De acuerdo con información publicada por Semana, la ubicación de Neftalí Riasco Alegría, alias Marcos Pacífico, señalado como uno de los principales cabecillas militares del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en el suroccidente colombiano, fue resultado de un seguimiento de inteligencia que se prolongó durante años. La vigilancia de su campamento, el monitoreo de sus rutinas y la información entregada por integrantes de redes urbanas de esa guerrilla permitieron establecer las coordenadas del lugar donde permanecía escondido en El Tambo, Cauca.
El operativo se realizó en la madrugada del jueves 22 de octubre, cuando el Gobierno autorizó el bombardeo contra el campamento. La acción dejó diez integrantes del ELN muertos, entre ellos Marcos Pacífico, alias Ochenta y alias la India.
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La inteligencia siguió sus movimientos durante años
Según el expediente consultado por el medio, Riasco Alegría acumulaba 35 años de trayectoria criminal y era señalado de participar en más de 126 acciones terroristas recientes contra la Fuerza Pública, líderes sociales y población civil en Cauca, Nariño y Valle del Cauca.
Dentro del ELN, era identificado como segundo al mando del Frente de Guerra José María Becerra y cabecilla militar del Frente de Guerra Suroccidental. También era señalado de participar en el reclutamiento de menores de edad y de impulsar economías ilegales, entre ellas el narcotráfico y la minería.
Las autoridades llevaban años intentando localizarlo. El cabecilla se desplazaba por zonas selváticas entre Nariño y Cauca y había escapado de varias operaciones militares. En 2017 resultó herido durante una acción de la Fuerza Pública en el caserío Santa Bárbara, en el municipio de Iscuandé, Nariño.
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Uno de los antecedentes que lo mantuvo en el radar de inteligencia fue el atentado con explosivos del 7 de enero de 2022 contra un vehículo que transportaba integrantes del entonces Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), en el sector de Puerto Rellena, en Cali. El ataque dejó 13 policías heridos.
Una fuente de la Dirección de Inteligencia Policial (Dipol), citada por la revista, atribuyó el hecho a Marcos Pacífico y señaló que el cabecilla habría ordenado acciones de las milicias urbanas del ELN durante el estallido social en Cauca y Valle del Cauca.
La vigilancia aérea permitió conocer su rutina
La cooperación con Estados Unidos fue uno de los componentes del seguimiento. Según fuentes de inteligencia citadas, el campamento era vigilado desde hacía varias semanas mediante equipos electrónicos que permitían compartir imágenes en tiempo real con las autoridades colombianas, bajo la coordinación de la Dipol.
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La información recopilada permitió establecer quiénes entraban y salían del lugar, identificar los periodos de descanso de la escolta y conocer aspectos de la rutina del cabecilla, como sus horarios habituales y el sitio donde dormía.
Marcos Pacífico contaba con una escolta de cerca de 40 hombres, que lo acompañaban durante sus desplazamientos por la selva del Pacífico colombiano. Por esa razón, identificar sus movimientos y establecer la ubicación exacta del campamento eran elementos centrales para planear la operación.
A la vigilancia se sumaron los datos obtenidos tras las capturas de integrantes de redes urbanas del ELN en Cauca, Nariño y Valle del Cauca. Según las fuentes citadas, algunos entregaron información sobre los mandos de la organización, sus economías ilegales, sus alianzas y sus capacidades armadas.
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Los investigadores también obtuvieron datos sobre hombres de confianza del cabecilla que viajaban a Cali y Popayán para supervisar negocios que mantenía en funcionamiento.
Las tensiones internas también quedaron bajo análisis
Las fuentes consultadas por la revista señalaron que el estilo de vida de Marcos Pacífico habría generado inconformidad entre integrantes de su estructura. Mientras los guerrilleros rasos afrontaban dificultades de alimentación y salud en la selva, algunas de sus parejas sentimentales presuntamente recibían beneficios económicos, propiedades y tratamientos estéticos financiados con recursos de la organización.
De acuerdo con esas versiones, las diferencias en el trato habrían profundizado las fisuras internas. Sin embargo, la información publicada no permite establecer que una eventual traición haya sido el factor determinante para localizarlo.
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La inteligencia combinó los datos recopilados durante años con la vigilancia reciente para establecer las coordenadas del campamento y determinar el momento de ejecutar el operativo.
El bombardeo en El Tambo dejó diez muertos
El ataque se llevó a cabo en la madrugada del 22 de octubre, en la vereda San Juan, en jurisdicción de El Tambo, Cauca. Según la información publicada, entre los diez muertos estuvieron Marcos Pacífico; alias Ochenta, señalado como tercero al mando del Frente de Guerra José María Becerra y jefe de seguridad del cabecilla; y alias la India, identificada como una de sus personas de confianza.
Tras el bombardeo, unidades de fuerzas especiales de la Policía y del Ejército ingresaron al área e incautaron cinco fusiles, una pistola, tres computadores portátiles, ocho celulares, diez memorias USB y un GPS.
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El presidente Abelardo de la Espriella afirmó sobre el resultado: “Este resultado representa un golpe contundente a la estructura militar, al mando territorial y a las redes urbanas del ELN en el Pacífico colombiano”.
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