“Quise quemar mi pasado”: la historia de Fernanda Mistral, la actriz que desapareció por diez años para encontrarse a sí misma

De niña armaba cementerios para animales en su jardín y a los 15 años comenzó una carrera brillante en cine y teatro. En esta entrega de La vida después, la artista repasa sus múltiples identidades, el cambio de vida en la India y la entereza para atravesar las pérdidas más profundas

La entrevista de Luis Novaresio
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Hay vidas que no caben en una sola identidad. Para la chica de ocho años que juntaba hormigas en el jardín para darles sepultura, la historia empezó como Edith. Para la televisión pionera de los años cincuenta y los grandes éxitos del cine y el teatro nacional, fue Fernanda Mistral. Y para el ashram en la India donde decidió abandonar la actuación para buscar su verdadero ser, fue Nandito.

Con más de siete décadas de trayectoria, la actriz construyó una carrera guiada por la búsqueda de prestigio más que por el brillo efímero de la fama. Entre el recuerdo de sus tres grandes amores, el compromiso con su propia libertad y el aprendizaje que llegó con sus hijas, Mistral repasa el recorrido de un espíritu inquieto que aprendió a despojarse de los personajes, abrazar la impermanencia y entender la actuación como un juego consciente.

Luis Novaresio: ¿Quién es Edith Dolly Peruyera?

Fernanda Mistral: Soy una de esas tantas que soy. Soy “Edith” porque mis padres me pusieron ese nombre. Soy “Fernanda” porque un productor me puso ese nombre. Soy “Nandito” porque un maestro espiritual me puso ese nombre. Soy “Lala” porque mis nietos me pusieron ese nombre. Ahora yo no sé quién soy.... Una de las cosas que siempre me he preguntado y que me da curiosidad a la edad que tengo es quién soy. Porque soy todos esos nombres, con esos personajes detrás de esos nombres y muchos más que he hecho profesionalmente y con los que me he identificado muchísimo. Y con otros personajes que he adquirido porque el otro me ha pedido que lo hiciera; he sido bastante sumisa con respecto a eso.

Fernanda Mistral en una escena de Muñeca brava junto a Arturo Maly
Fernanda Mistral en una escena de Muñeca brava junto a Arturo Maly

LN: Hay algo que me impacta cada vez que te veo o te escucho, sea que nos encontremos en Los Inmortales o que nos encontremos acá, que es el don de la elocuencia. Cualquier cosa que digas: “Comete esta pizza de muzzarella con de fainá” o Chéjov… ¿Cuándo te enteraste de que tenías el don de la elocuencia?

FM: Es que recién ahora, yo no lo sabía. Será porque quiero hablar, es decir, yo siempre tengo algo que decir. Y digo tantas pavadas que ni te imaginás. Pero es cierto, siempre tengo algo que decir. Y creo que fue lo que me ayudó en la niñez para incitar a mis padres a que me pusieran en un teatro infantil para que fuera actriz. Ellos se dieron cuenta de que esta nena hablaba tanto, hablaba de todo y armaba cementerios.... Entonces me pusieron a los ocho años en el Teatro Infantil Labardén.

LN: No voy a dejar pasar así lo de armar “cementerios”, ¿vos armabas cementerios con todos los animalitos que encontrabas muertos?

FM: Sí.

LN: ¿Y eso cómo lo recordás?

FM: Hoy... me conmueve y al mismo tiempo me entristece, porque hablaba de una nena que estaba conectada con la muerte. Y que además, en vez de jugar, porque mis hermanas eran bastante mayores que yo -de las cinco mujeres yo soy la menor y pero la que me seguía me llevaba seis años-, yo estaba en los canteros de mi casa, en los jardines, buscando la hormiguita, la arañita, para poder sepultarlos.

LN: ¿Qué pasa a tus 15 años?

FM: Yo estaba en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático. Y fuimos con una amiga, Laura Sánchez, una actriz, a Canal 7, que estaba en la calle Posadas. Íbamos a ver qué pasaba ahí, qué sé yo… Y pasa un productor y dice: “¿Ustedes son actrices?”. “Sí, somos”. Y nos engancha para una publicidad. En la publicidad, Laura tenía una plancha antigua a la que le ponía carbón, en contraste con una figurita más moderna que planchaba con las planchas Atma, que era yo.

LN: Fuiste “la planchadora moderna”.

