David Bowie concibió la idea antes que nadie: un concierto sin artista, una presencia escénica sostenida por la imagen y el sonido en lugar de la carne y el hueso. Fue en 1978, cuando mandó filmar en 35 milímetros dos de sus shows en el Earls Court Arena de Londres con la intención de proyectarlos en salas y arenas como alternativa a las giras. Cualquier parecido con la realidad de los shows “virtuales” del presente (ABBA, Soda Stereo) es pura coincidencia.
El proyecto nunca se concretó, y las latas de película permanecieron selladas en sus archivos durante casi medio siglo. Ahora, ese metraje inédito será la base de Stage, un espectáculo inmersivo que, se anuncia, llegará a arenas de todo el mundo en 2027, once años después de la muerte de su creador. El cineasta Brett Morgen —director del torrencial documental Moonage Daydream— lideró la restauración del material y diseñó junto al patrimonio de Bowie una experiencia que aspira a algo más ambicioso que la nostalgia: recrear las condiciones de un concierto en vivo mediante pantallas LED transparentes, sonido envolvente 7.1 e iluminación integrada.
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Bowie, un adelantado a su tiempo
El origen de Stage se inscribe en uno de los períodos más fértiles y menos complacientes de la carrera de David Bowie. La gira Isolar II, desplegada entre marzo y diciembre de 1978, fue el vehículo para presentar en vivo Low y Heroes los dos primeros álbumes de la llamada “trilogía de Berlín”: discos que habían desconcertado a buena parte de su público y de la crítica, pero que con el tiempo se consolidaron como pilares del arte sonoro de la segunda mitad del siglo XX.
En lugar de prolongar indefinidamente la rotación por escenarios —algo que ya entonces le resultaba agotador y repetitivo—, Bowie encargó al actor y director David Hemmings, protagonista de Blow-Up y responsable de Just a Gigolo, que registrara dos de los tres shows con entradas agotadas en Earls Court. La idea era radical para su época: producir un filme de concierto que pudiera exhibirse en recintos no convencionales, sustituyendo la presencia física del artista por su imagen amplificada. Después de esa gira, Bowie no volvería a los escenarios hasta 1983.
Pero el plan se frustró. Bowie -que no vivía precisamente un período de estabilidad emocional y abstinencia química- se volcó en la grabación de Lodger, se mudó a Suiza y expresó disconformidad con el montaje de Hemmings. “Se estaba moviendo hacia otras cosas a la velocidad de la luz”, explicó Morgen a The Guardian. “Creo que en ese momento la idea de mirar hacia atrás le resultaba desagradable”. Recién en 2000, el músico admitió que su percepción había cambiado: “Simplemente no me gustó cómo había sido filmado. Ahora, por supuesto, se ve bastante bien y sospecho que verá la luz en algún momento del futuro”. Antes de morir, en enero de 2016, llegó a plantear la posibilidad de publicarlo.
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En 2017, cuando obtuvo acceso completo al archivo de Bowie para trabajar en su documental —que ganaría el premio al mejor filme musical en los Grammy 2024—, Morgen se topó con el material. “Mis ojos se dirigieron de inmediato a una pila de relucientes latas de 35 mm con la palabra Stage escrita en ellas”, recordó. Al principio supuso que contendrían registros vinculados al disco en vivo homónimo, grabado en su mayoría en Filadelfia, pero pronto comprendió que se trataba de algo distinto: las filmaciones completas de los legendarios shows de Earls Court, las que Bowie había descartado casi dos décadas antes.
“Tuve acceso a cada actuación filmada de David Bowie que existe, pero cuando vi esta supe sin dudarlo que era la mejor actuación filmada de su carrera”, afirmó el cineasta. Fragmentos de la interpretación de “Heroes” fueron incluidos en Moonage Daydream y se convirtieron en uno de los pasajes más celebrados del documental. A partir de 2018, Morgen y el patrimonio del artista comenzaron a discutir la posibilidad de llevar el material completo a arenas; la idea cobró impulso definitivo en 2024.
El proceso de restauración tomó casi una década. El equipo trabajó sobre el metraje original en 35 mm con corrección de color, reiluminación y pintura manual de fotogramas. “Pasamos más de 1.000 horas en posproducción, lo que creo que es algún tipo de récord”, admitió Morgen, “pero realmente queríamos que se viera y se sintiera como algo que experimentarías hoy”. El resultado no busca el efecto vintage ni la pátina de lo antiguo: aspira a que la imagen funcione como presente.
