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La belleza de la semana: “La mañana de la ejecución de los streltsí”, de Vasili Súrikov

A 110 años de su muerte, un recorrido por la obra de “El compositor”, un destacado pintor del realismo crítico ruso que, como muchos de su generación, cayó en el olvido

"La mañana de la ejecución de los streltsí", de Vasili Surikov (Galería Tretyakov)

Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Cualquier conocedor de la Historia del fútbol reconoce esos nombres, el primer gran equipo del fútbol argentino: la Máquina de River. O si decimos, George, Paul, John y Ringo, lo mismo pero con el rock. Ahora, si enumeramos: Repin, Savitski, Makovski y Súrikov. ¿De quiénes hablamos?

Seguro que esos nombres, ni juntos ni por sepadrados, sale en alguna tarjeta del Preguntados o del Carrera de Mente, porque los artistas no occidentales, salvo raras excepciones, no suelen formar parte del Canon porque, como con la Historia, a éste también la escriben los que ganan (o la escribían al menos). En cambio, si decimos Monet, Renoir, Degas o Pissarro, etc, se sabe bien de qué movimiento hablamos y a qué país corresponden. Y eso no se trata de una apreciación de valores o vanguardias, sino de los movimientos que se sucedían en el mundo.

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Para no seguir dando vueltas, los olvidados son integrantes de Los Vagabundos o Los Itinerantes, como se llamaban oficialmente la Sociedad de Exposiciones de Arte Ambulante originada en la década de 1870 y que durante una década organizaron exposiciones por el territorio ruso y que, con el tiempo, muchos de sus miembros se integraron a la Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria (AKhRR).

"Los Vagabundos" o "Los Itinerantes", fueron una sociedad de pintores rusos que se desarrolló en la década de 1870 siguiendo las pautas del realismo crítico

Estamos hablando de un grupo de artistas comprometidos con lo social, que generaron una conexión inédita entre el arte y las clases populares, que trabajaban con la imagen de los trabajadores de las fábricas, el campesinado y, por supuesto, la historia local, porque toda construcción de sentindo necesita de una pata simbólica. Estamos hablando de los realistas críticos.

Pero en particilar, en esta oportunidad, nos centraremos en Vasili Súrikov, sobre quien desde este columna aún no hemos indagado y de quien esta semana, el 19 de marzo, se cumplen 110 años de su muerte. Homenaje póstumo, diríamos.

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Súrikov mantuvo, a lo largo de su carrera, una postura desafiante hacia la Academia Imperial de las Artes, quizá porque no tuvo durante sus primeros años una vida acomodada, más bien -incluso cuando consiguió un mecenas- fue casi un harapiento, un verdadero vagabundo que se mudaba según los valores de la oferta inmobiliaria.

Descendiente de cosacos siberianos, durante su infancia, muerto el padre, su familia sublaquilaba parte del hogar para sobrevivir. Sus primeras inquietudes artísticas aparecieron en edad escolar, pero sin recursos para una formación formal tuvo pequeños trabajos hasta que llegó a la administración pública, donde el gobernador del pueblo le ayudó a encontrar a su primer mecenas: Piotr Kuznetsov, comerciante y dueño de minas de oro.

Autorretrato,1879 (Galería Tretiakov)

A caballo fue hasta San Petersburgo para ingresar a la Academia Imperial, pero lo rechazaron y se conformó con cursar en la Sociedad Imperial para el Fomento de las Artes. No se rindió, iba como oyente a las clases, hasta que ingresó como alumno, recibió varias medallas y se ganó el apodo de “El Compositor”, por su gran capacidad para integrar muchos elementos a las obras. Obtuvo el título de Artista de primera clase en 1875.

En 1877, recibió su primer gran encargo: los murales en la Catedral de Cristo Salvador, lo que motivó su mudanza a Moscú. Ante la falta de vivienda propia, residió en alojamientos alquilados y visitaba Krasnoyarsk, su tierra natal cada vez que podía. En esa época, además, se asentaría con un matrimonio, del que nacerían dos hijas.

Luego llegaría la serie con la que comenzaría a tener un nombre, por lo menos en su tiempo, con piezas como La mañana de la ejecución de los streltsí (1881), una obra magnífica que relata cuando un tradicional cuerpo militar se rebeló durante el reinado de Pedro el Grande por el maltrato, el escaso salario y la promoción de oficiales extranjeros a los rangos militares superiores, entre otros problemas.

