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Más allá del capital: cómo invertir en startups cuando el historial no basta

En el ecosistema empresarial contemporáneo, el capital de riesgo o venture capital se ha convertido en una pieza indispensable

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En el ecosistema empresarial contemporáneo, el capital de riesgo o venture capital se ha convertido en una pieza indispensable. Su función no consiste únicamente en aportar recursos, sino también en corregir fallas críticas del mercado mediante el financiamiento de innovaciones que la banca tradicional, debido a su natural aversión al riesgo, difícilmente estaría dispuesta a respaldar.

El desafío aparece cuando se busca invertir en startups que atraviesan las primeras etapas de su ciclo de vida. En esos casos, los métodos tradicionales de valuación pierden buena parte de su utilidad.

Estas empresas suelen operar con costos elevados, ventas todavía limitadas, competencia incipiente y una rentabilidad inexistente. Sus verdaderos impulsores de valor se encuentran en el tamaño del mercado potencial, la promesa del producto y, sobre todo, la confianza depositada en sus fundadores.

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Cuando los métodos tradicionales de valuación dejan de funcionar

Comparar transacciones recientes o utilizar múltiplos de ingresos de empresas públicas resulta poco efectivo cuando se analizan proyectos disruptivos sin referentes claros ni ganancias predecibles.

Del mismo modo, recurrir a un enfoque basado en activos puede provocar una subvaluación sistemática del núcleo del negocio, pues deja fuera elementos intangibles como la tecnología, las patentes, el conocimiento especializado y el capital humano, que constituyen la verdadera riqueza de una startup.

La valuación basada en ingresos tampoco está libre de dificultades. Para los fondos de inversión puede convertirse en un terreno incierto, ya que las proyecciones futuras son difíciles de auditar y validar. En este contexto, es frecuente encontrarse con estimaciones excesivamente optimistas que no reflejan con precisión la capacidad real de crecimiento de la empresa.

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El tránsito entre el desarrollo de una idea y su comercialización somete a las startups a un periodo especialmente vulnerable: consumen capital de manera intensiva, pero todavía no generan ingresos suficientes. Por esta razón, tanto el proceso de due diligence como la valuación deben concentrarse en garantizar la supervivencia del proyecto y reducir los riesgos inmediatos de liquidez.

El capital de riesgo exige mirar más allá de los estados financieros: evaluar la liquidez, los activos intangibles, el potencial de mercado y la capacidad del equipo fundador para transformar una idea innovadora en un negocio sostenible
El capital de riesgo exige mirar más allá de los estados financieros: evaluar la liquidez, los activos intangibles, el potencial de mercado y la capacidad del equipo fundador para transformar una idea innovadora en un negocio sostenible

El análisis debe determinar cuánto tiempo puede operar la empresa con el capital disponible y qué financiamiento necesita para conservar su liquidez, sostener el crecimiento inicial, consolidar la demanda de sus productos y retener al talento clave.

Los activos intangibles concentran el verdadero valor

Este escenario obliga a los fondos de inversión a ir más allá de la identificación de obstáculos legales o fiscales. Aunque es indispensable revisar la estructura de propiedad, las licencias, el cumplimiento regulatorio y los contratos relevantes, también es necesario proteger la inversión frente a un entorno altamente inestable.

Cuando los emprendedores demuestran que su capacidad de disrupción y generación de valor descansa en activos específicos —como patentes, bases de datos, software, marcas, conocimiento especializado, contratos de licenciamiento, redes de distribución o talento estratégico—, los inversionistas cuentan con elementos más sólidos para justificar una prima de valuación mediante un enfoque basado en ingresos futuros.

Sin embargo, el papel del venture capital trasciende la aportación de recursos. Su mayor valor consiste en actuar como un intermediario activo mediante la generación de conexiones, el reclutamiento riguroso de perfiles directivos —desde vicepresidencias hasta puestos de alta dirección— y la institucionalización de procesos capaces de profesionalizar a las empresas.

El monitoreo posterior a la inversión es, en realidad, uno de los principales mecanismos para reducir la asimetría de información que existe al inicio de la relación y justificar el nivel de riesgo asumido.

Valuar el potencial y anticipar las vulnerabilidades

Valuar una startup en una etapa temprana exige abandonar la comodidad de las métricas retrospectivas y adoptar una perspectiva orientada hacia el futuro. Se trata de elaborar un mapa preciso de vulnerabilidades: conocer la situación de liquidez, comprobar la solidez y la propiedad legal de los activos intangibles, evaluar el cumplimiento de normas éticas y regulatorias, y diagnosticar la capacidad de adaptación del equipo fundador.

Solo mediante una comprensión profunda de la etapa del ciclo de vida en la que se encuentra la empresa es posible construir una valuación que refleje no únicamente lo que representa en el presente, sino también el mercado que podría llegar a dominar.

El capital de riesgo exige mirar más allá de los estados financieros: evaluar la liquidez, los activos intangibles, el potencial de mercado y la capacidad del equipo fundador para transformar una idea innovadora en un negocio sostenible
El capital de riesgo exige mirar más allá de los estados financieros: evaluar la liquidez, los activos intangibles, el potencial de mercado y la capacidad del equipo fundador para transformar una idea innovadora en un negocio sostenible

Para materializar esta visión prospectiva, la planeación posterior a la inversión resulta fundamental. Permite estabilizar la compañía, obtener resultados tempranos, administrar riesgos y establecer una trayectoria sostenible de crecimiento. Firmas como KKR adoptaron esta filosofía desde sus primeros años, inspiradas en metodologías desarrolladas por General Electric.

Acerta Pharma: una apuesta de largo plazo

La confidencialidad también puede convertirse en un elemento estratégico dentro del capital de riesgo. El caso de Acerta Pharma lo demuestra: la compañía desarrolló un innovador medicamento oncológico destinado a competir con uno de los líderes del mercado y levantó su ronda de Serie B con absoluta discreción para evitar alertar a sus competidores.

La estrategia rindió frutos en 2015, cuando AstraZeneca adquirió el 55% de la startup por 4 mil millones de dólares. El producto todavía tardó varios años en llegar al mercado, lo que evidencia por qué el capital de riesgo es especialmente adecuado para iniciativas con periodos de maduración prolongados.

Invertir en una startup, por tanto, no significa apostar a ciegas por una buena idea. Implica evaluar la capacidad de supervivencia de la empresa, proteger sus activos intangibles, fortalecer a su equipo y acompañar su transformación institucional.

Cuando el historial financiero no basta, la valuación debe mirar hacia adelante. El reto consiste en distinguir entre una promesa inflada y una empresa verdaderamente preparada para convertir su innovación en un negocio sostenible.

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