
A las dos de la madrugada, decenas de turistas conmocionados vagaban por las calles de Barcelona intentando volver a sus hoteles o a sus alojamientos ubicados en Las Ramblas, donde en la tarde del jueves un atentado dejó 13 muertos.
A unos cien metros de la estatua de Cristóbal Colón, que apunta con el dedo al Mediterráneo casi al borde del mar, una pareja de escoceses de 64 y 66 años miran de forma hierática este famoso paseo de la ciudad, bloqueado por un cordón de seguridad.
"No podemos acceder a nuestro hotel en Las Ramblas", cuenta el hombre vestido con una camiseta veraniega. "Estábamos sentados en el balcón cuando se produjo el atentado, justo abajo: lo vimos todo, la furgoneta (que arrollaba a la multitud), el pánico general", recuerda.
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Su mujer, con la mirada al vacío, afirma que no contarán nada de lo que vieron.
"Ya le dijimos todo a la policía. Llegaron a los dos minutos. Actuaron muy bien", asegura.
Unas horas antes, esta arteria de la soleada ciudad mediterránea fue golpeada por primera vez por el grupo Estado Islámico (EI), que reivindicó el atentado.
El objetivo de la operación era la muchedumbre que paseaba entre los quiosco de flores y de souvenirs de la larga avenida, que se extiende un kilómetro hasta el mar.
Desde la estrecha calle Hospital, Benjamín, un barcelonés de 45 años, muestra el lugar donde el vehículo de la muerte chocó contra un quiosco.
"Aquí donde está la policía científica, los de las batas blancas, es donde la furgoneta chocó contra el kiosco", explica este mecánico industrial.

En los muelles de esta ciudad de 1,6 millones, visitada cada año por 9 millones de turistas, muchos cruceros esperan también la llegada de sus pasajeros.
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La tragedia irrumpió en la cotidianidad de una ciudad que digería la derrota del FC Barcelona contra el Real Madrid, aguardaba el plan del gobierno regional para preparar un referéndum sobre la independencia en octubre y enfrentaba una huelga de agentes de seguridad en el aeropuerto.
La ciudad condal, que acogió los Juegos Olímpicos de 1992, cerró inmediatamente filas, mostrando solidaridad y fraternidad.
La huelga en el aeropuerto fue suspendida, los taxistas llevaban gratis a turistas que no podían tomar el metro, el consorcio Turismo Barcelona dispuso habitaciones de hotel gratuitas y los servicios de donación de sangre colapsaron ante la avalancha de gente que quería ayudar.
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Un silencio irreal
Un silencio casi irreal invadió las calles del centro y acalló el rumor de las festividades habituales del mes de agosto.
"Es un ambiente extrañamente tranquilo", constata Remy Gredin, un estudiante de 23 años originario de Marsella, que terminaba de cenar con sus amigos en una de las pocas terrazas que seguía abierta en la Rambla del Raval, una arteria paralela al paseo siniestrado.
"Estamos esperando a poder entrar a un apartamento que alquilamos en Las Ramblas, el atentado ocurrió justo abajo pero nosotros habíamos partido una hora antes para visitar el Parque Güell", explica en compañía de otros tres franceses.
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Bajo las farolas, los barrenderos vestidos con uniforme fluorescente trabaja junto a los policías vestidos de civil.
Dos camareros de un establecimiento aledaño vestidos de blanco comentan los sucesos.
"A partir de hoy Barcelona no va a ser lo mismo. ¡Deberíamos cambiar! Aquí entra cualquiera. No es cuestión de racismo, sino de orden. Os damos de comer. No nos matáis", se queja Juan Manuel Ruiz, un barcelonés de 43 años.
Su colega Marc de la Iglesia, de 29 años, plantea, en cambio, que hay que guardar la calma.
"Hay que mantener la tranquilidad. No tiene ningún sentido alarmarse demasiado ni nada. Tendría que ser un mensaje de unidad. Ayudar a la gente que ha sufrido. Y que la imagen de Barcelona no se haya dañado demasiado", apunta.
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"No dejaremos que una minoría acabe con nuestra manera de ser, que ha sido forjada a lo largo de los siglos", declaró el presidente de la región, Carles Puigdemont, que defiende un referéndum independencia de España.

Las autoridades pidieron a la población no difundir imágenes de los ataques.
"Por respeto a las víctimas y a sus familias, por favor, NO compartas imágenes de heridos en atropello", pidió la policía, un llamado que secundado en las redes sociales.
(Por Laurence BOUTREUX, AFP)
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