
La periodista mexicana Anabel Hernández afirmó que una frase de aprobación de su padre, pronunciada cuatro días antes de que lo asesinaran, se convirtió en el sostén que le permitió continuar con el periodismo de investigación. El relato surgió en una entrevista con el programa Ruido en la Red, conducido por Federico, en la que Hernández vinculó ese episodio con su decisión posterior de no abandonar el oficio pese a las amenazas recibidas durante más de dos décadas.
Según su testimonio, el hecho ocurrió en la Ciudad de México, días antes del secuestro y homicidio de su padre. La periodista sostuvo que, sin ese mensaje final, probablemente no habría logrado sobrellevar la pérdida.
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El trayecto al Congreso de la Unión antes del crimen de diciembre de 2000
Hernández relató que, poco antes del asesinato de su padre, se le descompuso el vehículo propio. Le pidió entonces que la llevara en auto hasta el Congreso de la Unión, donde debía cubrir una sesión legislativa.
La periodista describió que, al llegar, bajó del vehículo con prisa porque la sesión ya había comenzado. En ese instante, según su relato, su padre la detuvo antes de que se alejara.

“Tú tenías razón, yo me equivoqué, estoy muy orgulloso de ti, tú tomaste la decisión correcta”, le dijo su padre, de acuerdo con el testimonio que Hernández ofreció a Ruido en la Red. La periodista añadió que ese contacto físico todavía lo recuerda con precisión años después.
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Hernández calculó que ese encuentro ocurrió aproximadamente cuatro días antes de que su padre fuera secuestrado y asesinado. Ubicó el crimen en los primeros días de un cambio de gobierno, tanto a nivel federal como en la capital mexicana.
La periodista explicó que, hasta ese momento, su vocación periodística había generado una confrontación constante con su padre. Precisó que él se oponía de manera abierta a que ella ejerciera esa profesión.
La oposición de su padre al periodismo y el giro final
Hernández recordó que su padre, ingeniero mecánico de formación, esperaba que ella siguiera una carrera distinta a la de sus hermanos. Contó que todos ellos se dedicaron a la ingeniería, mientras ella eligió primero Derecho y luego el periodismo.
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La periodista citó una frase que su padre repetía con frecuencia para disuadirla. “El periodismo en México es de prostitutas, el periodismo es corrupto”, le decía, según el relato que ofreció ante Federico.
Hernández explicó que esa postura convivía, de manera contradictoria, con cierta curiosidad paterna hacia su carácter. Señaló que él la observaba “como si fuera un bicho raro” y medía hasta dónde llegaría su rebeldía.
La periodista describió a su padre como una persona politizada, que había ejercido como maestro del Instituto Politécnico Nacional en 1968. Agregó que conservaba una colección de boletines vinculados a la masacre de Tlatelolco, material que ella leía desde joven.
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Hernández consideró que esa biblioteca familiar influyó en su posterior interés por el periodismo. Afirmó que ese contacto temprano con documentos políticos quedó “impregnado” en su formación.

La frase pronunciada antes del Congreso de la Unión representó, según su relato, el primer reconocimiento explícito de su padre hacia esa vocación. Hernández sostuvo que ese reconocimiento llegó apenas días antes de que el vínculo se interrumpiera de forma definitiva.
El crimen de diciembre de 2000 y la continuidad del trabajo periodístico
Hernández precisó que, para esa fecha, ya trabajaba en el periódico Reforma, donde había ingresado en 1993. Recordó que en 1994 publicó en ese medio su primer reportaje sobre narcotráfico, centrado en el barrio de Tepito.
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La periodista explicó que, tras el homicidio de su padre, distinguió dos etapas en su trayectoria profesional. “Está la Anabel periodista antes de la muerte de mi padre y está la Anabel periodista después de la muerte de mi padre”, afirmó ante Ruido en la Red.
Hernández sostuvo que la aprobación recibida días antes del crimen funcionó como una autorización simbólica para continuar. Añadió que esa frase le permitió entender que su camino había sido validado, sin que su padre llegara a presenciar sus investigaciones posteriores.

La periodista consideró que, sin ese mensaje, el duelo habría resultado más difícil de procesar. “Si no hubiera sido tal vez por ese mensaje de saber si me aceptas o no, no sé si hubiera podido superarlo”, declaró durante la entrevista.
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Hernández explicó que, a partir de ese momento, su trabajo se orientó hacia investigaciones sobre vínculos entre el poder político y el crimen organizado. Mencionó entre sus trabajos posteriores el libro Los cómplices del presidente, publicado en 2008.
La periodista detalló también su investigación sobre el expolicía Genaro García Luna, a quien señaló por presuntos vínculos con el cártel de Sinaloa desde 2010. Recordó que esas acusaciones se confirmaron años después, cuando un tribunal estadounidense lo condenó a 38 años de prisión.
El atentado de 2013 y la decisión de continuar pese a las amenazas
Hernández relató que, en diciembre de 2013, sufrió un atentado de muerte vinculado a su labor periodística. Explicó que, a partir de ese episodio, adoptó medidas de seguridad permanentes, entre ellas cambios frecuentes de domicilio.
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La periodista describió que, tras el atentado, sus propios hijos reaccionaban con temor ante ruidos inesperados dentro de la casa. Agregó que se escondían debajo de la mesa cuando escuchaban algún sonido extraño.
Hernández explicó que, frente a ese riesgo, evaluó de manera consciente la posibilidad de guardar silencio. Afirmó que imaginarse a sí misma sin denunciar equivalía, en sus palabras, a “estar muerta en vida”.
La periodista sostuvo que esa decisión de continuar se apoyó, en parte, en el recuerdo de la aprobación paterna recibida antes del crimen. Señaló que abandonar el periodismo habría representado una traición a ese reconocimiento final.
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Hernández afirmó que, además de su padre, sostiene su trabajo en una convicción personal de carácter religioso. Explicó que concibe esa fe no como un escudo protector, sino como una compañía en los momentos más difíciles.
La periodista salió de México en 2014, en lo que describió como un exilio forzado por amenazas de muerte. Afirmó que, desde entonces, busca de manera constante un lugar que pueda considerar su hogar definitivo.

Hernández cerró la entrevista con una referencia directa a esa aprobación paterna que marcó su camino. Ante la pregunta final de Federico, la periodista respondió con una frase breve: “Aquí seguimos”.
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