Hay discos que se convierten en parte de la historia de una banda y otros que terminan por narrar a toda una generación. “Hijos del Culo” pertenece a esa segunda categoría: desde su lanzamiento en el año 2000, el disco de Bersuit Vergarabat construyó una galería de personajes barriales —el gordo motoneta, el porteño de ley, el grasún, el viejo de arriba, la negra murguera, la petisita culona— que cualquiera podía reconocer en su propia cuadra. Esa capacidad de contar historias cotidianas desde una mirada irreverente y crítica, atravesada por una fuerte impronta social, es lo que convirtió al álbum en un clásico que combinó rock, cumbia, murga, chacarera y electrónica bajo la producción de Gustavo Santaolalla, y que obtuvo Doble Platino con temas como “Desconexión Sideral”, “Toco y me voy”, “Negra Murguera” y “La Bolsa”.
A 25 años de aquel lanzamiento, la banda vuelve a meterse en ese universo con una producción especial de 20 canciones grabadas en vivo, acompañada por una selección de artistas invitados que le dan nuevas miradas y sonidos a las canciones históricas: Lali Espósito, Luck Ra, Nahuel Pennisi, Francisco Charco, Willy Bronca, Lisandro Aristimuño, Los Pérez García y Cucuza Castiello, entre otros. El resultado conecta distintas generaciones y confirma la vigencia de un repertorio que sigue encontrando nuevas formas de ser contado.
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Y para que el círculo de este cuarto de siglo cierre perfecto, hasta la tapa del disco aniversario repite, a la misma protagonista de la edición original del 2000: se trata de Agustina, sobrina del fotógrafo Salvador Batalla, autor de aquella foto y colaborador habitual en distintas producciones visuales de la banda. “Fue fácil ubicarla, pero no estaba en la Argentina. Igual volvió, y aceptó hacer la foto. Ahora creo que tiene 33 años y es médica”, le contó Juan Subirá, el miembro más antiguo de la banda, a Teleshow.
La celebración tiene su cierre este martes 3 de noviembre, a las 19, en el Movistar Arena, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, después de una gira aniversario que incluyó dos funciones agotadas en el Microestadio de Ferro y presentaciones en España, Ecuador, Uruguay, México y Colombia. Bersuit planea continuar el recorrido por Perú y Chile en los próximos meses.
Subirá, tecladista y compositor histórico del grupo, repasó el origen de las canciones, los episodios personales detrás de algunos temas, el vínculo con el fútbol, el recuerdo de Diego Maradona, la experiencia con Andrés Calamaro y el estado actual de su relación con Gustavo Cordera.
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— ¿Cómo se están preparando para este nuevo show en el Movistar Arena por los 25 años de “Hijos del Culo”?
— Lo venimos festejando desde el año pasado. Hicimos dos microestadios de Ferro y después estuvimos también en el Movistar. Se extendió a este año porque había muchos lugares que no habíamos llegado: fuimos a Chile, Perú, Colombia, México, y también al interior, a muchas ciudades que no habíamos ido. Creo que le vamos a dar un cierre ahora en este Movistar, que es un lugar muy lindo para tocar.
— ¿Qué encontrás en las canciones de “Hijos del Culo” hoy que no veías cuando las grabaron en el 2000?
— Cuando hicimos los demos, entre fines del 99 y principios de 2000, alquilamos una quinta y nos metimos. Algunas canciones habían nacido ahí nomás, entonces estaban muy frescas y costaba encontrarles trasfondo. Con el tiempo te vas involucrando, hay canciones que te gustan más y les encontrás otros costados. Por ejemplo, “Caroncha” es bastante hermética y rara en su forma, pero con el tiempo le fui encontrando un trasfondo, porque habla de la violencia intrafamiliar y del castigo que recibe un niño que de grande se convierte en un ser violento. Y pasa también lo contrario, que otras te gustan menos con el tiempo.
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— Alguna vez dijiste que “Hijos del Culo” y “Libertinaje” retrataban a la Argentina acercándose a la crisis del 2001. ¿Sentís que hay letras que dialogan con este presente?
— Un poco sí, porque hay muchas cuestiones que se parecen demasiado, lamentablemente, cuando uno quisiera que fueran procesos ya superados como país, como sociedad. Hay muchas cosas que se parecen mucho y creo que muchas de las historias, tanto de “Libertinaje” como de “Hijos del Culo”, siguen teniendo mucha presencia y mucho sentido en la actualidad.
