El Consejo Nacional de Áreas Protegidad participa del VI Congreso Nacional de Cambio Climático y IV Simposio Marino Costero, que se realiza del 13 al 15 de octubre en Puerto Barrios, Izabal, para presentar experiencias de adaptación, restauración y conservación en el Sistema Guatemalteco de Áreas Protegidas, ante los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas y las comunidades costeras.
El encuentro, bajo el lema “Cambio climático y sociedades costeras”, reúne a instituciones públicas, académicos, organizaciones de conservación, entidades de cooperación, empresas y comunidades. El Consejo Nacional de Áreas Protegidas busca posicionar a los bosques, manglares, humedales y pastos marinos como herramientas para capturar y almacenar carbono, conservar hábitats y reducir la vulnerabilidad frente a eventos extremos.
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La institución incorporó el cambio climático a su gestión hace 17 años y actualmente ejecuta el Plan Estratégico Institucional para la Reducción de la Vulnerabilidad, Adaptación y Mitigación al Cambio Climático en el SIGAP 2022-2027. La evaluación de medio término de esa planificación será presentada durante el congreso.
Restauración de manglares y protección de especies
El subsecretario ejecutivo del CONAP, Jorge Ruiz, junto con representantes de las oficinas centrales y direcciones regionales, expondrá experiencias sobre restauración de manglares, conservación de tortugas marinas, gestión compartida de áreas protegidas y los cambios en la relación entre comunidades humanas y fauna silvestre.
Las actividades también incluirán herramientas para la planificación climática y la conservación de especies y ecosistemas estratégicos. El programa contempla el foro “Soluciones financieras basadas en la economía azul y el turismo social y sustentable – Nodo Azul”, con la participación del Fondo Nacional para la Conservación de la Naturaleza y la Coalición Juyu.
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Ese espacio abordará alternativas financieras que relacionan la conservación de los ecosistemas marino-costeros, el turismo sostenible y el bienestar de las poblaciones locales. El CONAP sostiene que el manejo sostenible de las áreas protegidas permite conservar la diversidad biológica y mantener los servicios que brindan los ecosistemas.
Tres zonas pesqueras con 312 hectáreas protegidas
Una gira de campo llevará a los participantes a las Áreas de Recuperación Pesquera del Refugio de Vida Silvestre Punta de Manabique, en las comunidades de Santa Isabel y La Graciosa. Allí conocerán un modelo de gobernanza costera desarrollado entre el CONAP y las comunidades para proteger pastos marinos, manglares y recursos hidrobiológicos.
La primera iniciativa para crear estas zonas surgió de pescadores de Bahía La Graciosa y Laguna Santa Isabel: La Graciosa, Punta Gruesa, Santa Isabel y el Comité de Trasmalleros y Manjueros de Puerto Barrios. La disminución de la pesca llevó a esas organizaciones a acordar con el CONAP medidas de protección y aprovechamiento sostenible de los recursos.
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El convenio estableció tres polígonos delimitados con boyas: Graciosa, también llamado Mono Rojo, con 86 hectáreas; Bajo La Graciosa, en Punta Gruesa, con 104 hectáreas; y Laguna Santa Isabel, con 122 hectáreas. En conjunto abarcan 312 hectáreas y suman 30.687 metros de manejo pesquero compartido.
La normativa de pesca no reconocía inicialmente esta categoría de manejo. Los Acuerdos Ministeriales 118 y 165-2016 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación establecieron una veda espacial temporal de cinco años desde el 16 de agosto de 2016, con prohibición total de capturar moluscos, crustáceos y peces en Laguna Santa Isabel y los polígonos de La Graciosa y Punta Gruesa.
El Acuerdo Ministerial 213-2023 extendió la protección legal por otros cinco años, hasta el 3 de diciembre de 2028. Las áreas resguardan al delfín nariz de botella y al manatí, especies indicadoras de la salud de los ecosistemas marinos.
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En Punta de Manabique hay 23 especies de importancia comercial que sustentan la alimentación y los ingresos de siete comunidades costeras y zonas cercanas de Puerto Barrios.
Los pastos marinos y manglares también generan oxígeno, capturan dióxido de carbono en una proporción cuatro veces mayor que un árbol terrestre, funcionan como filtros biológicos y ayudan a proteger la costa, Puerto Barrios y Santo Tomás de Castilla ante tormentas y huracanes.
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