Como parte de la investigación para localizar a los cinco jóvenes desaparecidos el pasado 11 de agosto en el municipio de Lagos de Moreno, Jalisco, las autoridades descubrieron un rumor, un secreto a voces, que ya resonaba desde hace tiempo en aquella zona de los Altos de Jalisco: el crimen organizado cuenta con pequeñas construcciones que fungen como hornos para desparecer a sus víctimas.
La práctica, que consiste en la construcción de pequeños fortines o “ladrilleras”, con el fin de que en su interior sean incinerados cuerpos, habría sido llevada a la región de la mano del Cártel de Sinaloa cuando se asentó en Teocaltiche, Jalisco, cerca de la frontera con Zacatecas, y donde operan actualmente los hermanos Mario y Ramón González Martínez, afines a los sinaloenses, aunque a su organización la llamen el Cártel de Teocaltiche.
El 15 y 16 de agosto, a días de la desparición de los cinco jóvenes, las alarmas se encendieron con el hallazgo de restos humanos dentro de un automóvil y en una bodega incendiada, pero el martes 22 el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, confirmó que los cuerpos hallados no correspondían con los jóvenes desaparecidos en Lagos de Moreno.
“Ya hay elementos de que esos no corresponden a los jóvenes, incluso ya platicamos con lo papás (...) sí podía adelantar que esa osamenta no corresponde”, fueron las palabras de Alfaro durante el martes 22 de agosto.
Sin embargo, aquel hallazgo de restos humanos, cinco machetes, dos armas punzocortantes, una motosierra y un marro, evidenciaron que actualmente en la región, tanto el Cártel de Sinaloa como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJGN), utilizan dicha práctica para “desaparecerse” entre ellos.
“En los hornos es donde se encargan de desaparecer a las personas, a las víctimas. Ahí los queman y por eso no los encuentran”, dijo al semanario Zeta un policía que estuvo comisionado en Los Altos norte.
Héctor Flores, miembro del colectivo Luz de Esperanza Jalisco, aseguró que en varios municipios de los Altos de Jalisco, como Encarnación de Díaz, Jalostotitlán, Lagos de Moreno, Ojuelos de Jalisco, San Diego de Alejandría, San Juan de los Lagos, Unión de San Antonio y Villa Hidalgo; el narco utiliza la practia de las ladrilleras para desaparecer personas.
“Utilizan las ladrilleras para cremar los cuerpos de las personas desaparecidas. Y esto también lo sabe la autoridad desde hace dos años y tampoco ha hecho nada. Ni ha intervenido y complica mucho la investigación, porque al tener nosotros la información, tiene que haber una denuncia. Entonces, ponerle nombre, apellido y domicilio a esa denuncia, y el no garantizar ni la seguridad de la familia de la persona que la interpone complica demasiado el tema”, agregó.
Anteriormente el tema era un secreto a voces por parte de agentes municipales, de la Policía Investigadora, Ministerio Público y tanto de la Fiscalía Regional como de la Fiscalía Especial para Personas Desaparecidas (FEPD).
Por parte del CJNG, presuntamente son representados en dicha región por algunos de los hermanos González Valencia o “Cuinis”, brazo financiero del cártel liderado por El Mencho, y un jefe de plaza identificado como “El Chofo”.
El caso de los cinco jóvenes desaparecidos en Lagos de Moreno causo conmoción por su posible tortura y posible asesinato, que presuntamente quedaron registrados en cruentas imágenes de video.
Lagos de Moreno es considerado un lugar estratégico para las organizaciones del crimen organizado, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), al conectar con varios estados clave en el tráfico de drogas.
En Jalisco y en Guerrero, ambas con costas en el Pacífico, y parte de la ruta para el tráfico de drogas, abundan denuncias sobre reclutamiento forzado por parte de los cárteles del narcotráfico, que libran una guerra entre sí.