FM: Exactamente.

LN: La plancha no te llevó a una tarea doméstica, te llevó a la publicidad, al cine y a una carrera…

FM: Sí, porque ese mismo productor me convoca para hacer una telenovela con Juan José Míguez, mi primera telenovela, que se llamaba Bedelia, en el año 1951. Ya había hecho teatro independiente y seguía en el Conservatorio. Y mi oficio siempre ha sido el de actriz desde el Labardén. Y así, después continuó mi parte profesional a muy temprana edad, porque vi que con el oficio que yo hacía podía vivir, ganar dinero y ser independiente. Mamá decía, como Simone de Beauvoir: “La libertad de la mujer empieza en el bolsillo”. La primera película que hice fue a los 15 años con Klimovsky, Suburbio. Ahí gané mi primer sueldo importante.

Fernanda Mistral y Silvia Legrand en Campo arado (1959)
Fernanda Mistral y Silvia Legrand en Campo arado (1959)

LN: ¿Qué hiciste con ese dinero?

FM: Le regalé una medalla de oro a mamá que hoy conserva mi hija. Ojo, en ese primer trabajo todavía me llamaba Edith, porque “Fernanda” me lo puso Daniel de Alvarado cuando continué trabajando. Porque la primera historia, Bedelia, la hice como Edith Peruyera. Cuando empiezo con Daniel, siempre en Canal 7, ahí empecé a llamarme Fernanda porque a Daniel Alvarado no le gustaba mi nombre. Yo me hubiera puesto cualquier nombre con tal de trabajar.

LN: Y no te importó que Edith Dolly Peruyera tuviese que, por un rato, cederle el paso a Fernanda Mistral.

FM: No estoy identificada con ninguno de ellos. Edith era una ilusión de mamá, porque fijate, que una persona gallega, casada con alguien de ascendencia asturiana, le ponga a una hija “Edith”... qué ilusiones en su cabeza habrá tenido de algo teatral, algo de vedette, algo así. “Edith Dolly”... con un apellido Peruyera... Y después vino Fernanda con Daniel y después siguió mucho camino Fernanda. Hasta hoy estoy aquí por Fernanda. También estuvo “Nandito” cuando en un momento yo quise dejar la profesión. La dejé por diez años.

LN: Eras una estrella. Una megaestrella...

FM: Era una mujer que trabajaba mucho. A mí lo de “estrella” nunca me pegó ni me sigue pegando. Hay palabras que no encajan conmigo. Lo de “estrella”, lo de “fama”... me gusta más “prestigio”. Llegar a trabajar en un oficio y prestigiarlo, más que darle fama. La fama la dan los medios; el prestigio lo da otro camino. No sé si he sido prestigiosa, pero he intentado hacerlo.

La Vida Despues - Fernada Mistral
"Era una mujer que trabajaba mucho. A mí lo de estrella” nunca me pegó ni me sigue pegando", afirma Mistral (Maximiliano Luna)

LN: Un ladrón es famoso, no es prestigioso.

FM: Exactamente.

LN: Me voy a corregir, porque creo que corresponde: te hiciste notoriamente prestigiosa, notoriamente admirada por el público, por tus colegas y por empresarios. Y un día Fernanda Mistral dice: “Voy a parar”. ¿Me contás por qué?

FM: Están implicadas varias cosas. Yo siempre tuve mucho contacto con trabajos donde intervenía el cuerpo. Hice mucho Feldenkrais, hice muchos trabajos corporales que te conectan con otra parte de tu ser; no te conectan solo con la cabeza, sino con los dolores, con algo que hay más adentro del cuerpo o más allá del cuerpo. Esos trabajos que hice, me llevaban a que había algo más. Y mi hija Roxana estaba en la India, había encontrado a su maestro y estaba allá. Y en un momento dado yo siento que tengo que viajar a la India. Se dio la oportunidad con Carlos, que era mi pareja en ese momento —y mi última pareja, porque tuve dos antes—, y me dijo: “Bueno, vamos a la India”. Y fui. Cuando entré al ashram, mi hija estaba ahí trabajando en una escuela que se llamaba La No-Escuela, como el desaprender. Y vi a un maestro que me conectó con mi ser, con eso que yo sentía que estaba compartido. Se cayeron todos los personajes. Se cayó Edith, se cayó Fernanda. Y decidí estar un tiempo sin el personaje de Fernanda y el personaje de Edith, y recibir a Nandito.

