El Gobierno se endeuda -como tantos otros- y no asume que es “su” necesidad para mantener su poder y, en lo posible, perdurar; ni que es un “asunto entre privados”, como les dice -desentendiéndose- a los 20,9 millones de personas que se endeudan, en general para comer, y se van hundiendo en un mar de intereses exorbitantes. Por eso el 20% de ellos queda atrapado en esa ciénaga, donde siente con desesperación que no sale, y que su realidad los chupa hasta desaparecer.
La acumulación de situaciones de las cuales el Gobierno se desentiende, los desaparece.
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Sin embargo, esta sensación no la vive un Gobierno que se endeuda para que paguen otros: nosotros.
Aquí debemos preguntarnos qué es la pobreza. Hay distintas pobrezas, a grandes rasgos: la intelectual o de conocimiento; la espiritual; y la que hoy se padece en Argentina, la del bolsillo. En este último estatus, las personas que la padecen, que son muchísimas, viven en carne propia el peor de los infiernos. Se desmoronan, se ahogan, porque fundamentalmente han perdido sus trabajos y porque esta legión de personas se han endeudado para comer, no para progresar.
No acuden al endeudamiento para superarse a través de una herramienta posibilitadora como es el crédito, sino verdaderamente como un manotazo de ahogado. No es para aportar a un futuro mejor, es para lo que la Constitución Nacional en su Preámbulo garantiza: comer, trabajar, educarse y con una vivienda. Pero el Gobierno no genera las situaciones para que se cumpla.
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El tejido social en Argentina está absolutamente roto y lo extraño es que las oposiciones no aparecen con el “remedio” a aplicar para zurcir las heridas -cuyas marcas quedarán para siempre en la piel de gran cantidad de personas- y devolver el sueño de un futuro posible. Ya se han perdido 370 mil empleos en relación de dependencia. Y nada hace pensar que este camino sea interrumpido con políticas del Gobierno que intenten desviar un destino horrible: el de no ser.
Hoy, para satisfacción del Gobierno, viene creciendo la uberización, que ha pasado del 12% al 16%. Es un territorio donde solo hay pérdida de derechos, de salarios, de jubilaciones, de consumo, de calidad de vida. Solo un ejemplo: el promedio salarial de un trabajador en blanco es de $ 1.450.000; el promedio salarial de un cuentapropista es $ 905 mil.
Queda claro que la pregunta es qué tipo de futuro y para cuántos ofrece este modelo. Es cierto que la inflación ha bajado, no lo suficiente. Tampoco lo refleja con exactitud el INDEC, dado que no ha actualizado componentes hoy presentes en la canasta sujeta a medición. Pero no la ha pulverizado como prometió el Presidente para este agosto. Parece que fluctúa sobre el 2%.
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¿Qué resultados muestra el modelo? Sus efectos, ¿de qué hablan? ¿Genera actividad y por ende trabajo? Veamos. Según el INDEC, el desempleo promedio del segundo trimestre 2026 fue del 7.9%, un año antes fue del 7,6%.
¿Qué pasó en el Gran Rosario, cuna de la metalmecánica y otras grandes industrias? La desocupación pasó del 7.7% (2025) al 11,5% (2026); y en el Gran Santa Fe aumentó del 5,5% a 8,6%.
Claramente, estos números son producto del modelo aplicado, facilitador del cierre de industrias, de pérdida de empleos, con impacto en el corazón de la clase media. Estos resultados son los buscados (esperables) del diseño del tándem Milei-Caputo, que no contempla al 70/75% de la población argentina. Por lo visto, la “suerte” de las personas para ser pobres o exitosas, no depende -como dijo el Presidente- de la geografía donde le toca vivir ni de los RIGIS. Santa Fe lo tiene y no zafa de picos de desocupación en sus principales conglomerados urbanos.
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Al cierre de este artículo, una sociedad deseosa de expresarse por quinta vez marchaba para mostrar sus dolores y expresar sus deseos, queriendo ser escuchada. Esta nueva manifestación no es solo por el presupuesto universitario, es para evidenciar todas las expectativas que se depositan en la educación. Parafraseando al Dr. Raúl Alfonsín, podríamos decir que con la educación no solo se vota, sino que también se come, se educa y se cura.
La educación es el principal resguardo de la democracia. El educador Alberto Croce dice: “La educación da herramientas para no ser violento, para no dejarse vencer por el consumo de sustancias o del alcohol. Para no dejarse comprar o cooptar por la corrupción. Yo aprendí que la educación, no la individual, sino la que aprendemos juntos, la que nos lleva a reflexionar y a no perder el tiempo -los pobres no tienen tiempo para perder si quieren salir de la pobreza- es la más poderosa para dejar atrás la pobreza”.
Por la vida, por el presente y el futuro marcha el 75% de la sociedad no incluida en el modelo del presidente Milei. Fundamentalmente, para que el Gobierno entienda que las leyes en democracia están para cumplirse y aplicarse como la letra sancionada indica.
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