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Parte de lo que convierte a las grabaciones de Earls Court en un documento excepcional es la formación que acompañaba a Bowie en ese tramo de la gira. El crítico Nick Kent, desde las páginas de NME, la definió como “su mejor banda por lejos”. El grupo incluía a los guitarristas Carlos Alomar —director musical durante años— y Adrian Belew, que poco después se uniría a King Crimson; el bajista George Murray; el baterista Dennis Davis; el tecladista Roger Powell; el pianista Sean Mayes y el violinista Simon House. Brian Eno, previsto como integrante de la banda de gira, debió retirarse por problemas de salud.
Los conciertos se estructuraban en dos mitades con identidades bien diferenciadas. La primera funcionaba como inmersión en el universo sonoro de la trilogía berlinesa: texturas electrónicas, atmósferas gélidas, canciones que privilegiaban el clima por sobre la melodía convencional. La segunda era un giro deliberado hacia el pasado, con presencia abundante de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars y los éxitos de los primeros años 70. “Tener un violín eléctrico, un piano y un tecladista de sintetizadores en un show de rock en 1978 era algo extraordinario”, destacó Morgen.
Kent escribió en su reseña del show: “Bowie estaba constantemente en el escenario, un modelo de agilidad y gracia física (...) Me impresionó, me entretuvo y en ocasiones me dejó casi hechizado”. Para el sitio especializado David Bowie World, esos conciertos “se encuentran entre los más importantes de la carrera británica de Bowie en los últimos años 70”, un período en el que el artista “se había alejado de los elaborados personajes escénicos de años anteriores y ponía un énfasis creciente en la musicalidad, los arreglos, el sonido y la atmósfera”.
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La ilusión de que Bowie está en el escenario
En su encarnación de 2027, Stage no será una proyección cinematográfica convencional. Las imágenes se desplegarán en múltiples pantallas LED transparentes de última generación —displays de 70 por 40 metros fabricados por Unilumin/Roe— diseñadas para “crear la ilusión de que Bowie y su banda están físicamente presentes en el escenario”, según el comunicado oficial. La producción utiliza tomas largas e ininterrumpidas del músico para generar una sensación de intimidad que emule el transcurso de un concierto en tiempo real.
El diseño de iluminación estará a cargo de Patrick Woodroffe, responsable de los shows de los Rolling Stones, Elton John y ABBA, además de la ceremonia de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. El audio inmersivo fue mezclado por Paul Massey, ganador del Oscar por Bohemian Rhapsody y con créditos en No Time To Die y en el propio Moonage Daydream. El sistema de sonido emplea algoritmos DSP avanzados y un diseño de altavoces en array volado para llevar audio 7.1 surround a cada butaca del recinto. El sonido original de los conciertos había sido captado por Tony Visconti, productor histórico de Bowie.
“No es una película que se muestra en arenas”, insistió Morgen. “Hay múltiples pantallas, un paquete de iluminación completamente integrado, una mezcla de sonido 7.1. La actuación es de 1978, pero la presentación es de 2027”.
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Stage tendrá su estreno mundial el 14 de febrero de 2027 en el Uber Arena de Berlín, en el marco de la 77.ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale). La elección de la ciudad no es casual: Bowie vivió allí entre 1976 y 1978 y donde gestó, junto a Eno y Visconti, los álbumes que definen la etapa artística capturada en las filmaciones. Las entradas saldrán a la venta el 28 de octubre de 2026.
Tras la premiere, el espectáculo iniciará una gira por arenas europeas con fechas previstas para mayo y presentaciones en el Reino Unido entre junio y julio, que incluirán un regreso al propio Earls Court, el mismo escenario donde las cámaras de Hemmings registraron los conciertos originales hace casi medio siglo. También se anticiparon escalas en Asia, Medio Oriente, África y América Latina, regiones donde, en algunos casos, Bowie nunca se presentó en vivo. El espectáculo fue diseñado para recintos con capacidades a partir de 5.000 personas, y las ciudades y fechas adicionales serán anunciadas en las próximas semanas. “Once años después de su partida, tiene perfecto sentido que Bowie vuelva a ser un pionero”, concluyó Morgen.
[Fotos: David Bowie Estate and Wonderworld]
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