Nicolás Giacobone vuelve a colaborar con Alejandro González Iñárritu en Digger, la producción protagonizada por Tom Cruise que se estrenó este 1 de octubre en la Argentina y ya se ubica entre los títulos a seguir en la carrera hacia la 99.ª edición de los Premios Oscar, prevista para el 14 de marzo de 2027 en el Dolby Theatre de Hollywood. El guionista argentino, ganador de la estatuilla por Birdman, participó de la reescritura de una historia que el director mexicano había comenzado a desarrollar una década atrás.
En diálogo con Teleshow, el guionista habló de la experiencia de trabajar otra vez con Iñárritu, del rodaje en los estudios Pinewood de Londres junto a Cruise y de una película atravesada por la crisis climática. “No recuerdo una película de estudio que sea tan rupturista, que juegue tanto”, sostuvo sobre el proyecto. También analizó el presente de Hollywood, el deterioro de la producción audiovisual argentina y sus próximos trabajos, entre ellos la adaptación junto a Peter Gabriel de The Lamb Lies Down on Broadway, de Genesis.
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El escritor también alertó sobre el presente de la industria audiovisual argentina, marcada por la reducción de la producción y la falta de respaldo estatal. “Tiene que cambiar urgentemente porque, si no, va a colapsar”, afirmó. Para el guionista, el sector necesita condiciones que permitan a sus trabajadores sostenerse con su oficio: “Lo que falta es apoyo para que esa gente no tenga que vivir de otra cosa distinta de lo que sabe hacer”.
—¿Qué significó para vos trabajar en este proyecto encabezado por Tom Cruise, el “Señor Hollywood” y una de las últimas grandes estrellas del cine?
—No me da lo mismo. Es increíble. Uno tiene los recuerdos de espectador, de ver a todos estos monstruos en películas. Pero para mí lo más especial fue que Alejandro me invitara a colaborar en esto y que me abriera la puerta a trabajar en una película que se filma en un estudio legendario como Pinewood, en Londres. Poder verlos trabajar, estar cerca, verlos ensayar y ayudar a construir esto es algo que no se va a repetir. No recuerdo una película de estudio que sea tan rupturista, que juegue tanto y con estas figuras aceptando jugar ese juego y darlo todo por esta historia.
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—¿Cómo llegó la invitación de Iñárritu?
—Habíamos terminado de hacer Bardo y él tenía este proyecto que había empezado a trabajar hacía diez años. Dijo: “Tengo esto encajonado, a ver si lo podemos retrabajar”. Llamó a Alex Dinelaris y a mí, y propuso reunir al equipo de Birdman para encontrarle una vuelta nueva. Nos juntamos en Los Ángeles. Estuvimos un tiempo comiendo, caminando, pensando y tratando de ver cuál era nuestra versión de esta película.
—¿Cómo son esas jornadas de trabajo? Sé que no son ustedes bajando las ideas a la computadora.
—Justamente no escribimos mucho al principio. Se trata más de pasar tiempo juntos, de poder decir lo que uno tiene en la cabeza sin miedo y de hablar también de la vida. De a poco vas encontrando algo. Las ideas no surgen de sentarse a mirarse y ver quién dice una idea primero. A veces estás cenando a las doce de la noche y aparece ahí. Se trata de permitir el contexto de estar juntos. Por momentos estás en un sofá o tirado en el piso, rompiéndote la cabeza contra la pared para pensar. En otros momentos salís a caminar o a tomar algo. Después empieza el proceso de poner escenas en papel y se vuelve un ida y vuelta.
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—¿Qué tipo de comidas eligen? ¿Van a restaurantes? ¿Piden?
—Nos encanta comer y disfrutamos mucho de eso. También depende del país: si estamos en México comemos unas cosas y, si estamos en Estados Unidos, otras. Siempre es una excusa para seguir encontrándonos el desayunar, almorzar o tomar algo.
—¿Cómo vivís el trabajo de guionista? ¿Sufrís al escribir?
