esta no soy yo, nunca había sido así antes”.

La fiscalía muestra los datos de frecuencia cardíaca del Apple Watch que llevaba Lindsay Clancy durante su juicio en el Tribunal Superior de Plymouth, en Plymouth, Massachusetts (EE. UU.), el 17 de agosto de 2026. Clancy está acusada de asesinar a sus tres hijos pequeños —Cora, Dawson y Callan— en su domicilio de Duxbury en 2013. Greg Derr/Pool vía REUTERS

La defensa documentó que Clancy buscó ayuda de forma activa: acudió a múltiples proveedores de atención ambulatoria, llamó a una línea de prevención de suicidios, fue a urgencias y solicitó ingresar a un programa hospitalario de jornada completa para mujeres con problemas de salud mental posparto, sin ser aceptada. Se internó por su cuenta en un hospital psiquiátrico durante varios días. Aun así, el sistema no logró contenerla.

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