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Consejo de Paz de Donald Trump: ¿cuáles son los principales desafíos geopolíticos que enfrenta?

DEF conversó con el especialista en relaciones internacionales Alejandro Frenkel tras el respaldo de Estados Unidos a la incorporación de la Argentina, junto a otros 25 países, al nuevo organismo internacional, en un escenario atravesado por tensiones con Europa

Donald Trump invitó a todos los países a participar al Consejo de Paz (Fotos: Archivo DEF)

Tras una fugaz presentación en el Foro Económico de Davos, Donald Trump invitó a todos los países del mundo a crear el Consejo de la Paz, un nuevo actor internacional, pero con la estruendosa cifra de 1000 millones de dólares para obtener un asiento permanente. Con Estados Unidos a la cabeza, Argentina y países periféricos se sumaron a lo que comienza a considerarse como una alternativa a la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Para entender más sobre este suceso, DEF consultó con Alejandro Frenkel, profesor adjunto de la Escuela de Política y Gobierno de la UNSAM e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

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Malvinas: entre el Consejo de la Paz de Donald Trump y la ONU

-¿Cómo analizás el nacimiento del Consejo de la Paz? ¿Puede ser una alternativa a la ONU?

-Me parece que el Consejo de la Paz está destinado al fracaso. Ni siquiera es un organismo, es una instancia creada por Trump, para él mismo, y que va a durar lo que Trump esté en el gobierno. No le veo mucho futuro, sobre todo por las pocas adhesiones que ha tenido.

En todo caso, va a ser una instancia desde la cual Estados Unidos presionará e impondrá su mirada sobre determinados conflictos, con la fachada de que tiene el apoyo explícito de otros países, como una cuestión que no es mera decisión de Estados Unidos, sino de varios países.

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Respecto a las implicancias para Argentina, por un lado, es coherente con la política exterior del gobierno, de alineamiento total con Estados Unidos. Me parece que no cambiará demasiado respecto de lo que viene haciendo.

La OTAN está en un proceso de cuestionamiento, en medio de una redefinición de su identidad desde el fin de la Guerra Fría

Lo que sí me parece, como para marcar cierta contradicción, en tanto Argentina está apoyando la candidatura de Rafael Grossi como secretario general de Naciones Unidas, y al mismo tiempo está respaldando esta instancia que, si bien Trump no la anunció como una alternativa a la ONU, sí lo hace en el marco de fuertes críticas al organismo internacional.

El gobierno estadounidense cree que es un organismo que no sirve para mediar ni para afrontar determinados conflictos; entonces, visto de esta manera, sí es contradictorio de parte de Argentina y puede debilitar la candidatura de Grossi.

Además, toda acción de política exterior que contribuya a erosionar aún más la legitimidad de las Naciones Unidas resulta perjudicial para la Argentina en múltiples planos. Esto afecta desde el rol histórico que el país ha desempeñado en el organismo en materia de derechos humanos y seguridad internacional hasta, de manera muy particular, la cuestión Malvinas, ya que una parte sustantiva de los argumentos diplomáticos y políticos de la Argentina en el ámbito internacional se apoyan en resoluciones y pronunciamientos del Comité Especial de Descolonización y de la Asamblea General.

En ese sentido, contribuir a que las Naciones Unidas continúen siendo desacreditadas también genera un impacto negativo directo para la Argentina.

Estados Unidos y Europa, enfrentados por Groenlandia

-En un principio, ¿cómo interpretás la ambición de Donald Trump sobre Groenlandia y la declarada amenaza de Rusia y China en el Ártico?

-Lo ha hecho explícito, tanto en documentos oficiales como en declaraciones. Trump quiere asegurar el control sobre lo que ellos consideran su entorno estratégico de seguridad, que es el hemisferio occidental, y específicamente en ese control hay dos cuestiones importantes, donde entra en juego Groenlandia.

Por un lado, son los recursos naturales, minerales, tierras raras y demás insumos estratégicos que están en Groenlandia y, por otro lado, hay una cuestión geopolítica de controlar determinados accesos y rutas marítimas y terrestres que hacen a la seguridad de Estados Unidos y también a la competencia con China.

En esa lógica entra el canal de Panamá, Tierra del Fuego, la Argentina, el Ártico y Groenlandia, con la proyección de que el calentamiento global va a acelerar el derretimiento del Ártico, y eso va a implicar que se desarrollen nuevas rutas comerciales marítimas en esa zona. Entonces, será una región que va a adquirir todavía mayor relevancia geopolítica.