LN: ¿Tu maestro de vida -digo bien- es Osho?

FM: Mi maestro de una parte de mi vida, porque tuve muchos maestros. Muchos animales maestros. Ahora que recuerdo a mis maestros, me acuerdo de mi maestra de sexto grado, donde encontré algo diferente; la hermana Vicenta, de tercer grado en un colegio de monjas, que le dijo a mis padres: “Esta chica tiene que ser actriz porque dice muy lindos versos”; la maestra de arte dramático en el Labardén, Dora del Grande; la maestra de danza, la señora de Frontini; el maestro de educación, Cunill Cabanellas. Y los que siguieron: Fernández, Alezzo, Arata...

LN: Tuviste algunos maestros...

FM: Todos han sido mis maestros. Ahora, el que abrió la puerta de mi ser, donde mi maestro interior aparece, fue él. Él te hacía confiar en tu maestro interior más que en el maestro de afuera. Eso es lo que tenía Osho. Me quedé un tiempo en el ashram. Él sigue siendo el primero que abrió esa puerta, y después vinieron los Krishnamurti, los Gurdjieff, los grandes maestros que siguen estando hoy mismo, Rinchen, que es budista... Si estás abierto tenés tantos maestros.

Fernanda Mistral se inició con el maestro Bhagwan (años más tarde conocido como Osho) (Foto: Tadeo Jones)
Fernanda Mistral se inició con el maestro Bhagwan (años más tarde conocido como Osho) (Foto: Tadeo Jones)

LN: Yo sabía que tenías el don de la elocuencia, pero no sabía que hablabas con las manos. Hay un lenguaje tan bello que casi invitaría a quien nos esté viendo a que no nos escuche y solo mire tus manos. ¿Cuándo te enteraste de que tenías el don de la elocuencia y el don de la palabra en las manos?

FM: ¿Ves? Este maestro me está descubriendo dos cosas: me descubriste el don de la elocuencia, que desconocía, y ahora el don de las manos, de la palabra con las manos.

LN: Con las manos, con esas manos, Nandito —que es el nombre que recibís en el ashram— quema las fotos de Fernanda Mistral. ¿Por qué?

FM: Bueno, porque en una de las locuras que uno tiene cuando se enamora de alguien es cometer actos así: “Empiezo una vida nueva, quemo el pasado”. Ahora me arrepiento. Menos mal que me salvó mamá, que conservaba fotos mías, si no no hubiera tenido nada. En ese momento, cuando me inicié con Osho, yo quería quemar mi pasado. No me interesaba nada de lo que había hecho y quemé una cantidad de cosas… Pero también es bueno quemar, no acumular, no apegarse a eso. Uno tiene el vicio de recoger y acumular, pero no hay nada permanente, hay una impermanencia en la vida. Así que bueno, partieron.

LN: ¿Nada perdiste o nada anhelás como irrecuperable?

FM: No, tengo momentos que son irrecuperables, que ya no están más ni van a estar. El momento de estar enamorada, por ejemplo. Ese estado de estar enamorada no me pasa más. Eso lo añoro muchísimo, porque estar enamorada es como estar ciega y solamente sentir lo que te pasa con el otro. No tengo grandes enamoramientos, con personas, con ídolos...

La Vida Despues - Fernada Mistral
Fernanda Mistral participó de La vida después de Luis Novaresio (Maximiliano Luna)

LN: Ni menos con cosas.

FM: Menos con cosas.

LN: Estoy con vos en el ashram, en la India. Tu maestro te abre la puerta para habitar tu vacío y ver quién sos. Y sin embargo hay un momento en el que volvés a la Argentina, pasando primero por Europa. ¿Por qué? ¿A qué volviste?

FM: Porque nunca dejé de estar en la Argentina. Es algo que he comprobado ahora que soy una vieja. Nunca me fui. Pero cuando volví definitivamente de España —porque viví 23 años en dos partes: los diez primeros años, después interrumpí, estuve todo el ’90 aquí donde trabajé muchísimo—, después de haber dejado de ser Fernanda, volví a encontrarme con Fernanda de otra manera. Sabía que era un juego y no era tan verdad, y jugué el juego de la mejor manera. Me encantó jugar a Fernanda. Esta última parte de Fernanda la jugué con éxitos muy grandes en teatro, en cine, y me gustó hacerlo. Y volví definitivamente por la muerte de mi hija. Cuando murió mi hija mayor, Viviana, estaban mis nietos acá y sentí que no tenía más nada que hacer allá, que era más necesaria cerca de la familia.