— Sos autor de “Toco y me voy”, que ya es un clásico. También hay canciones como “El viejo de arriba” y “Canción de Juan”, que surgieron de un episodio muy violento y personal. ¿Cómo convertiste esa experiencia en material artístico?
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— En el disco pude escribir varias canciones sobre experiencias personales, también “Negra Murguera” y “Desconexión Sideral”. “El viejo de arriba” es una experiencia muy personal mía, y “Canción de Juan” es algo que también me pasó a mí, pero no la escribí yo, aunque se llame así. Lo de “El viejo de arriba” fue un episodio violento en el barrio de La Boca, cuando vivíamos ahí con mi hermano y en esa casa también ensayaba Bersuit, que era además un centro neurálgico de reuniones y fiestas. Era un clima agotador para la vecindad. Un fin de semana hubo una de esas fiestas interminables, y días después un vecino empezó a gritar desde el balcón de su casa. Le pedí que bajara, y bajó armado: primero me pegó un culatazo en la cabeza y después me disparó entre los pies, sentí el ardor de la bala que había rebotado en el piso. Cuando un amigo, el Pelado, se bajó de un auto, el hombre le dijo “vos no cantás más”. Empecé a caminar hacia el Argerich sangrando de la cabeza y del pie, y escuché dos disparos más al aire a mis espaldas. Pocos días después se convirtió en esa canción emblemática. Nos fuimos de esa casa poco tiempo después. Unos años más tarde, en un festival en Villa La Angostura, un ex jugador de fútbol que no voy a nombrar, se acercó a pedirme disculpas en nombre de aquel vecino y del barrio. Ahí se cerró la historia.
— Bersuit incorporó ritmos como la cumbia y la murga, poco habituales en el rock de esa época. ¿Cómo cuajó eso dentro de la banda?
— Con Carlitos (Martín, baterista), Pepe (Céspedes, bajista) y Charly (Bianco), que estuvo en los primeros años en la guitarra, éramos amigos y compañeros de música desde antes de Bersuit, en Barracas, donde nos juntábamos a tocar y a jugar. En ese ejercicio ya aparecían candombe, murga y cumbia, dentro de lo que podría llamarse jazz fusión. Pero cuando armamos Bersuit, en 1988, la idea fue hacer más una banda de rock, y esos ritmos quedaron tapados varios años. En 1996 pasó algo casual: un amigo subía la escalera de una sala de ensayo, escuchó que estábamos tocando una cumbia como divertimento y abrió la puerta diciendo “¿qué es esto? Está buenísimo”. Ese tema, “Comando Culo Mandril”, tenía años guardado. Fuimos a una radio y lo tocamos, y después apareció un candombe que ya rondaba. Fue como liberarnos y despojarnos de nuestros prejuicios.
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— El disco de esta celebración por los 25 años de “Hijos del Culo” reúne invitados de géneros muy distintos: Lali, Cucuza Castiello, Luck Ra, Aristimuño, Pennisi. ¿A qué corresponde cada colaboración, a la búsqueda de un público nuevo o a una afinidad artística?
— Esta banda es tan rara y diversa en lo estilístico que eso le da la posibilidad de conectarse con artistas de géneros muy variados. Con Cucuza tengo una relación de varios años, voy a verlo al Faro y he cantado con él; participó en “El Darién” y en “Porteño de ley”, temas que tienen algo de lo que él mismo hace. Aristimuño eligió “Veneno de humanidad”, que le queda bien a su forma de decir y de cantar; es un artista muy fino, una especie de Spinetta moderno. Lali eligió ella misma la canción que cantó, le gusta la banda; es una chica muy sencilla y humilde, vino a los ensayos y a los dos shows de Ferro. Históricamente fuimos una banda cerrada en ciertos aspectos, y en estos últimos años nos abrimos mucho; creo que ganamos todos en ese intercambio.
— ¿Qué conexión puede tener un pibe como Luck Ra, bastante joven, con una canción creada hace 25 o 26 años?
— La canción es anterior a él mismo. Lo charlamos: él nos llamó porque tenía ganas de hacer una versión de “Toco y me voy”. Nos contó que quienes escuchaban Bersuit eran sus padres, y que de ahí mamó la canción y la banda. Estuvimos un día en su estudio trabajando con eso, después él la siguió con sus músicos y armó esa versión, que generó que muchos chicos conocieran el tema a través de él y no de nosotros.
