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“Era una niña que empezaba a vivir”: familiares dan el último adiós a Emely Dayana Muñoz en Honduras

Familiares y vecinos dieron el último adiós a Emely Dayana Muñoz, de nueve años, en Sabá, Colón. Su padre recordó a la pequeña y pidió justicia.

Familiares despidieron a Emely Dayana entre lágrimas, abrazos y oraciones.(FOTO: Diario Tiempo)

Entre lágrimas, oraciones y muestras de solidaridad, familiares, amigos y vecinos despidieron este martes a Emely Dayana Muñoz Maldonado, la niña de nueve años cuyo caso conmocionó a Sabá, Colón, mientras su padre recordó los últimos momentos junto a su hija y pidió justicia.

El dolor acompañó cada momento de la despedida de Emely Dayana Muñoz Maldonado. Familiares y habitantes de Sabá, en el departamento hondureño de Colón, se congregaron para acompañar a la familia durante el velatorio y posterior sepelio de la menor.

Su padre, Elmer Muñoz, fue uno de los familiares que habló públicamente durante las horas previas a la sepultura. Con evidente tristeza, recordó a su hija como una pequeña alegre, cariñosa y cercana a las personas que formaban parte de su entorno.

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Numerosos pobladores de Sabá se solidarizaron con la familia durante las honras fúnebres. (FOTO: Diario Tiempo)

“Era una niña que empezaba a vivir”

“Era una niña muy especial, muy alegre”, expresó Elmer, quien compartió algunos recuerdos cotidianos de su hija, entre ellos su relación con los estudios y el cariño que mostraba hacia quienes la rodeaban.

El padre también recordó el último momento que compartió con Emely antes de su desaparición. Relató que la niña se levantó, lo abrazó, salió de la vivienda, recogió algunos nances y posteriormente tomó su bicicleta para dar una vuelta.

Esos recuerdos acompañaron a la familia durante el último adiós. “Es una bebé, una niña que empezaba a vivir. Me duele la muerte de mi hija. La voy a recordar hasta que Dios me dé vida en esta tierra”, manifestó.

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Elmer Muñoz recordó a su hija como una niña alegre, cariñosa y llena de vida. (FOTO: Diario Tiempo)

Familiares y vecinos acompañaron el sepelio

Durante la mañana del martes, los restos de Emely Dayana fueron trasladados hasta el cementerio, donde familiares, amigos y numerosos pobladores acompañaron el recorrido hasta su última morada.

La despedida estuvo marcada por abrazos, llanto y momentos de silencio. La comunidad, que durante los días anteriores se había movilizado junto a la familia, volvió a reunirse para acompañarla durante uno de los momentos más difíciles.

Su padre reconoció que poder recibir el cuerpo de su hija y brindarle una sepultura digna representó al menos un pequeño consuelo dentro del profundo dolor que atraviesa la familia.

Familia pide que se haga justicia

Además de recordar a su hija, Elmer Muñoz pidió que las investigaciones permitan identificar a los responsables y que estos enfrenten a la justicia.

“Que Dios los perdone; la justicia les va a caer a ellos”, expresó el padre, quien aseguró que actualmente no tiene sospechas sobre quién podría estar detrás del crimen y manifestó su confianza en el trabajo de las autoridades.

También explicó que, según la información que recibió la familia después de la autopsia, Medicina Forense estableció que la menor murió como consecuencia de un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza y descartó signos de abuso sexual o tortura.

La familia pidió justicia mientras daba cristiana sepultura a la niña de nueve años. (FOTO: Diario Tiempo)

Emely Dayana, de nueve años, había sido reportada como desaparecida después de salir de su vivienda para andar en bicicleta. Su cuerpo fue localizado posteriormente en una finca de palma africana de la zona.

Sin embargo, durante este martes la atención estuvo centrada en la despedida de la menor y en los testimonios de una familia que intenta afrontar su ausencia.

“Esto no se lo deseo a nadie”, expresó su padre durante las honras fúnebres. Mientras las investigaciones continúan, familiares y pobladores de Sabá cerraron una dolorosa etapa con la sepultura de Emely, a quien sus seres queridos prometieron recordar por su alegría, cariño y los momentos compartidos durante sus nueve años de vida.