LN: Te escuché reprocharte tu condición de madre o tu forma de ser madre, pero no de abuela.

FM: No, de abuela no, porque ya era más madura, más inteligente... Uno cuando es madre no sabe si lo es por mandato —en mi caso ha sido por mandato— o por el deseo de serlo. El deseo de ser madre creo que es un trabajo. Yo he aprendido, como tantas cosas, a ser mamá, pero no lo sentía. Tenía una niña y trataba de dársela a mi mamá para salir. A los 20 años tuve mi primera hija. Mamá me ayudó mucho a criar a mis hijas, yo quería trabajar, estaba en otro plan. Además, yo no recibí una madre afectuosa, recibí una madre responsable. Mi mamá no te daba un abrazo ni por chiste, te daba un beso cuando se iba a Mar del Plata, pero no había afecto corporal. Eso lo trabajé mucho en todas mis terapias: no nos abrazábamos. Y yo hacía lo mismo, no abrazaba a mis hijas. Aprendí a abrazarlas con mis terapias y ellas a abrazarme a mí. Fueron mi enseñanza.

LN: ¿Roxana y Viviana te enseñaron?

FM: Me enseñaron todo. Empecé a aprender de ellas un montón, a reflejarme en ellas, a sentir lo que es el dolor de estar ausente... todo me lo enseñaron mis hijas. Yo no sentía nada, yo hacía cosas, ellas estaban bien. Eso sí, fui muy responsable: médico, dentista, educación, una cantidad de cosas...

Como yo no hablaba inglés y me quedó como cuenta pendiente, ellas tenían que hablar inglés desde los seis años, escuela bilingüe, ese tipo de cosas. En mi casa materna se valoraba la música, por eso compraron un piano, había que tocar el piano. Y había una viejita del barrio que era francesa y nos enseñaba francés, a la que yo le adelantaba el reloj para que se fuera porque me aburría. La vida fue una cadena de circunstancias donde pude aprovechar algunas y otras no. A mí la vida me otorgó todo, yo nunca pedí trabajo. La vida me otorgó trabajo, la vida me otorgó maestros. Quizás yo supe ver eso y aprovechar la oportunidad. Eso sí.

Fernanda Mistral en Mujer Visión, de ATC
Fernanda Mistral en Mujer Visión, de ATC

LN: La vida te otorgó, sí... pero la vida te quitó una hija. ¿Cómo se aprende a perder un hijo?

FM: Se aprende poco. Se aprende a vivir sin ella, aunque está permanentemente presente, sobre todo en los acontecimientos familiares. Se aprende a la ausencia. Me acuerdo de que mi terapeuta, me dijo: “La pena te va a quedar siempre, no te la vas a poder quitar. El dolor sí”. Y es verdad. Hace poco, el 2 de octubre, cumplió años Florencia, su hija, y ella no estaba. Es muy difícil, pero no es paralizador. Por lo menos en mi caso no fue paralizante. Se me cayó un poco el pelo, somaticé muchas cosas en el cuerpo, pero seguí viviendo.

LN: ¿Sos buena abuela?

FM: Sí, soy buena. Como mi abuelo asturiano, que tenía una costumbre fantástica que yo seguí usando: nos daba plata. Nos ponía en fila y, en vez de darnos juguetes o algo, nos daba dinero. Y el dinero es maravilloso, aprendí con él que no es nada sucio, es útil, podés obtener cosas. Lo que hay que saber es cómo usarlo. El dinero es maravilloso.

LN: Me quedé pensando en esta libertad tuya de no ser ninguna y ser todas al mismo tiempo. Cuando volviste para ser la madre de Facundo Arana en Muñeca Brava, fue un estallido de popularidad, de notoriedad... ¿Qué recordás de eso?

