La pacatería ideológica de ese momento hizo que las críticas, en malón, destruyeran un producto bueno o malo, pero que nadie olvidó. Me pegaron hasta que lo levantaron del aire, pero nadie lo olvidó.
La idea no fue entendida: una parodia de un mal policial argentino. Pero no lo entendieron.
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Un policía que, saltando de un edificio a otro, caía y no llegaba a la orilla del otro. Pero no lo entendieron.
Bisleri tenía un Ford viejo. Pero no lo entendieron.
Su vida era un disparate, con tomas de acción, pero todo salía mal. Y no lo entendieron.
Acostumbrados a los héroes de Estados Unidos, musculosos, que explotaban cinco avenidas y donde todo salía perfecto, no podía competir el pobre Bisleri, con menos de un metro setenta, con la enorme imagen de Estados Unidos.
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Y bueno, hice lo que pude.
No quería mostrar la perfección del FBI. Quería mostrar la imperfección de una policía mal paga, sin recursos, limitada y mediocre, sin preparación y castigada por un progresismo salvaje que venía a instalar una idea, acompañado por un sicariato salvaje de gente como Diego Virtz y otros, que espero se hagan cargo.
La premisa era: “Rompamos a Baby”, no por Contrafuego, sino simplemente por pensar diferente.
Todo lo que hacía era criticado, bastardeado: Baby misógino, facho, gorila y todo lo que se le pudiera ocurrir a la mediocridad del periodismo mercenario de aquel momento.
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Los recuerdo a todos y cada uno.
Muchos hoy son mis compañeros y amigos, a quienes quiero y respeto. Quizás se dieron cuenta. O quizás ya no están.
Ya no están aquellos productores que, por montañas de pauta, hacían pelota al que se animaba a producir con sus propios ahorros y no con plata del Estado, algo distinto, algo que hoy se recuerda y que, según dicen, es de culto.
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Seguramente hoy los policías ya no son gordos. Seguramente no tiran tiros a diestra y siniestra. Seguramente llegan al edificio de enfrente. Seguramente andan en autitos 0 km.
Seguramente todo cambió.
Por eso Bisleri hoy se vende en copias en algunas ferias.
Pero de algo estoy seguro: Bisleri no solo es un personaje, recordado bien o mal, pero recordado. Su creador, o sea Baby, es permanentemente reconocido por la gente.
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Y hay algo raro: manteniendo el mismo pensamiento.
El hombre, su libertad, su pensamiento y la capacidad de ver la realidad que nadie ve, como una caricatura absurda de la realidad.
P/D: Mi premio fue haber trabajado con todos mis admirados. Gracias a tantos por permitirme compartir.
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