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Sandra Ziegler y “Educar en red”, o cómo abrir puertas para imaginar futuros

En “Educar en red” (Siglo XXI), Sandra Ziegler analiza el valor pedagógico de las redes educativas como espacios de colaboración, aprendizaje y transformación institucional. Compartimos el prólogo escrito por Pepe Menéndez

Sandra Ziegler, autora de “Educar en red” (Siglo XXI)

El libro Educar en red (Ed. Siglo XXI) es el resultado del esfuerzo e inteligencia de su autora, Sandra Ziegler, y también de la acción perspicaz, como solo ella sabía hacer, de la añorada Melina Furman, a quien hubiera entusiasmado escribir este prólogo. Muchos hemos acabado escribiendo gracias a aquella perseverancia de Melina, que tanto la caracterizaba como profesora y colega.

El texto que tienen entre sus manos es una rigurosa aportación al valor, sentido y propósito de la existencia de las redes en el ámbito educativo. La mano de Sandra es la de alguien capaz de crear a partir de todo lo que bulle en su cabeza, de su rigor académico y analítico, y también de su experiencia práctica en el apoyo a las redes educativas con las que ha colaborado.

Es una investigadora que se caracteriza por la inquietud por lo que ve, la curiosidad por aprender y la capacidad de abrir puertas para imaginar futuros. Sydney J. Harris, un periodista y columnista estadounidense conocido por su estilo reflexivo y filosófico, escribió en uno de sus artículos que “el propósito de la educación es convertir espejos en ventanas”. Me atrevería a decir que Sandra Ziegler ha escrito este libro con el deseo de que las redes abran ventanas en los equipos docentes para conseguir una sólida transformación educativa.

Ante este desafío, y la inquietante incertidumbre que provoca, ella nos ofrece una buena muestra del potencial del trabajo en red, huyendo de dicotomías paralizantes y abrazando las enormes posibilidades que tenemos de “hacer que las cosas pasen”, en expresión de Ronald Heifetz.

Ante el desconcierto, propone reflexiones y experiencias. Desde que se ha hecho evidente la ineficacia de intentar reformas de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba, de manera excluyente, la acción y el sentido de las redes han cobrado una gran fuerza como promotoras de la contribución que pueden hacer los actores de los diferentes estamentos de los sistemas educativos.

“Educar en red. Guía para pasar de las buenas ideas a los cambios profundos en la escuela", de Sandra Ziegler (Siglo XXI)

Las escuelas y los docentes son sujetos claves y, como señala Ziegler, ha quedado más que demostrado que un cambio no puede ser transferido literalmente a las instituciones educativas. Como sostenía Émile Durkheim: “Nada es más fácil que elaborar en teoría un sistema de educación; nada más difícil que aplicarlo”.

Por ello, este libro resulta un aporte fundamental al impulso de la transformación educativa. Como minuciosamente describe Ziegler, las redes ofrecen un espacio que garantiza la continuidad de la colaboración entre los actores, más allá de la vigencia de las leyes y de las normas de funcionamiento que establece la administración, que resultan ser fugaces en demasiadas ocasiones.

El trabajo en red no ha de ser visto como un espacio de activismo para cambiar el sistema de manera directa, sino como un ámbito de aprendizaje para compartir experiencias con que los participantes aumenten su grado de conocimiento, competencia y seguridad, y puedan hacer los cambios necesarios en las instituciones educativas donde se desempeñan.

La característica de mayor horizontalidad del trabajo –a diferencia de las tradicionales estructuras piramidales de los sistemas educativos– y de informalidad –a diferencia de la rigidez de la toma de decisiones lineal, obligada por un calendario escolar común en todo el sistema– supone un espacio idóneo para el aprendizaje.

Pepe Menéndez

El estudio publicado por la OCDE en 2005, Los docentes son importantes. Atraer, formar y conservar a los docentes eficientes, muestra evidencias de que la colaboración y la pertenencia de los docentes a redes profesionales influyen en los resultados educativos y en el propio bienestar.

Por otra parte, Ziegler aborda también el desafío de la evaluación del funcionamiento de las redes y la búsqueda de evidencias, a partir de la idea de “pluriperspectividad”. En una evaluación, la pregunta determina lo que se quiere saber y acaba condicionando la consideración final respecto del nivel de satisfacción o de éxito que se busca.

La autora propone orientaciones muy precisas para la creación y desarrollo de una red. Desde la comprensión de lo que es una red hasta cómo imaginarla, impulsarla, promover su sentido entre los actores, dedicar tiempo y espacio a la creación de confianza.

Desde el tipo de estructura que necesita y la dinámica que permite alimentarla y hacer crecer a sus componentes, a cómo orientar la evaluación y la difusión de sus resultados. Identificar los obstáculos y mantener claros los objetivos, por encima del instrumento, es vital para que las redes cumplan sus objetivos.

El largo listado de experiencias de redes en funcionamiento que este libro recoge nos ofrece un panorama amplio y diverso que puede ayudarnos a encontrar la referencia que necesitamos, tanto para crear una red como para reflexionar sobre aquellas en las que estemos participando.

El capítulo “Con las manos en la masa” es una muestra de la voluntad de vincular la teoría y la práctica que, habitualmente, no encontramos conectadas en la literatura sobre las transformaciones educativas.

Mi experiencia ha consolidado mi convicción acerca del valor estratégico que tiene una buena competencia en dinamización de grupos y una eficiente estructura de trabajo para la conducción de las reuniones, a fin de que una red funcione bien y resulte de valor añadido para sus participantes.

Las redes facilitan la colaboración y la cocreación, ensanchan la mirada de las escuelas, que tienen una enorme tendencia al aislamiento, y favorecen el entrecruzamiento de perspectivas diversas que, a menudo, no encontramos en la tradicional estructura departamental de las escuelas.

El trabajo en red facilita que la inteligencia profesional de los docentes emerja en un espacio común en el que pueden crecer exponencialmente.

En el último capítulo, la autora propone una aproximación a la contribución de la IA al trabajo en red. Estamos en una situación aún incipiente, pero que ya vislumbra la necesidad de estar atentos a su impacto.

Es necesario que seamos nosotros quienes podamos influir y liderar su aportación, y no que venga impuesta por otros intereses, legítimos pero muy diferentes del sector educativo, algo sobre lo que ya advertía Axel Rivas en su libro ¿Quién controla el futuro de la educación?

Para abordar este desafío, necesitamos también propuestas, reflexiones y análisis lúcidos como los que ofrece este libro.

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