Naím Benítez pudo. Su sueño partía desde el más puro deseo. No había amparo, no había respaldo, no tenía contactos, no obedecía a un legado familiar, no había puertas que se abrieran por una fuerza ajena a su propio impulso. Era un chico nacido en el barrio Don Orione, de la localidad de Claypole, en el partido bonaerense de Almirante Brown, con una relación discreta con el mundo del espectáculo. Había sido, con apenas un año y medio, el hijo de Mariano Martínez en la telenovela Son Amores y su papá había trabajado como doble de Marcelo Tinelli. Nada más.
Su papás se separaron. Como las casas resultaban chicas, él se fue con su papá y su hermano, dos años menor, se quedó con su mamá, que pasó de vender pollos, a montar un videoclub, a ponerse una verdulería y ahora aplacó su veta emprendedora como empleada. Naím terminó el secundario en 2019 y comenzó a trabajar en el call center de un estudio jurídico en Tribunales. Hubo algo que lo saturó. Tal vez el brote de una vocación anestesiada. Su mamá le dijo que estaba loco cuando abandonó un trabajo en blanco, seguro. Su supervisora le preguntó, de curiosa, por qué renunciaba. “Voy a ser modelo”, le dijo. La supervisora le respondió, de cortés y descreída, “te deseo lo mejor”. Él sentía que ella dudaba que lo vaya a lograr. La entendió porque él sentía lo mismo.
Para entonces, sus seguidores ya se contaban en miles, había recibido una remuneración por sus publicaciones y había ahorrado para soportar seis meses de creación. Se convirtió en un creador de contenido y en un creador de su camino. Tenía un objetivo: desfilar en la Fashion Week de Buenos Aires. Por eso, antes se dedicó a desfilar por donde sea: en un cementerio, a la vera de una autopista, sobre containers, en el palier de su edificio, entre las calles de tierra de su barrio. Es la aventura de un chico que se propuso una meta y que construyó una mentalidad en el camino. “Si yo pude, vos podés, tranquilamente”, enseña al final de esta nota.
—¿Hasta ese momento el sueño cuál era?
—Siempre tuve afinidad por la moda, por la estética. Siempre me encantó vestirme bien. Veía y seguía modelos en Instagram y decía “qué ganas de…”.
—¿Desde chico?
—Sí. Además mi mamá me decía todo el tiempo vos tenés que ser modelo. Pero viste que uno cuando la mamá le dice cosas cree pero lo agarra con pinzas. Y me pasó de que a medida que fui creciendo me lo iban diciendo cada vez más personas que no me conocían y entonces dije “bueno, puede haber algo, vamos a intentarlo”. Pero claro, ¿cómo hace un chico que vive en Don Orione, Claypole, completamente alejado de contactos para llegar? Y entonces se me ocurrió una idea: voy a ser creador de contenido de moda.
—¿Vos ya tenías redes sociales en ese momento?
—Sí, pero no las usaba. Tenía mil seguidores en Instagram. Era uso personal, para hablar con amigos y demás. Y pasó que hice un pequeño análisis de mercado, vi en Argentina qué onda la moda, había tres, cuatro creadores de moda. Arranqué a hacer videos. Hice uno que fue muy viral, que ahí es donde dije “vamos a meterle”. Era un chiste que yo hacía bastante seguido que era volviendo a mis orígenes después de tomar un café en Palermo y era yo desfilando por la calle de tierra de mi casa. Mucha gente identificada me empezó a seguir y ahí comenzó.
—¿En la secundaria la fantasía también pasaba por la moda, por ser modelo?
—En la secundaria yo tenía otra fantasía que era ser modelo fitness pero después se me fue pasando. Pero siempre algo con la estética, con la moda. Empecé a hacer contenido, contenido, contenido, mucha prueba y error, prueba y error, a ver qué funciona.
—¿Qué tipo de contenido hacías en ese momento?
—Muchos de estos memes. Empecé a hacer algunos canjes, marcas me empezaron a mandar ropa. Yo no lo podía creer, saltaba
—Contame el primer canje.
—El primer canje me acuerdo me llega un mensaje de una marca de lentes donde me compré unos lentes una vez. No lo podía creer. Me dijeron “te queremos mandar tres, cuatro lentes y que hagas unas fotos”. Yo saltaba, yo me gastaba gran parte de mi sueldo en ropa y que me digan te los mandamos a cambio de contenido era “¿cómo está pasando? No soy nadie, está pasando”. Obviamente le hice un montón de contenido. Seguimos trabajando en el tiempo. Me emocionó muchísimo.
