Los anteojos de fray Augusto Ramírez Monasterio y un lazo con manchas de sangre integran las pocas reliquias de segundo grado que sobrevivieron al saqueo, la quema y el extravío de sus pertenencias tras su asesinato, ocurrido el 7 de noviembre de 1983 en Guatemala. La Comisión de Resguardo de las Reliquias de Fray Augusto reconstruyó el destino de los objetos del franciscano antes de su beatificación.
El religioso fue beatificado el 7 de noviembre de 2026, cuando se cumplieron 43 años de su muerte. La ceremonia se realizó en la finca municipal Florencia, en Santa Lucía Milpas Altas, departamento de Sacatepéquez, y fue presidida por el cardenal mexicano José Francisco Robles Ortega, representante del papa León XIV.
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Ramírez Monasterio murió mientras intentaba escapar de quienes lo habían secuestrado durante el conflicto armado interno guatemalteco. En los días posteriores al crimen, gran parte de sus pertenencias, escritos y fotografías fue entregada a terceros o destruida sin autorización de los superiores de la orden franciscana.
El incumplimiento del resguardo en el convento de San Francisco
Las normas eclesiales establecían que la oficina y la habitación de un guardián o superior de una casa religiosa debían sellarse inmediatamente después de su muerte. Esa medida permitía que la autoridad correspondiente revisara sus documentos y bienes personales antes de cualquier distribución.
Fray Leonardo García, custodio de la orden en aquel momento, explicó que ese procedimiento no se aplicó en el convento de San Francisco, donde Ramírez Monasterio era guardián. Integrantes de la fraternidad tomaron decisiones sobre sus objetos sin consultar a los superiores.
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Monseñor Tobar llegó al convento varias semanas después del asesinato y afirmó que ya no había pertenencias para entregar. Según su declaración, todo había desaparecido.
Trabajadores y testigos del santuario relataron durante la causa de beatificación que algunos frailes regalaron y quemaron escritos, fotografías y materiales impresos del sacerdote. La pérdida obligó a emitir un decreto de no escritos dentro del proceso canónico, debido a que no fue posible recuperar la documentación original del franciscano.
Persistieron varias preguntas sin respuesta: quién ordenó destruir las homilías y otros textos, quién autorizó la entrega de su ropa y qué destino tuvieron sus libros personales. Ninguna de esas cuestiones tuvo una conclusión definitiva durante la investigación vinculada a la beatificación.
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Los objetos conservados por familiares y allegados
Parte de las piezas se mantuvo durante años bajo custodia de la familia Sierra Ramírez, que tenía una capilla privada donde el sacerdote celebraba misas de Navidad. Allí se conservaron el cáliz, la patena y los ornamentos litúrgicos utilizados por el fraile durante la eucaristía.
La hermana del religioso, Graciela Ramírez Monasterio de Morales, aportó la bendición apostólica, el hábito franciscano recibido de sor Clemencia Morales, los lazos de su ordenación sacerdotal, fotografías, escritos y un manuscrito. También entregó un porta viático que Ramírez Monasterio había recibido de fray Bonicio.
Las cintas y el purificador usados durante su ordenación fueron preservados por su madre, Trinidad Monasterio de Ramírez. Entre las piezas recuperadas figuran también los anteojos y el lazo manchado de sangre encontrados debajo del asiento de la camioneta amarilla en la que fue secuestrado.
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Ese hallazgo llevó a considerar que el religioso pudo haber sido bajado por la fuerza o golpeado dentro del vehículo, ya que los lentes habrían sido arrancados. La cruz de madera de la primera lápida colocada sobre su sepultura en la cripta norte se conservó hasta la exhumación de su cuerpo.
Un crucifijo entregado por Hugo Ramírez Monasterio había sido originalmente un obsequio de fray Rufino. También se recuperó el saco que el franciscano usaba para dirigir una orquesta, devuelto por fray Damián Muratori cuando se pidió la restitución de objetos personales.
La relación de pertenencias incluye una estola blanca bordada con los logos del grupo musical de Ramírez Monasterio. Esa prenda estuvo enterrada junto a su cuerpo y debió ser cosida nuevamente porque el hilo se había deteriorado.
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La boina que utilizaba el sacerdote fue colocada sobre su cráneo en el momento de la sepultura. Otra estola blanca, confeccionada con tela brillante y ubicada sobre el féretro, fue recuperada durante la exhumación.
La medalla que volvió al convento desde la Nunciatura
La medalla escapulario de oro que el fraile llevaba habitualmente fue recibida por Conchita de Mendoza, quien aseguró que Zoila Ramírez Monasterio de Villamar se la había entregado. Luego, la pieza quedó en manos de fray Edwin Alvarado y desde noviembre de 2024 permanece en la caja fuerte del santuario.
La trayectoria de esa medalla abrió otra incógnita: si el sacerdote la llevaba siempre consigo, no se estableció cómo regresó al convento. Fray Leonardo García sostuvo que el nuncio Oriano Quilici entregó los documentos de identificación, la billetera y la cadena de Ramírez Monasterio tras recibirlos del entonces presidente de Guatemala, el general Humberto Mejía Víctores.
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Al devolver esos bienes, el mandatario habría dicho que “enemigos de su gobierno” eran responsables del asesinato del fraile. La medalla no fue mencionada entre los objetos que Quilici restituyó.
Un chaleco usado para dirigir la orquesta, un breviario de rezo y un pañuelo de tela con el nombre del sacerdote permanecen en manos de particulares. La comisión conoce la identidad y la ubicación de quienes los resguardan, aunque esos datos no fueron difundidos.
El resto de las pertenencias personales del religioso fue regalado, quemado o extraviado tras su muerte. La comisión, integrada por Luis Alfonso Quino González, Astrid Lissette Mazariegos Terete, Julio Roberto Berdúo Samayoa, Blanca Lidia López y Ana Morales Ramírez, dio a conocer el inventario en octubre de 2026, semanas antes de la ceremonia de beatificación en Antigua Guatemala.
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