En México, muchas personas conservan una pequeña cicatriz redonda en el brazo, resultado de una inmunización recibida en la infancia. Según la Secretaría de Salud, la vacuna responsable de esa marca es la BCG (Bacillus Calmette-Guérin), aplicada para prevenir la tuberculosis. Esta información ha sido confirmada en reiteradas ocasiones por autoridades sanitarias, ante la persistencia de dudas en la población.
El tema volvió a la agenda pública después de que Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, abordó la confusión frecuente entre la vacuna de la tuberculosis y la del sarampión respecto a la cicatriz. “Hoy me preguntaba una persona en la mañana, que trabaja aquí en Palacio Nacional, si la vacuna del sarampión es al que deja la marquita. No, esa es otra vacuna, es la de la tuberculosis”, explicó Sheinbaum durante una intervención reciente.
Diferencia entre la vacuna BCG y la del sarampión
La vacuna BCG se administra usualmente en los primeros días de vida y produce una reacción local en la piel que termina formando una cicatriz visible en la parte superior del brazo. Este signo distintivo ha sido motivo de preguntas y comentarios durante décadas. La Secretaría de Salud ha subrayado que la cicatriz es una consecuencia normal y no representa ningún riesgo para la salud.
En contraste, la vacuna contra el sarampión no deja ninguna marca visible. Sheinbaum lo aclaró ante el público: “La inmunización contra el sarampión no deja marca, es una inyección normal, porque luego también se genera toda clase de información en las redes sociales”. Así, la funcionaria insistió en diferenciar ambos biológicos para evitar confusiones, sobre todo en un contexto donde la desinformación circula en plataformas digitales.
Contexto histórico y social de la cicatriz
En México, la aplicación de la BCG es parte del esquema nacional de vacunación desde hace varias décadas. La marca que deja en la piel ha adquirido incluso un significado cultural, ya que identifica a quienes accedieron a la inmunización durante su infancia. Este punto ha sido destacado por la Secretaría de Salud como parte de las estrategias de comunicación para fortalecer la confianza en los programas de vacunación.
El debate sobre la procedencia de la cicatriz se reaviva en periodos de campañas de vacunación o ante brotes de enfermedades prevenibles por inmunización. La aclaración de las autoridades sanitarias busca disipar dudas y reafirmar la importancia de distinguir entre los diferentes tipos de vacunas y sus efectos visibles.
De igual manera se recomiendo a la población consultar fuentes oficiales para resolver inquietudes sobre vacunas. La cicatriz en el brazo, lejos de ser motivo de preocupación, representa la protección contra una enfermedad que durante el siglo XX cobró millones de vidas en el mundo.