—Debe haber sido impactante, porque era la primera convalidación.
—Claro. Era “está funcionando, está teniendo resultados”. Y yo soy una persona que le gustan mucho los resultados. Siempre me gusta pensar que no tengo suerte, si logro algo es porque me lo propuse, planté un plan de acción, una estrategia y lo ejecuté bien ¿entendés? Hacía mucha prueba de mercado, subía mucha cantidad de videos y lo que funcionaba, vamos por ahí. Y ahí iba planeando mi recorrido, lo que genera visitas.
—¿Siempre tuviste claro que lo que te propusieras lo ibas a lograr?
—No siempre. Yo antes era bastante inseguro. Cuando arranqué el gimnasio mi seguridad empezó a subir. También influyó mucho mi ex novia. Cuando me puse en pareja ella me ayudó muchísimo a sentirme mejor conmigo mismo, me ayudó mucho también con el tema de la moda. Obviamente la vista de una mujer sobre un hombre también hace que uno evolucione. Y ahí, con esa seguridad y teniendo mi objetivo claro, yo sabía que lo que yo me propongo lo logro.
—¿Por dónde pasaba la inseguridad?
—Puede ser física. Puede ser también un poco de validación en la secundaria. Yo era de las personas que hasta cuarto año no creció de altura. Fui muy chiquito. Después crecí un montón. Y eso sí me daba un poco de inseguridad. No salía a bailar ni nada. Me sentía un poquito excluido socialmente.
—¿Te molestaban?
—No, no tanto. No te voy a decir que me hacían un re bullying. Por ahí un poquito sí, pero era muy interno mío.
—Y qué loco cómo pudiste transformar eso. Porque esa inseguridad que tenía que ver con lo físico la transformaste en hoy trabajar de tu físico.
—Exacto. Fue el plan de acción. Dije por algún lado tengo que arrancar. Y a los 15 arranqué el gimnasio. Y a día de hoy lo mantengo. Es la actividad que más me encanta hacer al día.
—El gimnasio por un lado y la pareja por otro, te fueron fortaleciendo hasta creer que podrías lograrlo.
—Y si nos metemos un poquito más en la etapa de creador de contenido, yo recibía muchos comentarios malos. Porque era de los primeros que empezó a usar boxy fit, crop top. Y ser un hombre heterosexual usando crop top en Don Orione es medio raro.
—Explicame qué es un boxy fit y qué es un crop top...
—Lo que estoy usando ahora es medio crop: hasta la cintura, que se vea el cinturón. Y boxy fit también, que corte en la cintura, que se midan bien las proporciones, que las piernas luzcan largas, que la parte de arriba luzca corta. Es un tema estético.
—Y eso se veía raro en el barrio.
—Sí, raro, muy raro. Acostumbrado a lo deportivo, más cultural del barrio. Recibía muchos comentarios negativos por ese lado. Y al principio me dolía pero lo supe llevar. Trataba de reírme de eso en redes. Y ahí fui armando mi comunidad, que es en la que yo me apoyaba, porque ellos me apoyaban a mí.
—¿Por dónde pasaba el hate?
—La sexualidad de base. Que era ridículo también. Que me vista bien. El típico comentario era “¿para hombre no hay?”. Me juzgaban, pero no los culpo.
—¿Respondías o decías “me genera engagement”?
—Que me genera engagement estoy seguro. Y respondía bastante, respondía mucho por historias. Subía las historias, el comentario y lo respondía ahí. Cuando ya fui adquiriendo esa seguridad, lo que hacía era tratar de mostrarle al resto que aunque te digan lo peor, dale una vuelta de rosca. Él se ríe de mí, me río de él. Para que no duela.
—¿Esa primera época de creación de contenido ya apuntaba a la moda y a la estética o era una búsqueda de por dónde?
—100% a la moda porque era lo que a mí me gustaba. A día de hoy me sigue gustando. En el camino obviamente fui buscando mis rumbos. Partamos de la base que yo siempre quise ser modelo. Yo encontré la moda y las redes sociales como un camino. Cuando arranqué no sabía en dónde iba a desembocar, yo sabía qué tenía que hacer. Hago, hago, hago, hago y en algún momento esto va a funcionar. Y ya cuando tenés algún que otro añito en redes ya vas planeando series, que es con la que arranqué a hacer el reto de desfilar cada día en la calle hasta llegar a la Fashion Week. Me acuerdo que practicaba mis pasadas desfilando en las calles de tierra de mi casa. Yo decía “algún día, algún día”. Cerraba los ojos y pensaba que estaba en Milán. Escuchaba música, todo me ambientaba. Y por suerte se dio lo de Buenos Aires Fashion Week. Tuvo su proceso.
