¿Quién moviliza el miedo en 2027?

Las emociones como motor electoral

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La Teoría de la Inteligencia Afectiva sostiene que las emociones activan la razón y movilizan el juicio político en el comportamiento electoral. (Photo by Emiliano Lasalvia / AFP)

El modelo: las emociones no distorsionan la razón, la activan

Las explicaciones tradicionales del comportamiento electoral tratan a las emociones como ruido u obstáculo que interfiere con el razonamiento ciudadano. La Teoría de la Inteligencia Afectiva (AIT), desarrollada por George Marcus, Russell Neuman y Michael MacKuen, invierte esa lógica: las emociones no son el problema del juicio político, lo impulsan y movilizan a la acción.

Esta teoría distingue dos sistemas afectivos que operan en paralelo. El primero es el sistema de disposición, asociado al entusiasmo: gobierna el comportamiento habitual, activa lealtades consolidadas y permite al ciudadano votar en “piloto automático” sin necesidad de deliberar. El segundo es el sistema de vigilancia, asociado a la ansiedad: se activa cuando el entorno político genera señales de amenaza o novedad, interrumpe el hábito y fuerza al ciudadano a buscar información y reevaluar sus opciones.

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Pero no cualquier evento activa ese sistema de vigilancia. Para despertar ansiedad políticamente relevante, un suceso debe cumplir cuatro condiciones: tocar algo que el ciudadano valora (relevancia personal), ser una novedad, tratarse de una amenaza prospectiva (no de un daño ya consumado) y generar ambigüedad sobre cómo responder, “lo que empuja a buscar información y evaluar alternativas.”

La Libertad Avanza y el peronismo como objeto de ansiedad

De cara a 2027, la pregunta estratégica es simple: ¿quién tiene más capacidad de generar ansiedad en el electorado no cautivo y, por lo tanto, impulsar que una parte importante del votante independiente los vote? La respuesta, siguiendo este marco, favorece a La Libertad Avanza.

Para el segmento identificado con el PRO, un eventual triunfo peronista cumple las cuatro condiciones: es relevante, es novedoso (el peronismo / kirchnerismo fue derrotado por una figura nueva en la política), es prospectivo (todavía no ocurrió, todavía es evitable) y genera ambigüedad (¿cómo votar para evitar un regreso de ese espacio al poder?). Para una parte del segmento independiente también puede generar el mismo efecto: según nuestra encuesta nacional de mayo, para el 43% de los independientes el regreso del peronismo o del kirchnerismo sería un retroceso para Argentina. Por lo tanto, esta combinación podría activar en ambos segmentos el sistema de vigilancia y empujar a esos votantes a buscar el voto útil. “En un escenario polarizado entre LLA y el peronismo, la ansiedad antikirchnerista tiene un destino claro: Milei.”

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Hay antecedentes empíricos de este mecanismo. A partir de un modelo predictivo, detectamos que el triunfo peronista en las elecciones bonaerenses de septiembre de 2025 funcionó exactamente así: reactivó la ansiedad en el electorado antiK y contribuyó a consolidar el voto negativo en octubre: votar para evitar un triunfo nacional de Fuerza Patria. La elección general fue, en parte, una respuesta afectiva a esa señal de alarma.

El problema estructural del peronismo: el daño ya está procesado

El peronismo enfrenta el obstáculo inverso. Para generar ansiedad hacia Milei en el segmento independiente necesita que el gobierno produzca un evento disruptivo, novedoso y prospectivamente amenazante. Pero el ajuste, la volatilidad económica y los conflictos institucionales de la gestión Milei ya fueron, en gran medida, procesados por ese electorado. En términos de la Teoría de la Inteligencia Afectiva, se trata de un “daño ya consumado”, el cual no activa el sistema de vigilancia: produce enojo o resignación, no ansiedad.

Además, en este caso, el segmento independiente puede tener a ambos actores como objetos de amenaza simultáneos (LLA y peronismo). Cuando el sistema de vigilancia detecta dos fuentes de peligro, la salida puede que no sea elegir al menos amenazante: puede ser la abstención o la búsqueda de un candidato outsider que no cargue con ninguno de los dos estigmas. “El PJ no es el beneficiario natural de la ansiedad hacia Milei —lo es quien logre ocupar ese espacio vacante con una propuesta creíble de estabilidad.” Puede llegar a serlo, pero para eso, necesita construirse también como una alternativa sólida y confiable.

Para que el independiente vote peronismo en 2027 tendrían que darse simultáneamente dos condiciones: que Milei genere una crisis nueva e inesperada que active la vigilancia con fuerza, y que el peronismo logre reducir su propio nivel de amenaza percibida. Sin ambas condiciones juntas, la ansiedad hacia Milei se convierte en abstención o voto outsider, no en voto peronista.

El otro escenario es si a los desilusionados del gobierno libertario (aquellos que lo votaron en 2023 y ahora lo rechazan), el hipotético triunfo de Milei en 2027 les pueda generar ansiedad para impulsarlos a los brazos electorales del candidato peronista. Mi hipótesis es que ese escenario todavía no está maduro. La caída en los índices de apoyo al gobierno se debe a la fuga del electorado PRO e independiente y no tanto a la fuga del votante duro mileísta. Y en segundo lugar, para inclinarse hacia la oferta peronista la deberían ver creíble o, al menos, una opción “menos mala” que Milei.

Conclusión: la ansiedad tiene dueño, por ahora

La Teoría de la Inteligencia Afectiva sugiere que en 2027 el activo electoral más valioso no es el entusiasmo —escaso en todos los espacios— sino la ansiedad que cada fuerza logra generar en el campo adversario. “En ese juego, La Libertad Avanza parte con ventaja: el peronismo sigue siendo el activador de ansiedad más potente del sistema político argentino, y mientras eso sea así, el voto de contención fluirá hacia Milei con independencia del nivel de entusiasmo que genere.”

El desafío del peronismo no es convencer —es desactivar el miedo que genera. Y el del oficialismo no es entusiasmar —es mantener al peronismo visible como amenaza. En una democracia donde pocos votan por algo y muchos votan contra algo, quien controla la agenda de la ansiedad controla la elección.