Grindr, la app de citas LGBTQ+, entrena su inteligencia artificial con las fotos de perfil, la edad y los toques (la señal de interés entre usuarios) de 15 millones de personas. Por defecto. Sin preguntar. Está escrito en la página de ayuda de la propia empresa.
Lo mostró Ronan Farrow, ganador del Pulitzer por sus investigaciones sobre abusos sexuales en Hollywood, en un video en X el 13 de octubre. Nada de esto es una filtración. Grindr separa los datos en dos categorías: los “especiales”, como chats, orientación o ubicación precisa, requieren permiso expreso. Los que llama “limitados” entran solos, salvo que el usuario los apague.
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El botón de apagado existe, y la propia app enumera qué apaga: “edad, toques, nombre en pantalla, fotos de perfil”. Lo que no dice en ningún lado es lo que Farrow advierte al final del video: apagarlo hoy no retira lo que ya se usó para entrenar.
Si la tenés instalada, el camino es este: tocá tu foto abajo a la derecha, después el ícono de configuración arriba, bajá hasta “Seguridad y privacidad” y entrá en “Configuración de privacidad”. Al fondo, después de todas las opciones de visibilidad, está “Controles de tecnología IA” con tres botones. La primera, “Datos limitados para entrenamiento”, es la de tus fotos.
Los datos de sus usuarios son lo único que Grindr tiene y nadie más
Acá no hay villano. George Arison, el CEO, le dijo a Bloomberg en 2023, al firmar la alianza con Ex-Human, su proveedora de modelos, que si no eran los primeros en IA quedaban atrás. Tenía razón en lo suyo: ninguna otra compañía posee 17 años de fotos, toques y conversaciones de sus usuarios. Ese archivo es la ventaja.
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Y la ventaja cotiza. La IA de Grindr, bautizada gAI, alimenta Edge, un plan premium que según Queerty llega a USD 350 por mes. El segundo trimestre cerró con ingresos de USD 138 millones, 33% más que un año antes, y la proyección anual subió a USD 540 millones. La acción despegó con Edge, muestra Farrow en un gráfico.
El permiso por defecto es una decisión de diseño
Lo que Farrow señala es el mecanismo, no la tecnología. Al final del video, cita los estudios que miden lo mismo hace décadas: la mayoría de la gente deja la opción que viene marcada. Un permiso por defecto es un permiso que casi nadie revisa. Por eso el botón está donde está.
La respuesta de la empresa a Queerty fue que la privacidad es fundamental y que los usuarios pueden salir cuando quieran. En junio, la Electronic Frontier Foundation, una ONG de derechos digitales, le pidió por carta pública que pasara el entrenamiento a permiso expreso. Cuatro meses después, el aviso dentro de la app sigue teniendo un solo botón: “Continuar”.
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Queda un dato que no cierra: los “datos limitados” son los que cualquier perfil ya muestra en público, y Grindr asegura que los chats y la orientación quedan fuera salvo permiso expreso. Puede ser cierto. El modelo igual se entrena con la cara de cada usuario que no lo apagó.
Grindr puso el botón de apagado donde nadie mira. El permiso por defecto no es una configuración. Es el producto.
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