Un gato busca la mano de su dueño para que le acaricie o se sienta mirando la ventana para tener algo de tiempo a solas. Los felinos tienen una manera muy variada de entretenerse y comunicarse. Este gato puede acercarse a una persona y buscar su mano para que le acaricie con la cabeza y ronronear completamente relajado. Pero diez segundos después sacudir la cabeza y morder como primera advertencia de que ya ha terminado ese deseo.
Justo esa es la secuencia captada por Luis Miguel Expósito, el terapeuta felino detrás de la cuenta de TikTok CatHalla. La escena ilustra a la perfección lo que los veterinarios denominan sobreestimulación. Es decir, una respuesta del sistema nervioso del gato ante el exceso de contacto físico que, mal interpretada por los dueños, suele derivar en mordiscos aparentemente inexplicables.
El lenguaje del gato que sí quiere caricias
Cuando un gato desea ser acariciado, su cuerpo lo comunica con claridad. La cola permanece relajada, los músculos están sueltos y el animal dirige activamente su cabeza hacia la mano de la persona. Si esta se detiene, el gato la sigue o se acerca para pedir que continúe. El ronroneo, en ese contexto, funciona como retroalimentación positiva: el animal refuerza el comportamiento que le resulta placentero.
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Según la veterinaria Anna Garth, citada por PetMD, este tipo de ronroneo suele acompañarse de orejas orientadas hacia adelante, ojos entrecerrados y músculos relajados. Las zonas del cuerpo que la mayoría de los gatos tolera mejor son las mejillas, el mentón y el área alrededor de las orejas. El lomo, el vientre y la cola, en cambio, son zonas de mayor sensibilidad.
Las primeras señales de alerta con las que el gato se comunica
El problema, señalan los especialistas, es que las advertencias previas al mordisco son sutiles y fáciles de ignorar. La Cat Care Society (Sociedad de Cuidado Felino) identifica entre las primeras señales el temblor leve de la piel, el movimiento brusco de la cola, las orejas giradas hacia atrás y el giro repentino de la cabeza hacia la mano que acaricia.
En el video analizado, el creador de contenido señala con precisión ese instante en el que el gato sacude la cabeza, una señal que apenas dura un momento antes de que el animal decida morder. “Aquí es cuando sacude la cabeza y un momento después ya dice: no”. El mordisco, en ese caso, no es agresividad pues para los gatos es parte de su comunicación.
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La sobreestimulación y el mordisco de advertencia
Los veterinarios insisten en que este comportamiento no indica que el gato sea peligroso o que rechace a su dueño. La sobreestimulación es una respuesta fisiológica ante el exceso de estímulo externo. Castigar al animal después de un mordisco, ya sea con gritos, agua o cualquier otro método, solo incrementa el miedo y daña el vínculo entre el gato y la persona.
La recomendación es acortar la duración de las sesiones de caricias antes de que el animal llegue a su límite. Si un gato suele morder al minuto de contacto, lo adecuado es detenerse a los 30 o 45 segundos, cuando todavía está relajado. Observar el lenguaje corporal y respetar las zonas de mayor tolerancia reduce de forma sustancial la frecuencia de estos episodios.