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— Construyeron una relación muy particular con la cultura del fútbol. ¿Por qué creés que consiguieron una conexión tan fuerte con ese público?
— Es medio misterioso. Tenemos algunas canciones futboleras, como “Toco y me voy” y “El baile de la gambeta”, y en otros temas pueden aparecer guiños. Pero además pasa algo con las melodías que la hinchada toma y adapta con su propia letra, incluso en temas que no tienen nada que ver, como “Todavía cantamos” o “Sobreviviendo” (de Víctor Heredia). Una vez, en la cancha, una hinchada cantaba “Todavía cantamos” y la otra le contestaba con “Sobreviviendo”. Es un fenómeno que no tiene una explicación muy lógica. Fuimos a tocar a un evento organizado por Rosario Central y cantaron varios temas nuestros.
— Una vez contaron que Maradona entró al camarín y les preguntó qué tenía que hacer para que fueran a tocar a su programa. ¿Qué dimensión tiene ese recuerdo con el paso del tiempo?
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— Tiene una dimensión épica, porque es el Diego, y es diferente a todos, no solo en lo futbolístico sino como ser. Habíamos tenido una primera comunicación con él en 2001 o 2002, cuando quería que tocáramos en los 15 de una de sus hijas, pero se suspendió por un problema de salud que tuvo. En 2005, cuando estábamos con una agenda muy complicada entre Calamaro, cuando fuimos su banda, y Bersuit, Diego llamaba a nuestro manager para ir a “La noche del 10” y, como se venía postergando, entró directamente al camarín en un show nuestro y nos dijo “¿qué tengo que hacer para que venga a tocar a mi programa?”. Fuimos, y esa noche él se subió al escenario e hizo jueguitos con una pelotita de tenis mientras sonaba “El baile de la gambeta”. Fue un programa espectacular, tocaron Los Piojos y Los Ratones Paranoicos, hubo un homenaje a Rodrigo y estaba Mike Tyson.
— Siempre se dijo que la gira con Calamaro no terminó del todo bien. ¿Cuál es tu visión ahora que pasó tanto tiempo?
— Tuvimos un año muy bueno con él. Empezamos en 2004, primero para charlar, porque Andrés venía de muchos años de ostracismo y estaba muy para adentro. Después empezamos a escuchar sus canciones para tocarlas, a versionar acordes y letras, y eso llevó varios meses. Fue un proceso muy lindo, aunque raro, porque éramos una banda que estaba en un gran momento. El gran registro que quedó es el disco “El regreso”, con veinte o veintidós temas, aunque llegamos a tener un repertorio de cuarenta o cincuenta canciones. Con él la relación fue muy buena y no terminó mal; después Gustavo (Cordera) tuvo idas y venidas mediáticas de comentarios, pero nosotros no. Él había sido además padrino de nuestra banda en 1991, en un ciclo de bandas nuevas en el Teatro de las Provincias. Vino a vernos a Oliverio Mate Bar, nos fuimos a tomar unos tragos al Astral, y esa noche lo acompañé en versiones de “Mi caramelo” y “Nuestro Vietnam”. Esa noche vino también Javier Martínez, que terminó tocando un par de temas, enloquecido con la batería de Carlitos.
— ¿Cómo está hoy la relación con Gustavo Cordera?
— Hace tiempo que no hablo con él, pero en los años que pasaron siempre tuvimos una conexión. Hay otros compañeros míos que no volvieron a hablar nunca más con él, y yo respeto todas las posturas y los sentimientos. En su momento le dije que si quería volver a la banda tenía que comunicarse con sus compañeros, cosa que no pudo hacer.
— ¿Qué posibilidad hay de que en algún momento vuelvan a compartir un escenario?
— Mi opinión, que no puedo extender a los demás compañeros, es que teóricamente era posible, pero el tiempo me fue demostrando que es bastante difícil. Ya pasaron 17 años de todo esto. Igual, imposible no lo veo.
— ¿Cómo viviste en lo personal la época de la cancelación de Cordera tras una entrevista?
— Lo viví con dolor, porque siempre lo sentí un compañero, un amigo. Nos afectó mucho como banda porque, más allá de la distancia y las diferencias, nunca dejaron de relacionarnos con él. Pasamos juntos 20 años. Siempre lo voy a tener en el corazón.
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