—¿Cuando empezás con este proceso qué dicen tus padres?
—Lo que me pasó cuando renuncié... Trabajo en blanco, obra social, sueldo, comisiones. Decido abandonar. Se lo explico a mi mamá. “Estás loco, con lo que cuesta tener un trabajo hoy en día…”. A veces es difícil, decirle a tu mamá “ya soy una persona grande y tomo mis decisiones”, pero lo pudo entender. Y me acuerdo que le dije “mirá, me viviste diciendo que voy a ser modelo. Voy a probar”. Asimismo, cuando renuncié mi supervisora de curiosa me dice “che Naim, ¿qué vas a hacer? ¿Por qué renunciás?”. “Voy a ser modelo”, le dije. Y se quedó como… te deseo lo mejor. Pero con muchas dudas.
—¿Cómo decidís renunciar? Porque no había una propuesta concreta laboral.
—Para ese entonces yo le veía un potencial a mis redes. Capaz tenía 10.000 seguidores, que no es mucho, pero ya había tenido mis primeros trabajos pagos. Siempre me manejé muy bien con eso en redes. Y también había tenido una que otra producción de fotos ad honorem o por canje. Es el comienzo, tengo que apostar. Y la verdad que me sacaba bastante tiempo el estudio jurídico. Imaginate que tenía casi capaz cuatro horas de viaje y después seis horas ahí, llegaba tarde a casa, salía temprano de casa, cansadísimo. Entonces ahorré como para tener seis meses ahí. Yo igual vivía con mi mamá, no tenía alquiler que pagar ni nada de eso. Me acuerdo que ahorré y dije “día uno renuncio y al otro día ya a subir, a subir, a subir, a subir videos a full”. Sin un objetivo claro, era subir, subir, subir. En ese momento yo pensaba cuantos más seguidores, más trabajo. Después con el tiempo te das cuenta que es más cómo te manejas que por la cantidad de seguidores.
—¿Cómo llegaron estos trabajos pagos que decís que empezaron a aparecer? ¿Vos ibas a castings, te escribían por redes?
—Yo soy una persona que durante mucho tiempo tenía el pensamiento de no quiero molestar, entonces me costaba mucho tocar puertas. La idea de yo enviar un mensaje a una marca diciendo “hola, soy modelo”, me costaba muchísimo. Entonces yo decía “vamos a darle la vuelta”. Si a mí me da cosa ir a las marcas vamos a hacer que las marcas vengan a mí. Para hacer eso tengo que ser viral. Entonces ahí trataba de hacer videos lo más virales posibles siempre hablando de moda, de modelaje, poses para fotos, de estética. Y las marcas venían y me hablaban. Siempre las propuestas suelen arrancar con un canje, ahí le tenías que dar una vuelta de tuerca porque yo vivo de esto y no vivo con ropa. Me encanta la ropa, o sea la amo, pero sí o sí tengo que vivir.
—Hubo todo un logro, una construcción, que con tus videos sea la marca la que llame. Vos no tenías una agencia, no tenías un representante, necesitabas que la marca de jeans X te proponga trabajo. Era difícil.
—Era complicado. Yo en ese momento lo veía más fácil de lo que suena. Ahora que miro para atrás digo “me hubiese manejado distinto tal vez”. Elegí el camino más complicado pero así me curtí bastante a nivel contenido, porque yo trataba de que mi contenido no sea un video al azar de subir treinta videos y a alguno le va a ir bien.
—¿Cómo hacías para llamar la atención de una marca?
—Siempre me fijé mucho en la estrategia, entonces mis videos tenían un buen gancho. En ese momento no entendía mucho de retención y de call to action, pero sí me enfocaba en el gancho. Los primeros tres segundos tenían que ser algo que te llame la atención. Y después trataba mucho de que la gente se sienta identificada conmigo.
—¿Pero hablabas de moda, de tu experiencia, desfilabas? ¿Qué contenido hacías?
—Al principio, me compraba un buzo, le hacía un video y lo reseñaba. Decía “este buzo me parece un 10 de 10 porque es boxy fit entendés”. O hacía lo que yo digo “video meme”: volviendo al barrio después de haber estado una tarde en Palermo. Funcionaba muy bien. Y también las reseñas de la ropa. Yo trataba de vestirme diferente para el contexto en el que estaba. Gente del contexto se sentía identificada conmigo. Se traducía en comunidad.
