Perú figura entre las “despensas alimentarias del mundo”, un país productor y exportador neto de alimentos, y aun así el acceso a una dieta saludable sigue siendo costoso para buena parte de su población. Así lo planteó Mariana Escobar, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el país, en una entrevista con El Peruano en la que analizó el problema de la inseguridad alimentaria y las medidas que propone el organismo internacional.
Escobar explicó que, a diferencia de países africanos y del Caribe que dependen de la importación por no contar con tierras disponibles para producir alimentos, el problema en Perú no es la falta de alimentos, sino el precio de una dieta saludable para el consumidor final.
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América Latina, la región más cara para alimentarse bien
La funcionaria señaló que América Latina es la región más cara del mundo para nutrirse bien, pese a ser agroexportadora por excelencia, desde Colombia hasta la Patagonia. Esta paradoja, explicó, se debe a que los productos agrícolas atraviesan cadenas de distribución ineficientes, con trayectos muy largos en países como Colombia, Argentina, Chile o el propio Perú, a diferencia de Europa, donde los circuitos de mercado cortos permiten que el producto llegue más barato al consumidor.
El fenómeno de El Niño agrava este panorama. Según la representante de la FAO, las altas temperaturas afectan los cultivos de limón y mango al impedir su floración dentro del ciclo normal de la planta, mientras que la sequía en la sierra golpea con fuerza a la papa, la quinua y otros granos y tubérculos andinos, con un impacto directo sobre productores que ya enfrentan niveles elevados de pobreza.
Semillas resistentes y cosechas anticipadas
Ante este escenario, la FAO presentó el informe SOFI, la evaluación conjunta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el hambre y la malnutrición a escala global. Entre las principales recomendaciones figura apoyar a los productores antes de que llegue el desastre a cada región, mediante la entrega de semillas más resistentes tanto a la sequía como al exceso de lluvias.
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En esa línea, Escobar mencionó que el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) investiga en Perú cómo mejorar genéticamente las semillas para que resistan variabilidades climáticas extremas. La funcionaria agregó que los productores también pueden anticipar las cosechas o aprovechar las áreas anegadas para sembrar cultivos como el arroz, además de que los Gobiernos latinoamericanos tienen la posibilidad de subsidiar el acceso a frutas, hortalizas y proteína animal, más allá de los granos que suelen concentrar la mayoría de los subsidios.
Programas escolares y subsidios a fertilizantes
Para llegar a los sectores más vulnerables, Escobar planteó la necesidad de fortalecer los canales de protección social, como los programas de alimentación escolar, con el fin de incrementar el aporte de alimentos frescos que reciben niños y niñas en las escuelas. Explicó que este tipo de programas requiere la participación activa de los Gobiernos regionales y locales, ya que los productos perecibles no pueden comprarse ni almacenarse de forma centralizada desde la capital. Según detalló, la FAO impulsa este modelo en distintas regiones del país desde hace más de diez años, porque además de nutrir dinamiza las economías locales y apoya a la agricultura familiar.
Respecto al encarecimiento de los fertilizantes, atribuido a la situación geopolítica en el Medio Oriente y las tensiones en el estrecho de Ormuz, la FAO desaconseja los subsidios generalizados para su compra, pues considera que generan una distorsión muy alta en el mercado. La funcionaria advirtió que, sin asistencia técnica, los productores terminan aplicando estos insumos de manera indiscriminada, lo que provoca una mayor degradación de los suelos y una sobrecarga de agroquímicos y plaguicidas en los alimentos.
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FAO y su rol de asistencia técnica
Escobar precisó que la FAO no es una entidad de financiamiento, sino un organismo de asistencia técnica especializada, cuya principal fortaleza radica en los datos y la evidencia científica acumulada durante más de 80 años. Pese a no ser un ente financiero, indicó que en los últimos cinco años el organismo logró movilizar más de 40 millones de dólares de cooperación en Perú y que actualmente formula nuevos proyectos para captar recursos de fondos y donantes climáticos.
La funcionaria también subrayó el valor de la innovación como eje de trabajo, en línea con el lema de la reciente reunión de la FAO por el Día Mundial de la Alimentación, “Innovar hoy para nutrir mañana”, que busca combinar avances tecnológicos con el rescate de saberes ancestrales sobre conservación de semillas y gestión del agua. A escala global, la organización recordó que, pese a que el mundo produce alimentos suficientes para toda su población, alrededor de 645 millones de personas siguen padeciendo hambre y 2.690 millones no pueden costear una dieta saludable.
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