Diego Sáenz pasó cuatro o cinco días encerrado en su casa, deprimido, después de recibir amenazas de muerte por un episodio de MasterChef Celebrity. El comunicador y músico bogotano reveló el episodio durante una entrevista con Tropicana, donde habló sin filtros de lo que significó para él la experiencia dentro del reality de cocina.
“Yo duré deprimido, sin joderte, por ahí unos cuatro o cinco días encerrado en la casa. Me amenazaron de muerte y todo”, confesó Sáenz al recordar aquellos días.
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El origen de todo fue un montaje de edición que, según él, distorsionó por completo lo que había ocurrido frente a cámaras.
Un gesto sacado de contexto encendió las redes
Sáenz explicó que durante una de las pruebas estaba hablando sobre una preparación que le recordaba a su madre. En ese momento, el sonidista avisó que se había acabado la batería y él hizo un gesto de fastidio por la interrupción técnica.
El problema llegó en la sala de edición. Ese gesto terminó insertado justo encima de la historia familiar, como si Sáenz se estuviera burlando del recuerdo de su mamá.
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“Uno graba y le entrega el alma al diablo. Y como te editen...”, dijo el músico a la emisora sobre el riesgo que corre cualquier participante de un reality cuando el material pasa por el cuarto de montaje.
La consecuencia fue inmediata. El público interpretó la escena como una falta total de empatía y la reacción en redes no se hizo esperar. “Algo así me pasó en un capítulo y la gente me empezó a matar”, agregó ante la emisiora.
Qué pasó realmente con la escena de la carne
El capítulo que generó la ola de críticas mostró a Sáenz aparentemente burlándose de una historia personal vinculada a su madre mientras cocinaba una carne.
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En realidad, el gesto correspondía a un corte técnico por falta de batería en el equipo de sonido, pero la edición lo unió a la narración familiar y cambió por completo el sentido de la escena para quien la veía desde su casa.
El participante no esperaba el nivel de hostilidad que vino después. Dijo que los comentarios negativos se multiplicaron hasta un punto que lo llevó a aislarse por completo. El miedo llegó a su rutina más básica. Diego Sáenz contó que ni siquiera sacar a pasear a su perro le resultaba tranquilo en esos días.
“Yo tengo un perro, entonces yo sacaba al perro a pasear y yo estaba: yo creo que me van a matar”, admitió el bogotano, todavía con el recuerdo fresco de esa semana encerrado.
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Para Sáenz, el episodio confirma un patrón que ve en todos los realities: la exposición pública multiplica cualquier malentendido hasta niveles que pueden escalar a amenazas reales. “Es un programa de entretenimiento de cocina, pero amenazan de muerte a la gente”, reflexionó sobre lo desproporcionado de la reacción frente al contenido del formato.
El costo emocional de competir frente a cámaras
Más allá del episodio puntual, Sáenz describió su paso por el programa como una montaña rusa emocional constante. Se definió como una persona muy competitiva, algo que, según contó, le pasó factura durante toda la temporada.
“Un día eres Superman, un día tú pones un plato y les parece el mejor y al otro día...”, explicó sobre los cambios abruptos en la percepción del jurado y del público de una grabación a otra.
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Esa inestabilidad, sumada a la presión de las redes sociales, terminó pesando más que la cocina en sí. El propio Sáenz reconoció ante la emisora que nunca sintió una pasión real por la gastronomía, aunque sí se dedicó a estudiar con disciplina durante su participación.
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