—¿Qué hiciste con la primera campaña que pagó?
—Uh, la primera campaña que pagó. Partamos de la base que yo hice muchas marcas de emprendimientos y obviamente hice algunas publicidades copadas. Soy una persona que ahorra. De momento mi plan es mudarme a Capital. Tengo muchas ganas de estar cerca de todo y estoy planeando esa vuelta. Pero suelo cuidar mucho la plata. No suelo hacer gastos muy raros. Sí me compré mi teléfono porque es mi herramienta de trabajo. Pero sí puede ser el teléfono lo primero que me compré. Un iPhone XR.
—¿En algún momento charlaste con tu mamá o con tu papá el, bueno, vieron que algo se va armando?
—Sí, sí, sí. Yo me acuerdo que era una lucha interna conmigo mismo. Y también un poco para demostrarle a mi mamá que pude entendés.
—Pasa que es difícil también explicarles a los padres que uno es creador de contenido.
—Imaginate, yo grababa contenido en el palier de mi casa porque mi habitación no tenía buena iluminación, las paredes azules, mucho mueble. Entonces yo todos los días me levantaba a las ocho porque a esa hora no pasaban vecinos, ponía el trípode con aro de luz y me grababa ahí. Y planeaba transiciones. Era mucho de las transiciones, de los sonidos, porque tenía que llamar la atención. Yo decía esto tiene que llamar la atención. Nunca me vas a ver en un video diciendo “hola, soy Naim, voy a hacer un get ready with me”. Jamás. Yo te arranco saltando, desaparezco acá, aparezco acá. Te revuelvo una zapatilla, te gira en el aire. Aprendí muchas herramientas de edición y eso es lo que utilizo como diferencial en mi contenido.
—¿Porque no querías gente en el video: daba vergüenza?
—No, en ese entonces ya la vergüenza había desaparecido. Ya era serio. Imaginate que tenía seis meses de ahorro. Seis meses en adelante. La presión iba por otro lado. La vergüenza había pasado a segundo plano. Era más para no molestar porque la gente usualmente sale con los hijos, se fuma un cigarrillo, pasea al perro. Y no quería estar yo ahí con toda mi ropa en una valija, el trípode, yo saltando, haciendo locuras. Entonces yo hacía de ocho a diez. En invierno, un frío terrible. En invierno un poquito más tarde porque a las ocho no había luz todavía. Y en verano, un calor terrible también.
—Había un plan.
—El día anterior yo planeaba las escenas y las transiciones y el tema del que iba a hablar. Pero todo estaba muy pensado porque yo no estaba jugando básicamente. Y lo de la luz siempre para mí fue muy clave y yo no lo cambiaba por nada. Entonces, si en mi casa no había buena luz, grababa afuera.
—Tuviste que aprender mucho en el camino. Más allá del modelaje. Porque tuviste que pensar el storytelling, la edición, las herramientas, la luz.
—Una cosa me llevó a la otra y traté de profundizar cada temita y mejorarlo para hacer las piezas audiovisuales que hago hoy en día que si yo me siento y le dedico tiempo al video yo sé que le va a ir bien. Ya es una seguridad.
—¿Cómo nace el desafío?
—El desafío. Es muy chistoso, es rara la anécdota. Estaba yendo con mi mamá a comprar ropa a Flores, se nos quedó la camioneta al borde de una autopista. Nos bajamos, hacía calor. Y yo para boludear dije “algo le tengo que sacar a esta situación”. Y digo “voy a hacer un videíto diciendo ‘che, se le quedó el auto de mi mamá pero voy a hacer una pasada tipo de una pasarela’”. Le di el teléfono a mi mamá, le di dos indicaciones para que más o menos se ubique, y me grabó desfilando al borde de la autopista. Cuando llegué a mi casa dije “che ¿y si hacemos una serie?”. Yo me inspiré mucho en Gero Arias. Reto de todos los días haciendo dominadas hasta que termine el año. Yo dije “vamos a hacer algo parecido pero con el modelaje”. Trataba de que el lugar en donde desfilaba sea llamativo. Lo hice abajo de la lluvia, arriba de un contenedor, en un cementerio. Cuando Argentina le ganó a Inglaterra salí a festejar y me grabé un video desfilando con todo el quilombo que pasaba. Entonces, también un poco de motivación de esta chica ¿cómo se llama? Anabel Sánchez.