—Las películas son obras en las que participa mucha gente, se terminan y salen al mundo. A algunas les va mejor y a otras peor. Lo que a mí me define es el trabajo previo. Después, la película ya le pertenece al mundo. Hay momentos en los que la pasás mal. Hay ideas que no salen o caminos que parecen correctos hasta que descubrís que no lo son y tenés que volver atrás y tirar muchas cosas a la basura. Mi frase es: “Confiar en el proceso”. Me gusta poner una palabra atrás de la otra. Me gusta escribir una oración y verla. Me gusta la literatura. Disfruto de escribir desde el lugar más básico que hay.
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—¿Cómo recibís las críticas?
—Al principio me costaba, porque uno tiende a no entender aquello con lo que los demás no están de acuerdo. Pero me miré a mí mismo y pensé: “¿Cómo soy yo como espectador de películas de otros?”. Así es la gente con lo que uno hace. Nada de lo que hice fue amado al 100 % ni detestado al 100 %. Nunca tuve un éxito de esos que decís: “A todo el mundo le encantó”. Ni siquiera Birdman, que ganó premios, estuvo exenta de críticos que le dieron muy duro. Lo peor es cuando las películas pasan de largo y nadie las ve. Lleva la misma cantidad de trabajo hacer una película que fracasa que una que triunfa. Si la ven muchas personas y muchas la odian con el alma, bendita sea, porque al menos generaste una emoción.
—¿Qué expectativas tenés en la recepción de Digger?
—Va a tener gente que la va a defender mucho. Habrá quienes no la entiendan o digan: “No es para mí”. Pero siento que será difícil ponerse en contra de la película, porque lo que trata de hacer tiene un valor y hay mucho trabajo detrás. No es una canchereada de querer hacer algo raro.
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—Uno de los grandes temas de la película es el cambio climático y hay una visión un tanto apocalíptica.
—No lo veo como algo deprimente. Tiene un lado que te pone frente a una pregunta: “¿Hasta qué límite podemos llegar? ¿Hasta dónde podemos llegar sin abrir los ojos o sin reaccionar?”. Pero incluso en esas situaciones vamos a seguir creando, viviendo en comunidad, colaborando y siendo humanos. La energía que se genera hacia el final, más allá de los símbolos puntuales, es positiva.
—La película entabla un diálogo entre el presente y las próximas décadas. ¿Qué observás de esta época?
—Es muy difícil hablar de esta época porque, primero, no tiene sentido en muchos aspectos. Uno piensa que ya llegó al límite de la sorpresa y, al mes siguiente, lo vuelven a sorprender de una manera que no puede imaginar. Siento que me criaron un poco a la vieja usanza: si hacías esto, iba a pasar esto. Y explotó todo por el aire. Es un poco aterrador y fascinante en muchos aspectos, pero siento que estamos llegando a un punto en el que hay que abrir los ojos. Ya no hay que recibir la información, porque la tenemos. Nunca tuvimos tanta como ahora. Quizás somos generaciones que crecieron con una comodidad muy grande y perdimos la capacidad de reacción.
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—¿Qué implicaría reaccionar? ¿Qué lugar tuvo la investigación científica en la película?
—Hay que aceptar reformular la vida. Hay muchas cosas que damos por sentadas y que, en algún punto, nunca tendríamos que haber inventado. No es fácil pedirle a la gente que la pase mal. Es una situación muy compleja. Alejandro viajó un par de veces al Ártico durante esos diez años y trabajó con científicos. En mi proceso también hablamos con científicos. Es impactante asomarte a la gente que se toma esto en serio y conocer la información que están recopilando.
—¿Tenés una visión positiva?
—Tengo fe. No una fe religiosa: tengo fe en el ser humano y en que, en algún punto, vamos a reaccionar.
El inicio de su carrera y su vínculo con González Iñárritu: “Se jugó por un argentino que no sabía ni quién era”
—¿Cómo surgió tu vínculo con la escritura?
—Para mí es todo circunstancial. No creo en la vocación ni en levantarse a la mañana y decir: “Soy escritor”. Uno encuentra cosas que le gustan y, entre todo lo que ofrece el mundo, va eligiendo. Yo elegí la literatura desde chico. El cine siempre me fascinó, pero había algo de la palabra escrita que me motivaba. Llegué bastante grande sin considerarme escritor, aunque era lector. Un día me compré una PC vieja. La instalé y no sabía para qué usarla, porque Internet era una porquería. Abrí Word y pensé: “Tengo Word incorporado”. Entonces me puse a tipear cosas. Simplemente amaba leer.
