El consumo de ajo crudo en ayunas se ha popularizado como una práctica asociada con la medicina natural. A este alimento se le atribuyen efectos favorables sobre la presión arterial, el colesterol, las defensas del organismo y la prevención de diferentes enfermedades. Sin embargo, la evidencia disponible no permite considerarlo un remedio milagroso ni confirma que tomarlo antes del desayuno sea mejor que incorporarlo a las comidas.
Desde el punto de vista nutricional, el ajo contiene compuestos sulfurados, entre los que destaca la alicina. Esta sustancia se forma cuando el diente se corta, pica o machaca, debido a una reacción producida al romper sus tejidos.
Aunque su composición ha despertado interés científico, los posibles beneficios dependen de factores como la cantidad consumida, la frecuencia, la preparación del alimento y el estado de salud de cada persona.
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¿Cuáles son los posibles beneficios del ajo crudo?
Algunas investigaciones indican que el consumo de ajo o de determinados preparados podría producir una reducción moderada de la presión arterial y ayudar a mejorar ciertos parámetros relacionados con el colesterol. Estos efectos, sin embargo, no se presentan de la misma manera en todas las personas.
Sus compuestos sulfurados también han mostrado actividad antioxidante y antimicrobiana, principalmente en investigaciones experimentales. Esto no significa que comer ajo permita prevenir o curar por sí solo una infección, ni que pueda sustituir vacunas, antibióticos u otros tratamientos indicados por profesionales de la salud.
De acuerdo con el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos, el ajo es probablemente seguro para la mayoría de las personas cuando se consume en las cantidades utilizadas habitualmente en los alimentos. Sus potenciales beneficios deben entenderse como parte de una dieta equilibrada y no como una terapia independiente.
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¿Es mejor comer ajo en ayunas?
No existen pruebas científicas sólidas que demuestren que consumir ajo específicamente en ayunas potencie sus propiedades. En otras palabras, puede integrarse durante el desayuno, la comida o la cena sin que sea necesario convertir su consumo en un ritual matutino.
Además, ingerirlo crudo con el estómago vacío puede resultar agresivo para algunas personas. Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran ardor, dolor abdominal, gases, náuseas, acidez, reflujo y mal aliento.
Quienes deseen consumirlo crudo pueden picarlo o machacarlo antes de incorporarlo a los alimentos. Si ocasiona molestias, puede utilizarse cocinado y en cantidades moderadas. No hay razón para forzar su consumo en ayunas si genera síntomas digestivos.
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¿Quiénes deberían evitar o moderar su consumo?
Las personas con gastritis, úlcera péptica, reflujo gastroesofágico, hernia de hiato o síndrome de intestino irritable podrían experimentar un aumento de las molestias al ingerir ajo crudo, especialmente cuando no se acompaña de otros alimentos.
También deben extremar precauciones quienes toman medicamentos anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios, como acenocumarol, warfarina, ácido acetilsalicílico o clopidogrel. El ajo, sobre todo en grandes cantidades o mediante suplementos concentrados, puede aumentar el riesgo de hematomas y hemorragias.
Esta precaución también resulta relevante para los pacientes próximos a someterse a una operación. En estos casos, no debe suspenderse ningún medicamento por cuenta propia: lo adecuado es informar al equipo médico sobre el consumo habitual de ajo o suplementos y seguir sus indicaciones.
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Asimismo, las personas con presión arterial baja o que reciben tratamiento antihipertensivo deben consultar a un profesional antes de consumir cantidades elevadas, pues podría presentarse una reducción adicional de la tensión.
El ajo no sustituye un tratamiento médico
Comer ajo puede formar parte de una alimentación variada y saludable, pero hacerlo en ayunas no ofrece una ventaja demostrada. La opción más prudente es incorporarlo a las preparaciones habituales, observar la tolerancia digestiva y evitar cantidades excesivas.
En caso de padecer una enfermedad gastrointestinal, alteraciones de la coagulación, hipotensión o utilizar medicamentos de manera regular, es recomendable consultar a un médico o especialista en nutrición antes de adoptar su consumo diario como medida terapéutica.
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