—¿Qué nace primero, las ganas de hacer un challenge o el objetivo por el que lo estabas haciendo?
—El objetivo siempre estuvo en mi cabeza. Esto que te digo es que yo desfilaba en la calle tipo de tierra de mi barrio, yo cerraba los ojos y decía yo estoy ahí, estoy en Milán. Si bien lo veía lejos, ahora ya no, yo sabía que en algún momento algo iba a pasar pero si uno no toma acción las cosas no pasan. Con querer no alcanza. Yo siempre digo lo mismo, con querer no alcanza, hay que hacer algo. Entonces, si vos me preguntas qué estaba primero el reto o el objetivo, el objetivo 100%, nada más que no sabía cómo hacerlo. El reto es un medio.
—¿Cómo decís “para estar en la Fashion Week voy a empezar a desfilar en la calle”?
—Desfilar en la calle, desfilar en lugares random. Mi idea era llamar la atención. Es algo que me ha funcionado en el pasado entonces decía “cómo hacemos que algo tan simple como caminar llame la atención”. Tengo que buscar un buen spot, algo que sea llamativo, un buen outfit. Combino la moda con el modelaje con un objetivo. Hice una prueba, subí este video, le fue muy bien, entonces bueno, le damos.
—Empezás en algún momento a ponerlo en palabras...
—Al principio no. Yo arranco a hacer el reto sin contar mi objetivo.
—¿Hace cuánto?
—Hace tres meses más o menos. Yo hice primero la prueba, funcionó, bueno, lo hacemos oficial. ¿Qué pasa? Se me hace muy viral un video desfilando en el medio de la calle, literal, ahí en Banfield. Ya está, hay que darle derecho para la Fashion Week. Cuento un poco mi historia. Me hablaste vos en ese entonces y me sale una oportunidad.
—El sueño en ese momento era la Fashion Week.
—Sí.
—Primero la de Argentina.
—Obvio, paso a paso.
—Si lo lograbas iba a ser tu primera vez en la Fashion Week.
—Obvio, primero hay que ganar experiencia. Yo siempre soy partidario de eso.
—El reto era que tenías que subir videos, ¿cada cuánto?
—Yo trataba de subir uno por semana, capaz uno cada dos semanas pasa que el hecho de desfilar todos los días se iba a volver repetitivo, aburrido, y me iba a quedar sin spots. Trataba de buscar un buen lugar, un buen contexto y apostar a eso. Cada una semana yo maquinaba, ahora dónde. Arrancaba a llover torrencialmente, le decía a mi novia “vamos, hay que hacerlo, está lloviendo”.
—“Qué hincha pelotas”, te decía.
—No quería saber nada, pero yo le decía por favor, es el momento. También siempre pensé ¿cuántas personas lo harían? Nadie tiene ganas de desfilar abajo de la lluvia. Bueno, vamos a hacerlo entonces. Si nadie lo quiere hacer yo lo hago.
—¿Cómo fue la respuesta cuando contaste que lo estabas haciendo y por qué?
—Fue increíble. Creo que nunca recibí tanto apoyo como con ese video. La gente me empezó a bancar muchísimo, me empezó a apoyar, a decirme cosas re lindas sobre que lo iba a lograr, sobre que tenía características y eso obviamente te la re sube y te motiva a darlo todo. Muchos me comentaban un parecido con Iván de Pineda. Es algo que me dice mi mamá todo el tiempo y yo lo amo.
—Es amigo Iván, lo quiero.
—Es un crack. Ojalá algún día lo pueda conocer, pero es muy capo. No solo en la moda sino que su inteligencia es una locura. Pero bueno, todo el mundo me empezó a bancar, me empezó a seguir mucha gente a raíz de ese video y ahí es donde “mi foco está en esto”. Ahí es donde viene la oportunidad.
—¿Cómo fue?
—Me manda un mensaje una marca que se llama The Crisi, Eduardo, y me dice “che, ¿estás para la Fashion Week en dos semanas?”. “Obvio”, le digo.
—¿Ya habías trabajado con ellos?
—Nunca. Sabía que habían estado en Fashion Week, pero en años anteriores.
—Era lo que vos soñabas.
—Era lo que yo soñaba. ¿Pero qué me había pasado antes? Dos semanas antes de la Fashion Week me rompo la nariz.
—¿Cómo?
—Me pasó que tuve un altercado con un chico que casi me choca en bicicleta que venía en contramano y no soy una persona de reaccionar con violencia ni demás, pero la situación se puso un poco tensa, me asusté y bueno, cosas de la calle que siempre tuve miedo que me pasen y me pasó en el peor momento.
