
Las playas del sur de California registraron un aumento sin precedentes de picaduras de mantarraya durante el verano 2026. El incremento de incidentes llevó a reforzar las medidas de prevención y a intensificar la vigilancia en distintos balnearios.
Bolsa Chica State Beach y Huntington State Beach acumularon más de 3.100 incidentes en lo que va del año, el doble del total de 2025. En San Diego, los socorristas documentaron más de 900 casos en el primer semestre, la cifra más alta para ese período en cinco años.
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Jake Hemann, un turista de 31 años de Nuevo México, salió a practicar surf en Bolsa Chica y terminó con el pie sumergido en un balde de agua caliente junto a otros cuatro bañistas. Creyó haber pisado un palo. “Dolió bastante”, dijo a AP. “El dolor me irradiaba hasta el tobillo”, remarcó.
Qué está detrás del aumento de incidentes
La causa principal es la temperatura del océano. Bryan R. Etnyre, superintendente del parque estatal en el norte del condado de Orange, señaló a AP que el agua “se mantuvo consistentemente en los 60 grados Fahrenheit” —entre 15 ℃ y 16 ℃— durante todo el invierno, sin bajar de ese umbral ni una semana.
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A eso se suma una ola de calor marina frente a la costa del Pacífico que, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), marca la tercera vez en los registros históricos que una sección tan extensa de aguas costeras permanece cálida durante tanto tiempo. En junio, las autoridades confirmaron la formación de un fenómeno de El Niño que se prevé alcance una intensidad sin precedentes.
Chris Lowe, director del Shark Lab de la Universidad Estatal de California en Long Beach, identificó otro factor a AP: la reducción de los depredadores naturales de las mantarrayas, como tiburones, leones marinos y mero gigante.
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Al disminuir esas poblaciones, el número de rayas creció. “Son una especie subtropical que prospera al límite de su rango por el cambio climático”, afirmó.
Por qué las mantarrayas se acercan a la orilla
Las mantarrayas redondas habitan el Pacífico desde Panamá hasta el sur de California. Se acercan a la costa cuando el oleaje baja y el agua sube de temperatura.

Las hembras buscan aguas cálidas para reproducirse. Los machos, en cambio, tienen un metabolismo más activo en verano y se desplazan hacia la orilla en busca de los invertebrados que viven en el fondo arenoso, explicó Lowe a AP.
En zonas donde llega agua cálida de una planta eléctrica cercana, como en Seal Beach —conocida como “ray bay”—, la concentración de rayas es tan alta que “tapicen el fondo: no se ve arena”, describió el investigador. Con El Niño en desarrollo, Lowe anticipó “números récord” para lo que resta del año.
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Testimonios y atención en la playa
Cuando alguien pisa una mantarraya, el animal levanta la cola de forma instintiva y clava su púa dentada y venenosa. En el sur de California, los socorristas atienden hasta 10.000 heridas por mantarraya al año, según datos citados por AP.

Allen Lowry, de 69 años, pisó algo blando mientras jugaba con su nieto de 7 años. Al levantar el pie vio sangre. Su esposa lo llevó a la estación de socorristas, donde el tratamiento es siempre el mismo: remojar la herida en agua tan caliente como el paciente pueda tolerar. Lowry nada tres veces por semana en otra playa y dijo que la picadura no cambiará ese hábito. “Cuando el dolor pasa, al día siguiente uno está bien”, señaló.
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Prevención y cuándo buscar atención médica
La medida más eficaz para evitar una picadura es el “arrastre de pies”: deslizar las plantas por el fondo en lugar de dar pasos normales al entrar al agua. El movimiento alerta a las rayas y les da tiempo de alejarse.
La mayoría de los casos no requiere atención adicional. La doctora Christanne Coffey, investigadora de la Universidad de California en San Diego, advirtió a AP que si el enrojecimiento y la inflamación persisten más de cuatro o cinco días, puede haber una infección o una púa retenida, visible en una radiografía.
Respuestas institucionales e investigación
Varias playas usan una aplicación móvil que notifica a los bañistas cuando se registran múltiples picaduras en un punto. Una empresa también desarrolló escarpines de surf que, según sus fabricantes, resisten las púas.
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Lowe trabaja con canales de televisión para crear un sistema de alertas que reduzca tanto las picaduras como las muertes accidentales de rayas pisoteadas. La preocupación tiene una razón concreta: las mantarrayas se alimentan de pequeñas almejas y airean el sedimento del fondo marino, lo que mantiene la salud del ecosistema costero.
En Seal Beach, un equipo de investigadores usó una red de 23 metros para capturar alrededor de 200 rayas en un solo tramo de playa, les recortó las púas y las devolvió al agua.
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