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—¿Qué hacías antes de dedicarte al cine?
—Trabajé de mil millones de cosas: vendí ropa en un negocio, trabajé en El Querandí, que es una casa de tango, en el centro. Laburé en ATC como asistente de producción. Hice de todo y odiaba trabajar. Iñárritu leyó el guión de El último Elvis, que fue el primero que terminé con Armando Bo, que es mi primo. Se lo mandamos a un pibe en México que conocía a otro pibe que conocía a Iñárritu. Alejandro lo leyó y nos llamó.
—¿Cómo fue esa oportunidad?
—La primera película que estrené en mi vida fue Biutiful, con Iñárritu, en Cannes. Es un delirio. Se jugó por un argentino que no sabía ni quién era y que no tenía nada para mostrarle más allá de ese guión. Siempre le voy a agradecer que tuvo coraje o que está medio loco.
Nicolás Giacobone sobre su amor por Mariana Genesio Peña: “Ella es mi familia y es una gran actriz”
—¿Cómo influye Mariana Genesio Peña, tu pareja, en tus proyectos? ¿Le das consejos sobre su carrera?
—Estamos juntos hace mucho tiempo. Es mi familia. Ella lee todo lo que hago antes que nadie y me consulta cuando le ofrecen algo. No le doy consejos. El trabajo del actor es distinto. Le ofrecen cosas y a veces hay algunas que le gustan más y cosas que le gustan menos. Pero bueno, ahora es una época difícil. No hay mucho trabajo en este país, está muy difícil.
—¿Quién es más áspero a la hora de criticar?
—Yo soy el más rompepelotas de todos. Terrible. Mariana me parece que es una gran actriz. Puede haber personajes que me gustan más o trabajos que me gustan menos. Muchas veces la responsabilidad también es del director. Celebro todo lo que se logra hacer, pero odio el positivismo por deporte. Sé lo que para mí es genial y son muy pocas cosas. Mi familia me dice que soy medio amargo. Siempre le encuentro el problema a todo, pero no porque no lo disfrute: también le encuentro mil problemas a todo lo que yo hago. Somos imperfectos.
La fuerte reflexión sobre la crisis del cine argentino: “Se produce poco y hay cero apoyo del Estado”
—¿Cómo ves el momento que está pasando el cine argentino y la situación del Incaa?
—Lo veo muy mal, desastroso. Siempre tengo proyectos porque tengo amigos con quienes me gusta desarrollar cosas, pero es muy difícil sacarlos adelante porque se produce poco y hay cero apoyo del Estado. Es mucho riesgo para los estudios y para todos. Hacer cine es caro. Hay que aliviar un poco ese riesgo y apoyar. La única manera es entender que la cultura y el arte son esenciales para un país.
—¿Qué podría ocurrir si la situación no cambia?
—Tiene que cambiar urgentemente porque, si no, va a colapsar. Van a quedar algunas plataformas o estudios grandes haciendo ciertas cosas, pero va a ser muy difícil. O todos se van a ir a trabajar a otro lado.
—Dentro de este mapa también está la televisión. ¿Qué futuro le ves?
—La televisión ya está, es como la radio con personas. Hay gente hablando. Ya no hay ficción ni mucho arte en la televisión. Hay noticias, deportes y programas con gente hablando. David Foster Wallace decía que la televisión es el hogar encendido de antes. Es lo que te da compañía, una especie de calor que está ahí. Tiene una utilidad, como la radio, que también va a seguir existiendo. Para lo que yo hago, la televisión ya no existe. Fue reemplazada por las plataformas. No son perfectas y tienen mil problemas, pero al menos generan contenido.
Nicolás Giacobone: “El cine tiene que crecer como lo fue en los 90″
—¿Qué lugar conserva el cine frente a las plataformas?
—Estas películas son como los últimos intentos de entender la importancia del cine como lugar. Este año, en Estados Unidos, la taquilla fue récord histórico. Creo que el cine nunca va a dejar de estar. Hay que hacerlo crecer otra vez hasta lo que fue en los años 90, cuando un drama o una comedia en el cine eran un evento. La plataforma nos quitó un poco eso por la comodidad de verlo en casa.
