Antes de convertirse en uno de los hombres más buscados de México y Estados Unidos, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, “el Mencho”, habría sido —según el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, “el Grande”— un operador de bajo perfil dentro de la estructura de Ignacio “Nacho” Coronel.
La imagen que ofrece Villarreal Barragán en el libro Narcocracia. El Grande revela cómo los cárteles conquistaron México, de la periodista Anabel Hernández, dista de la figura pública que años después encarnaría el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG): un jefe criminal con presencia nacional, capacidad financiera, estructura armada y una extensa red de influencia.
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“El Grande”, antiguo integrante del grupo de Arturo Beltrán Leyva, sostiene que conoció a Oseguera Cervantes alrededor de 2004, durante viajes a Puerto Vallarta y Nuevo Vallarta. En ese momento, afirma, “el Mencho” era jefe de seguridad de Coronel y responsable de la plaza de Puerto Vallarta, dentro de la llamada Federación, la alianza criminal que forjaron los líderes del Cártel de Sinaloa y a otros grupos asociados.
El encuentro en Puerto Vallarta
De acuerdo con “el Grande”, su primer contacto con Oseguera ocurrió cuando acompañaba a Arturo Beltrán Leyva en viajes de descanso a la costa de Jalisco y Nayarit.
Arturo Beltrán, dice, acostumbraba ir a Puerto Vallarta y Nuevo Vallarta, y aprovechaba esos trayectos para visitar a su padre, Carlos Beltrán, quien vivía en Nayarit. Era también una zona de encuentros con Ignacio Coronel, entonces uno de los operadores más importantes de la Federación en Jalisco.
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“Cuando íbamos a Nuevo Vallarta, ahí iba a vernos el Mencho”, declaró Villarreal Barragán a la autora. Según esa versión, el contexto era el de una estructura criminal todavía unificada: Arturo Beltrán Leyva, el Mayo Zambada, Joaquín “el Chapo” Guzmán, Nacho Coronel, los Valencia y otros grupos mantenían acuerdos operativos bajo el paraguas de la Federación.
En ese esquema, “el Mencho” no aparecía como un dirigente independiente. Villarreal Barragán lo sitúa como un subordinado de Coronel, responsable de funciones de seguridad y del control local de Puerto Vallarta.
La reconstrucción biográfica incluida en el libro recuerda que Nemesio Oseguera Cervantes, originario de Aguililla, Michoacán, había vivido en Estados Unidos, enfrentado detenciones y deportaciones, y posteriormente se incorporó al mundo criminal a través de vínculos familiares con Rosalinda González Valencia y el clan de los Valencia o Cuinis. Esos lazos, según la narración, habrían facilitado su llegada a la estructura de Nacho Coronel.
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“Delgadito, bien peinadito y campirano”
La descripción física y personal que “el Grande” hace de Oseguera Cervantes contrasta con la imagen de poder que el fundador del CJNG proyectaría en años posteriores.
“Era sencillo, una persona delgadita, bien peinadito, campirano, se veía amable. Lo conocí poco en ese momento”, relató Villarreal Barragán.
La frase es reveladora, pues lo presenta como alguien discreto, de apariencia rural y sin el despliegue de lujo o fuerza que caracterizaba a otros jefes criminales de esa época.
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Hernández recoge incluso una reflexión de Villarreal Barragán sobre la transformación de Oseguera: cuando lo conoció, tenía aproximadamente 38 años, pero nada indicaba —según su impresión— que alcanzaría un poder comparable o incluso superior al de los capos que dominaban entonces el centro y sur de México.
El avión Grumman y los contactos que aún no tenía
La distancia entre el poder de Arturo Beltrán Leyva y el margen de maniobra que “el Grande” atribuye a “el Mencho” queda expuesta en un episodio relacionado con una aeronave cargada de droga.
Villarreal Barragán sostiene que, durante una estancia de Arturo Beltrán Leyva en Vallarta, buscaron bajar un avión con droga en esa zona. Como Oseguera Cervantes era encargado de la plaza, le preguntaron si contaba con los arreglos necesarios en el aeropuerto o con autoridades locales para permitir la operación.
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La respuesta, según el relato, fue negativa.
“Él trabajaba para Nacho, pero, por ejemplo, cuando en unas de las vacaciones de Arturo queríamos bajar un avión con droga ahí en Vallarta y le preguntamos al Mencho si él tenía los arreglos, no pudo”, narró.
“El Grande” afirma que él intervino personalmente para resolver el problema. Dice que habló con contactos en la Ciudad de México y con personal del aeropuerto de Puerto Vallarta, lo que permitió aterrizar un avión Grumman.
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Después, aseguró, dejó esa relación operativa en manos de Oseguera Cervantes para que pudiera utilizarla si lo consideraba necesario: “Y ya esa relación se la dejé al Mencho para que ellos hicieran sus cosas, si querían, ¿verdad? En esa época no tenía los arreglos al nivel que Arturo tenía con el gobierno”, añadió.
El vacío que, según “el Grande”, aprovechó el CJNG
En la interpretación de Villarreal Barragán, el ascenso posterior de “El Mencho” no puede entenderse sin el derrumbe de las estructuras que antes dominaban el territorio.
Para él, Arturo Beltrán Leyva era la figura con mayor presencia en el centro y sur de México dentro de la Federación. Mientras el Mayo Zambada y el Chapo Guzmán tenían una influencia históricamente concentrada en el norte —Sinaloa, Chihuahua y Durango—, Arturo había construido una red operativa que atravesaba Guerrero, Morelos, la Ciudad de México, Oaxaca, Chiapas y otras zonas estratégicas.
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“Si hubiera seguido vivo, el Mencho no existiría como existe hoy”, sostuvo Villarreal Barragán.
La frase resume su hipótesis: la muerte de Arturo Beltrán Leyva, ocurrida en diciembre de 2009 durante un operativo de la Marina en Cuernavaca; la caída posterior de Nacho Coronel; la fragmentación de los Beltrán Leyva; el declive de los Zetas y la ruptura interna del Cártel de Sinaloa abrieron espacios que otras organizaciones aprovecharon.
“Se dieron las circunstancias: dejó de tener como rivales a los Beltrán Leyva, murió Nacho Coronel, vino el declive de los Zetas. Las circunstancias se dieron y él las aprovechó para expandirse. Su parentesco con los Cuinis, los hermanos González Valencia, también fue importante”, dijo.
Villarreal Barragán también plantea que antiguos integrantes de las Fuerzas Especiales de Arturo, conocidas como FEDA, pudieron haberse incorporado posteriormente a la estructura del CJNG: “Mucha gente del FEDA que nosotros entrenamos, el Mencho trae a muchos de ellos. Dicen que trae a más de mil 300 o mil 500 gentes. Ésa es la fuerza del Mencho en todo el país”, afirmó.
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