La mamá le puso Selena, le dicen Sele. Es influencer, fotógrafa, streamer y la creadora, junto a su novio, Ramiro Palomeque, de las fiestas que reúnen a cientos de jóvenes todos los fines de semana, las exitosas fiestas “Wasabi” que se hacen en Buenos Aires, en Mar del Plata, en Uruguay... Gran comunicadora, habla de sus trastornos alimentarios que empezaron a los 12 años y que pelea por dejar atrás. Tenía solo 19 años cuando abrió su canal de Youtube y 23 cuando se convirtió en una emprendedora exitosa.
– En todos lados, en todo el país ahora. Todo el tiempo mi cabeza en, ¿qué más puedo hacer? Quise hacer más que solo dedicarme a las redes porque sentía que se podía terminar en cualquier momento, quería algo que no tuviera únicamente que ver conmigo. Mi novio es DJ y le empecé a insistir que empiece a tocar en lugares. Él es muy de su zona de confort y yo soy muy de, ¡vamos! Nos complementamos muy bien, él a veces me relaja y yo a veces lo impulso a que siga. Cuando iba a tocar la gente me decía, ‘hace mucho no escuchaba esta música en un boliche’, ‘hace mucho no la pasaba tan bien’. Y le dije que teníamos que hacer nuestra fiesta y poner esa música. Nosotros no salimos a bailar porque nos parecía muy mala la música. Hicimos una fiesta con música que a nosotros nos gusta.
– ¿Cómo supiste que la música que a ustedes les gustaba le iba a gustar a mucha más gente?
– Jamás me imaginé el impacto. Me tiro, como los caballos de carrera, voy. Y funcionó.
– ¿Cuánta gente va a cada fiesta?
– Este fin de semana tenemos cuatro fechas en cuatro provincias del país y cada una tendrá más de mil personas. Así todos los fines de semana.
– Sos millonaria, Sele.
– Jajajaj, hago muchas cosas. Hago redes, tengo una marca de maquillaje y la fiesta. Hay mucho gasto con la fiesta, gastos demenciales y casi siempre se coproduce con otro socio, puede ser el dueño del boliche, el dueño del establecimiento, otro productor.
“LA CANTIDAD DE BOTELLAS QUE REPARTIMOS POR FIESTA ES DEMENCIAL, SE PONE EN PEDO TODO EL BOLICHE”
– La música es reggaetón en su mayoría, pero el nombre de la fiesta es japonés.
– Nos gustaba el concepto de la fiesta más picante, que pasaran cosas que no pasan en otros boliches, como por ejemplo repartir shots gratis a todos. La cantidad de botellas que repartimos por fiesta es demencial, se pone en pedo todo el boliche.
– ¿Esa es la intención?
– A mí me gusta mucho cuando estoy escuchando una buena música, tomarme un buen trago. Y hay gente que me dice, ‘me tomé cuatro o cinco’.
– Es riesgoso, ¿nunca tuvieron un problema? ¿Alguno que se pasara de rosca?
– Tuvimos que cambiar el tipo de bebida a una un poquito más tranqui, para que no haya excesos.
– Hacés muchas cosas a la vez, ¿tenés una secretaria que lleva la agenda?
– No, me vendría bien una secretaria, lo estuve pensando. Duermo poco, lloro mucho, tengo poca vida social, estoy siempre a las corridas.
– ¿Lloro mucho?
– Porque me abrumo. Cuando voy a un lugar ya estoy llorando porque no llego y tengo que hacer otra cosa. Arranco a las siete y termino a las 23.
– Estás de novia con Ramiro desde que sos muy chica, tenías 19, desde hace siete años. ¿Cómo es trabajar con el novio?
– Tuvimos que acomodarnos, al principio teníamos muchas rispideces. Por suerte siempre fuimos pares, hubiera sido muy distinto que alguno tenga que dirigir al otro. Yo soy medio chispita, él es muy relajado, eso nos ha traído problemas, yo era la que ponía límites y él permitía todo. Pero nos pudimos acomodar, decidimos que cuando nos vamos a dormir no se habla de trabajo. Siempre hay más para hablar, más ideas que te surgen. ‘Cortemos acá, hablemos un poco de lo mucho que nos amamos’.
– ¿Puede ser malo para la pareja estar todo el tiempo trabajando juntos?
– Sí, yo estoy más tiempo fuera de casa que él. Llego muerta, me desmayo, me quiero dormir instantáneamente. Faltan esos momentos de sentarmos a comer, cocinar algo. Yo sé que si trabajo tanto no voy a llegar temprano a mi casa a cocinar algo con mi novio. Tiene que ser una decisión y una intención. Ahora, todos los jueves son nuestros, el plan es estar con mi novio.
– Como la gente grande, como en un matrimonio.
– Ramiro es de las mejores cosas que me pasó en la vida, quiero cuidar mi vínculo. Hubo una crisis hace dos años, cuando la Wasabi empezó era como un delirio. Todo. Viajar de acá para allá, no dormir… En un momento chocabamos mucho y él me dijo: ‘no hay nada que valga más que nuestra relación, no me interesa el éxito de nada si va a costar nuestra relación’. Por suerte los dos hacemos terapia.
– Viven juntos desde los 20 y son una pareja súper estable.