Había, también, según estudios posteriores, un cariz político: el regreso al trono de la zarina Sofía Románova, hermana de Pedro, quien había sido reina regente mientras éste era menor de edad. Por supuesto, todo terminó de manera sangrienta, el ejercito derrotó a los cuatro cuerpos del ejército y los coletazos, que duraron más de una década, se llevaron la vida de más de mil moscovitas.

"La boyarda Morózova" (Galería Tretyakov)

Otra pintura imperdible es La boyarda Morózova (1884-1887), en la que retrata el arresto de Feodosia Morozova en 1675, una de las más conocidas partidarias del movimiento de los viejos creyentes (raskólniki), un grupo que se escindió del cristianismo ortodoxo por ser partidarios de la vieja liturgia y cánones eclesiásticos, por lo que fueron perseguidos y asesinados.

De hecho, el líder de aquella cisma, el escritor Avvakum Petrov, que se produjo tras la Reforma de Nikon, murió en la hoguera en un acto público. Por su parte, Feodosia murió de hambre, encarcelada, en el sótando de un monasterio.

Su obra Ménshikov en Beriózovo, 1888, fue sin dudas la que más beneficios le trajo, ya que fue adquirida por Pavel Tretiakov, empresario, gran mecenas, coleccionista, y filántropo, lo que le permitió viajar por Europa. Es una pintura sencilla, en la que se observa a la mano derecha de Pedro el grande, un generalísimo, y otros títulos y abolengos, en el exilio.

"Ménshikov en Beriózovo" (Galería Tretiakov)

Fue uno de los grandes personajes de su época, un político hábil, descripto por el gran Aleksandr Pushkin como “medio Zar”, que supo mantenerse en el poder mediante alianzas, como el matrimonio de su hija con Pedro II, que bien podría tener una serie en una plataforma de streaming, pero que cuando el viento dejó de soplar a su favor le expropiaron todas sus riquezas y fue enviado a Siberia, donde no podría tener más injerencia.

La pieza es un tanto desgarradora, mientras sus hijas se agrupan a su alrededor como buscando calor, el viejo líder mira hacia un rincón de la habitación, perdido parece querer recordar tiempos mejores. Su puño cerrado y el rictus de la boca revelan tanto enojo como tristeza, el dolor de ya no ser.

"La toma de la ciudad de la nieve" ( Museo Estatal Ruso en San Petersburgo)

Ese mismo año, tras el fallecimiento de su esposa, regresó a su pueblo, y pintó La toma de la ciudad de nieve, obra que contrasta por su tono festivo con el resto de su producción histórica y dramática.

Para 1895 presentó La conquista de Siberia por Yermak, otra pieza que le hacía honor a su mote, un líder popular cuyas exploraciones marcaron el comienzo de la expansión de Rusia hacia esa región y su posterior colonización y cuyas proezas fueron recuperadas en textos, canciones y, por supuesto, pinturas.

Esta obra estaba basada en los hechos vividos por algunos de sus ancestros, por lo que tenía un valor especial y tardó casi una década en finalizarla. Además, le valió la membresía plena en la Academia Imperial. Años más tarde, en 1897, pintó Suvórov cruzando los Alpes durante un viaje a Suiza, obra que fue adquirida por el zar Nicolás II.

"La conquista de Siberia" ( Museo Estatal Ruso de San Petersburgo)

En los últimos años de su vida se dedicó a viajar y en lo pictórico se centró en los paisajes, quizá cansado de lo anterior, quizá por haber perdido un poco de visión y pulso o, simplemente, porque solo deseaba ya apreciar aquella inmesidad que lo rodeaba.

Fue una cardiopatía crónica, de la que intentó recuperarse en Crimea en 1915, la que lo llevó a la tumba un año después, y fue enterrado en el cementerio de Vagánkovo, junto a su esposa.

Muchas de las obras de Vasili Súrikov han trascendido el ámbito especializado hasta integrarse en la cultura visual rusa como ilustraciones habituales. A lo largo de su vida, el artista sorteó adversidades económicas y personales, consolidando un estilo realista de profunda raigambre histórica. Su aporte es recordado no solo en museos, sino también en espacios públicos, filmes y hasta en la superficie de Mercurio, donde un cráter lleva su nombre.

Sin embargo, fuera de su país, es casi un completo desconocido.

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