Javier Milei y Donald Trump posan juntos en un contexto marcado por el Consejo de la Paz

-El conflicto generó discrepancias e incluso amenazas de aranceles con varios gobiernos de Europa, incluidos Dinamarca, Reino Unido, Alemania y Francia. ¿Cómo creés que puede afectar las relaciones internacionales?

-Tanto los aranceles como el roce con Groenlandia afectan directamente la relación transatlántica. La visión de Donald Trump es que Europa se aprovecha de Estados Unidos porque subsidia la seguridad y se beneficia también en términos económicos.

Esto afecta a Europa, que viene planteando el concepto de autonomía estratégica bajo la premisa de que Estados Unidos ya no es un aliado confiable. Hubo declaraciones tanto del presidente francés Emmanuel Macron, durante el Foro de Davos, como de Úrsula von der Leyen, presidenta del Consejo Europeo, quien ya había advertido meses atrás que Occidente, tal como lo conocíamos, había “dejado de existir” a partir del momento en que Trump comenzó a imponer aranceles.

Sin duda que todo esto afecta la relación, y por eso los países europeos le dan importancia al acuerdo Unión Europea-Mercosur y al acercamiento con China. Lo que ocurre es que existe una brecha en ese planteo, porque, si bien Europa está incrementando el gasto en seguridad y desarrollando capacidades militares propias, hoy no puede prescindir de lo que provee Estados Unidos, y la interdependencia entre ambas partes sigue siendo muy alta.

Los escenarios posibles para la OTAN y Ucrania en un nuevo contexto geopolítico

-Más allá de la discusión por la soberanía de Groenlandia, la disputa transatlántica afecta a otro actor importante como es la OTAN. ¿Hay un futuro para la alianza en el marco de las frecuentes tensiones entre Estados Unidos y Europa?

-La OTAN está en un proceso de cuestionamiento, en medio de una redefinición de su identidad desde el fin de la Guerra Fría. Los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y al Pentágono sirvieron para reforzar una nueva identidad y reordenar la OTAN en la lucha contra el terror.

Tanto los aranceles como el roce con Groenlandia afectan directamente la relación transatlántica Entre Estados Unidos y Europa

Luego, se produjo la invasión rusa a Ucrania, pero ahora Trump tiene una posición más blanda respecto de Rusia y muy crítica sobre todo de la Alianza Atlántica. El presidente estadounidense se reunió con el titular de la OTAN, Mark Rutte, y se logró que Estados Unidos bajara los decibeles respecto de Groenlandia. A pesar de que consideran que deben tomar posesión, descartaron el uso de la fuerza y aparece el bloque militar como un actor de consideración o un peso para condicionar las decisiones de Estados Unidos.

-Finalmente, ¿este escenario que plantea el Ártico puede repercutir en otros conflictos en plena etapa de negociación de paz como Ucrania?

-Se está configurando una lógica que muchos analistas definen como transaccional, especialmente en la forma en que Estados Unidos encara las negociaciones internacionales. Se trata de un enfoque centrado en intereses concretos y específicos, con escasa mediación de principios, ideas o valores.

En ese marco, es posible pensar que el Ártico y Groenlandia ingresen en una lógica transaccional, en la que la cesión de territorio se vincule al acceso a determinados recursos. Sin embargo, no parece un esquema tan lineal. Resulta difícil imaginar que Europa esté en condiciones de aceptar la entrega de Groenlandia a cambio de un compromiso estadounidense firme con la defensa de la integridad territorial de Ucrania.

"Trump tiene una posición más blanda respecto de Rusia y muy crítica sobre todo de la Alianza Atlántica", indicó Alejandro Frenkel (Fotos: Archivo DEF)

En cambio, un eventual acuerdo que habilite una mayor presencia rusa en el Ártico a cambio de concesiones en Ucrania podría ser relativamente más factible, considerando que Rusia lleva ya varios años de guerra sin haber logrado imponerse de manera decisiva en el conflicto.

No obstante, también cabe señalar que, en ocasiones, se sobrestima la capacidad real de Moscú. En distintos escenarios, Rusia terminó aceptando determinados desenlaces –como la caída del régimen de Maduro en Venezuela o la de Bashar al-Assad en Siria–, en parte porque no cuenta con los recursos o la capacidad necesaria para contrarrestar ciertas dinámicas internas o la intervención de potencias como Estados Unidos.

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