
El ajo (Allium sativum) puede cultivarse en maceta sin experiencia previa con tres condiciones básicas: una maceta con buen drenaje, sustrato suelto y al menos seis horas de sol directo al día.
El ciclo completo va de seis a ocho meses y produce una cabeza de ajo por cada diente plantado, según la guía oficial de cultivo de la Real Sociedad de Horticultura (RHS) de Gran Bretaña.

El error más frecuente entre quienes lo intentan por primera vez es regar de más. El ajo no tolera el agua estancada: la humedad excesiva pudre el bulbo en días, advierte la RHS. El sustrato debe mantenerse húmedo pero nunca encharcado.
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Maceta ideal: profunda y de terracota
Las raíces del ajo crecen hacia abajo entre 15 y 20 centímetros. Un recipiente más angosto produce bulbos pequeños y mal formados.
La RHS indica que la maceta debe tener al menos 25 centímetros de profundidad; el ancho y largo determinan cuántos dientes caben, con la misma separación que en tierra: 15 centímetros entre cada uno.

Las macetas de terracota son la mejor opción porque permiten que la humedad se evapore por las paredes, lo que reduce el riesgo de pudrición.
Las de plástico funcionan en climas secos. Lo indispensable en cualquier caso es que tengan orificios en la base.
Sustrato combinado, que permanezca húmedo sin encharcarse
No se usa tierra de jardín directamente en maceta: se compacta, impide el desarrollo del bulbo y favorece hongos. El sustrato debe tener buena aireación y drenaje, con pH entre 6.0 y 7.0.
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La extensión universitaria de la Universidad de Maryland recomienda mezclar sustrato universal, composta madura y arena gruesa en partes iguales, y advierte que el suelo arcilloso o compacto impide el desarrollo del bulbo.
Cómo elegir el diente de ajo que sí germine
El ajo que se vende en tiendas y supermercados viene tratado con inhibidores de brotación para que no germine en anaquel.
La RHS señala que plantarlo además representa un riesgo de bioseguridad, pues puede introducir enfermedades al huerto. Lo correcto es comprar dientes certificados para siembra en viveros o tiendas de jardinería.

Se separan los dientes de la cabeza justo antes de plantar, no días antes, para evitar que pierdan humedad y poder germinativo. Cada diente se siembra con su propia piel delgada.
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Los dientes desgranados con mucha anticipación se ‘vacían’ y pierden su capacidad de germinar, según el paquete tecnológico para el cultivo de ajo del INIFAP (Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias) en Sonora.
Se eligen los más grandes y firmes del exterior de la cabeza; los pequeños del interior van a la cocina.

Cada diente se coloca con la punta hacia arriba y la base plana hacia abajo, a una profundidad de 5 a 7 centímetros.
Si se planta al revés, la planta gasta energía en enderezarse y el bulbo resulta deforme, apunta la ficha técnica del Departamento de Agricultura y Ganadería de la Universidad de Sonora.
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Otoño: mejor época de cultivo del ajo
El ajo necesita entre uno y dos meses de temperaturas bajas, de entre 0 y 10 °C para que el bulbo se divida en dientes individuales.
Sin esa exposición, la planta produce solo hojas, confirma la RHS. Por eso la siembra ideal es en otoño, entre octubre y noviembre, cuando las temperaturas empiezan a bajar.

Algunas variedades toleran la siembra en invierno tardío o principios de primavera, según la misma fuente, aunque los bulbos resultantes suelen ser más pequeños.
Riego de dos a cuatro días y reducido cuando el bulbo madura
Durante el crecimiento, el riego se hace cada dos a cuatro días o cuando los primeros dos centímetros del sustrato estén secos al tacto.
La RHS advierte que hay que evitar mojar el follaje al regar, pues la humedad en las hojas favorece enfermedades por hongos.

Cuando las hojas inferiores empiecen a amarillar, el riego se reduce drásticamente: es la señal de que el bulbo está madurando.
Si aparece un tallo floral enrollado —llamado escapo— se corta en cuanto completa una vuelta. Dejarlo crecer desvía la energía de la planta hacia la flor y reduce el tamaño final del bulbo, señala la guía de la Universidad de Maryland.
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Cosecha: cómo cuidar los ajos en casa
Después de cosechar, los bulbos se colocan en un lugar sombreado, seco y ventilado durante dos a cuatro semanas, con raíces y tallo intactos.

La RHS indica que el secado inicial puede hacerse al sol, pero sin calor excesivo —por encima de 30 °C el ajo se daña. Una vez que el cuello está seco y la piel exterior cruje, se recortan raíces y tallo.
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