—¿Qué tipo de producciones disfrutás ver?
—Veo de todo. Me gustan las películas de género, las comedias y la acción. A todo le encuentro algo interesante. Todo tiene su dificultad y su forma. Soy miembro de la Academia de Hollywood y suelo leer mucho más. En esta época del año, la Academia tiene una plataforma, como un Netflix propio, donde están las películas del año. Empiezo una especie de maratón para ver todo.
—¿Tenés algún placer culposo? ¿Ves algún reality, una comedia romántica de Jennifer Aniston?
—Mi pochoclo son las sitcoms muy bien hechas como Seinfeld, Friends, How I Met Your Mother. Me parece impactante cómo trabaja esa gente. Es un nivel de efectividad impresionante. Los guiones y los actores. Trabajan con veinte guionistas y, si el público no se ríe, paran y cambian el chiste. Eso me vuelve loco.
—¿Te gustaría escribir una sitcom?
—Me da terror. Es una cultura muy estadounidense. Si no tenés la cultura de actores, directores y escritores para eso, es muy difícil. Hacerlo acá desde cero es difícil. El cine es dedicarte de lleno a una cosa. Son 120 páginas a las que les podés dar dos mil millones de vueltas. No hay apuro. No es como la televisión, donde tenés seis meses para escribir quince capítulos.
—¿Cómo ves a Hollywood tras la huelga de 2023? Se dice que la industria audiovisual de Estados Unidos tuvo un gran quiebre.
—La industria está cambiando y todos se están ajustando a algo que no terminan de saber cómo va a ser. Esa es un poco la sensación. Lo que se venía pagando durante las últimas cuatro décadas a los actores y a todos ya no tiene sentido, salvo en proyectos muy comerciales. Los escritores tienen que aceptar ganar menos, los actores también y los productores acomodarse a lo que implica hacer una comedia o un drama.
Proyectos en desarrollo y actores con los que le gustaría trabajar
—¿En qué proyectos estás trabajando?
—El único en el que estoy trabajando es uno con Peter Gabriel. Es una adaptación al cine de un disco de Genesis, el último que hizo con Genesis, The Lamb Lies Down on Broadway. Estamos en la etapa de tratamiento de encontrar el concepto y, a grandes rasgos, cómo va a funcionar la adaptación. Tengo un par de proyectos escritos. Uno es con el director de John and the Hole, una película que hice hace unos años en Estados Unidos. Estamos tratando de entrar en la etapa de casting y hay algunas ofertas dando vueltas. También estoy desarrollando un proyecto con dos amigos y colaboradores, Pascual Sisto y Matt Butcher, un escritor estadounidense de literatura. Es lo más experimental que hice en mi vida y estoy tratando de terminarlo. La primera persona a la que se lo voy a mandar es Daniel Day-Lewis. Va a decir que no, pero es mi deseo. Sería ideal para ese proyecto.
—¿Con qué actores y actrices te gustaría trabajar?
—Son muchos y depende de qué estés haciendo. John Goodman es un actor que siempre amé. Gary Oldman también. De acá soy muy fanático de Maricel Álvarez, con quien hicimos Biutiful, y Mariana Genesio es una genia. No sé si la conocés, es muy buena (risas). Creo que hay mucho talento en Argentina.
—¿Qué se necesita para que la industria audiovisual argentina crezca, que llegue al público de nuestro pais y llegue al mundo?
—Cuando hablamos de la situación del cine en general, hay mucho talento en todas las áreas. Lo que falta es apoyo para que esa gente no tenga que vivir de otra cosa distinta de lo que sabe hacer. Ojalá la industria argentina crezca. Yo me rompí el culo para escribir bien en inglés porque es una industria mucho más grande. Y no hablo solo de Estados Unidos. En Europa, por ejemplo, puedo escribir una película para Alemania, como un proyecto en el que trabajo con Austria, y hacerlo en inglés. Es un proyecto que no habría podido hacer en español. Pero, si la industria creciera, preferiría escribir en español y contar historias argentinas. Sin duda. Creo que hay mucho por hacer, aunque es difícil, muy difícil.
Fotos: Jaime Olivos/ Warner Bros
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