FM: Lo recuerdo, pero no me pesa, no es un valor. A mí me encanta estar con el público, me gusta que el público venga al teatro. Cuando hice Despedida en París hace diez años, era una sala pequeña y había un público receptivo. Cuando hice algún tipo de material de trabajo no solamente comercial... que es necesario, imprescindible para que la industria del teatro siga existiendo. Estoy de acuerdo con el señor Rottemberg, que dice que la única manera de que siga existiendo el teatro es teniendo figuras importantes arriba, porque la gente de repente no elige venir a ver un Chéjov o un O’Neill, elige ver a Francella, a Suar, a nombres grandes.

LN: ¿Pero qué te pasaba con el público de Muñeca Brava?

FM: Lo agradezco, me parece lindo, me encanta. Este oficio tiene que ser rentable, y vivimos gracias a ellos que nos vienen a ver. Pero me gusta más una comunicación conmovedora, de algo que nos conmueva a los dos. Me encanta la gente que se divirtió conmigo en obras de éxito que hice con Bebán, con Bredeston... todo ese mundo de Mar del Plata en los años ’60 donde en realidad tenían más éxito los varones que las mujeres. Bueno, ahora mismo sigue siendo igual: son pocas las mujeres que llenan los teatros, son más los varones, y las mujeres acompañan. Siempre ha sido así; ahora un poco menos, pero siempre ha sido así.

LN: Fernanda, estoy pensando en una chica que empieza y dice: “Pero no, Fernanda, yo quiero ser famosa, quiero que me conozca mucha gente...”. ¿Qué le dirías?

FM: Tiene que hacer televisión. Y ahora hay un problema porque no hay ficción. Una chica que quiere trascender busca la televisión porque entra a las casas y te hace famosa. Hoy día repiten y repiten ficciones y siguen teniendo rating... Natalia Oreiro con Muñeca Brava, un éxito total más allá de su propio talento, que lo tiene. Me gusta mucho Natalia, la quiero.

La Vida Despues - Fernada Mistral
"Tengo momentos que son irrecuperables, que ya no están más ni van a estar. El momento de estar enamorada, por ejemplo", afirma la actriz (Maximiliano Luna)

LN: La vida te otorgó mucho, pero también se llevó a Viviana y a tus tres parejas por distintos motivos. ¿Qué te pasó cuando, ya separada, le dijiste a tu segundo marido qué hacían con su militancia montonera?

FM: Cuando él entra a Montoneros, yo me separo de él. Yo estuve con él mientras éramos de izquierda. En realidad sigo siendo de izquierda cuando me quiero ubicar en algo, no tengo más remedio: me voy más a la izquierda que a la derecha.

Con Paul, que fue una pareja de 13 años en mi vida, él eligió su camino. Políticamente era muy claro, y yo también. Con los de aquella época, con Somigliana, con Verbitsky... A Horacio todavía lo trato y lo quiero, por más que no comparta cosas con él, le tengo un profundo cariño. Yo conocí al padre, éramos militantes de Ramos Mejía. No había tantas derechas en la creatividad, ni en la pintura, ni en la literatura: éramos de izquierda. Lo que pasa es que Paul decidió militar y ahí es cuando nos separamos, porque yo tenía dos hijas y no quería ese compromiso. Él siguió su camino, tuvo otra pareja que por suerte no fue dañada, y ahí terminó con su deseo de ser posiblemente trascendente en eso, porque en su vida privada no tuvo éxito, como director de teatro, aunque era un buen director. Él me abrió el mundo de las ideas y de la cultura.

LN: Quiero darnos la posibilidad de volver a dejar la pregunta del comienzo después de haber charlado casi una hora: ¿quién sos?

FM: No sé.

LN: ¿Estás feliz no sabiendo?

FM: No estoy feliz con eso, pero es lo que siento. Yo, que he tenido la experiencia extracorpórea de la muerte... yo me desprendí del cuerpo en un momento donde estuve un tiempito largo fuera del cuerpo. Sentí lo que es el éxtasis, sentí lo que es el final del túnel. Quizá lo que más se acerca a ponerle nombre a eso es esa despedida del cuerpo, de no saber quién soy, pero sí saber que soy energía y que en algún momento va a partir. Como aquella vez, va a estar en éxtasis, feliz, y se va a reencontrar con los seres que amé.

LN: ¿Qué le dice Fernanda a la niña que entraba al Labardén a empezar a hacer sus primeros palotes de artista?

FM: Cumplimos con nuestro karma.

LN: Sos fascinante. Es de las charlas más lindas que he tenido en mi vida.

FM: Gracias. Me conmueve.

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