—¿Pensaste que se diluía todo ahí?
—Me pasó. Le mandé una foto a un amigo a la media cuadra y le dije “me arruiné la vida”. Todo lo que tengo soy yo, todo funciona en base a mi trabajo. En ese momento pensaba que era el fin del mundo. Ahora estoy clean de nuevo, muy feliz por suerte. Pero le comento esto a la marca. La foto. Me dijeron “faltan dos semanas, se te va a ir”. Y me citaron a la prueba de vestuario. Yo ahí estaba, me aceptaron igual. Listo, voy. Ni bien me ve Edu me dice “olvidate, parece que estás maquillado, parece que es una perfo. Lo hacemos así. Vas con curita y todo”. Y así fue, el día del desfile con la curita puesta.
—¿Te pagaron? ¿O era más la experiencia de estar ahí?
—Yo soy una persona que analiza mucho cuando conviene una oportunidad y cuando conviene por ahí negociar. Yo en ese momento dije también “¿cuánto cobra una persona que desfila en Fashion Week? ¿Esa plata me conviene más que la oportunidad?”. Yo hice el balance: me dio que no, vamos por la oportunidad.
—¿Cuánto gana un modelo hoy? ¿Cuánto se paga una producción de fotos? ¿Cuánto se paga las pasadas en Fashion Week? No sé cómo es.
—A ver, depende mucho el modelo, la experiencia que tenga, el recorrido. Pero tranquilamente un modelo puede estar cobrando 100 mil pesos la hora a día de hoy en una producción. Y en una Fashion Week tengo entendido que es lo mismo pero por jornada. No he indagado con modelos top si no, o sea, top me refiero a que hayan modelado en París. Eso no tengo idea todavía. Pero si sé que ronda puede ser 100, 150 mil pesos.
—La jornada que tiene varias pasadas.
—Claro, sí, sí. La jornada estamos hablando de que un desfile te citan muchas horas antes para peinarte, para maquillarte, y hasta el momento de la pasada que por ahí son diez segundos vos tenés que estar horas. Muchas horas.
—¿Estabas feliz?
—Sí, no lo podía creer. Lo estaba vlogueando y decía “¿qué está pasando? Estoy acá rodeado de gente que está en el mismo ámbito que yo. Esos contactos que yo creía tener lejos están todos acá”. Charlé con mucha gente. Me gusta mucho hablar con otros modelos, con otros artistas, estilistas, la chica que me peinó, todo.
—¿Cuál es el próximo paso? ¿Cuál es el próximo sueño?
—Me encantaría desfilar en Milán. Es lo más alto que aspiro hoy en día.
—¿Cuándo es la Fashion Week de Milán?
—No tengo idea. Si te soy sincero no tengo idea, porque de alguna manera sé que está lejos, entonces yo voy pasito a pasito. De momento estoy tratando de profesionalizarme, de ganar experiencia. Y si ahí afuera hay alguna agencia profesional que sepa más del tema y me quiere instruir yo estoy abierto a escuchar propuestas. Pero sé que solo es complicado siendo freelance.
—¿De qué marca te encantaría ser la cara si podés soñar?
—Uh, Dolce & Gabbana. Balenciaga me encantaría. Tiene un nicho muy particular. Por ahí marcas top: Gucci. No sé, todavía no hice el análisis de para qué marca estoy, qué estar marca no. No hice el análisis de qué modelo buscan. Pero quiero lo más top. Siempre apunté a lo más top y voy para allá.
—Mientras te escuchaba pensaba en ese Naim que lo incomodaba escribirle a marca para ofrecerse y que a la vez le escribió al mundo en sus redes sin miedo a ofrecerse, sin miedo a decir “estoy haciendo este reto y quiero estar en la Fashion Week”. Te bancaste decir “este es mi sueño y salgo a desfilar abajo de una tormenta para conseguirlo”. No es facil bancarsela.
—Sí, la verdad que sí, he hecho muchas cosas. Siempre me dicen “no cuentes tu proceso, no cuentes las cosas malas”, y yo cuento todo porque es parte del camino. Es mi camino. Y también es darles el mensaje a mis seguidores y a mi comunidad de que soy un chico normal, entendés. Eso es lo que a mí me encanta: yo soy un chico normal, que se propuso algo, que construyó una mentalidad en el medio, pero si yo pude vos podés, tranquilamente.
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