– Nunca cortamos, nunca en la vida jamás nada. Nos re puteamos, ¿como hermanos, viste? Nos cagamos a pedos. Yo soy muy desordenada, él me hincha mucho y nos puteamos, después nos decimos ‘basta, no peleemos más’, y listo.
– No creo que veas parejas así de tu edad.
– No es por hacerme la única o especial, pero siento que cuando mis amigas están en pareja los problemas son otros. No me acuerdo con quién estaba antes de estar con él, imagínate. Y si yo no me acuerdo, él tampoco. Son otros los problemas, los dos cambiamos mucho, con todo lo que lo que hemos cambiado hasta me gusta más.
– ¿Qué es lo que te gusta de él especialmente?
– Me gusta su templanza, me gusta como sabe sacarme de mis momentos de crisis y llevarme a tierra. Es muy bueno, es muy cariñoso, es muy generoso, todo el tiempo está pensando qué puede hacer para facilitarme la vida, para ayudarme. Me prepara el desayuno, me acompaña, si tiene que despertarse a la mañana porque es el único horario en el que puede entrenar conmigo lo hace.
– Me enamoré.
– Es un amor. Tuve mucha suerte. Juega mucho con la compu.
– ¿Pero qué problema hay?
– Está todo el día jugando con la computadora, está de novio con los seis chabones con los que juega, basta.
- Te escuché decir la palabra “atraconar”. ¿Existe la palabra?
– ¿Vos decís que no existe? Puede ser que haya inventado, le puse un verbo a la palabra atracón.
– Cuando uno inventa una palabra, le da una dimensión distinta a lo que pasa. Lo que estás diciendo es que tenías tantos atracones, que la acción era una costumbre.
– Sí, cuando lo dije fue: no voy a un lugar porque sé me voy a ‘atraconar’, se que esta acción va a suceder y decido no ir.
– Tu generación está atravesada por los trastornos alimentarios.
– Yo no quiero corregirte, pero siento que la única diferencia con esta generación es que está aprendiendo a hablarlo. Cuando empezás a investigar un poco más también pasaba en la generación anterior y en la de mi abuela y de mi bisabuela.
– Es probable, hoy se habla muy crudamente.
– En las revistas, en la tele, se escuchaban barbaridades, opiniones de cuerpos, de modelos.
“HAY ESPECIALISTAS EN NUTRICIÓN QUE ABORDAN LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS DE MANERA MUY TÓXICA O IGNORANTE”
– Lo que se veía en la tele no era una muestra de la diversidad de cuerpos. Y con las redes todo se multiplica.
– Si. En este video en que dije ‘atraconar’, lo que más se celebró fue mi manera de hablar. Soy muy cuidadosa hablándolo, porque he escuchado muchas barbaridades, no solo opiniones de gente que no debería opinar, sino de gente especializada en nutrición, especializada en trastornos, que tiene maneras muy malas de abordar el tema. Que por abordar el tema de una manera tóxica o ignorante terminan perjudicando más de lo que ayudan. Hay muchos disparadores de esta enfermedad, por eso hay que ser muy cuidadoso.
– Cada vez se habla más de todo tipo de trastornos, también de los trastornos de ansiedad y de la depresión, pero el trastorno alimentario es tema común en muchas adolescentes. En tu caso empezó en la adolescencia.
“EMPECÉ UNA DIETA A LOS 12 AÑOS, PARA MI VIAJE DE EGRESADOS DE SÉPTIMO GRADO”
– Sí, desde muy chiquita. Yo me acuerdo de empezar una dieta a los 12 años, para mi viaje de egresados de séptimo grado. Mi dieta era lo que me planteaba en ese momento que no podía comer o que sí podía comer, no tenía ningún tipo de conocimiento de nada y estaba en pleno crecimiento.
“SI SOY MÁS FLACA VOY A SER MÁS LINDA, VOY A LLAMAR MÁS LA ATENCIÓN, VOY A GUSTAR MÁS, VOY A TENER MÁS VALOR”
– Elegir qué comer y qué no, ¿era para ser más linda? La fantasía era ¿‘si soy más flaca soy más linda’?
– Sí, estoy completamente en desacuerdo con eso, pero sí. Si soy más flaca voy a ser más linda, voy a llamar más la atención, voy a gustar más, voy a tener más valor. Porque para mí el valor pasaba por si yo era lo suficientemente hegemónica, o lo suficientemente atractiva, o el cuerpo lo suficientemente perfecto según mis ojos en ese momento, para valer.
– ¿Con quiénes te comparabas?
– Me comparaba mucho con mis compañeras, me comparaba mucho con mi hermana. Tengo una hermana mayor, somos medio mellis porque me llevo un año. A ella siempre le costó comer, yo comía mucho y ella comía muy poco, teníamos que esperarla en la mesa para que termine de comer. Yo no entendía por qué ella era tan flaca, su ropa no me entraba. Mis padres por suerte nunca nos han comparado, pero uno se va llenando la cabeza. Hace poco encontré una revista que yo leía, había un quiz que decía por ejemplo, ¿qué tipo de chica sos cuando te sentás a comer?
– ¿Había una parte de tu cuerpo que no te gustaba?
– Sí, me acuerdo que una vez estábamos en séptimo grado y unos compañeritos habían… Es terrible, lo que estoy por contar es terrible. Habían hecho una grilla con los nombres de cada una de mis compañeras y el mío, y del otro lado de la grilla escribieron: panza, piernas, brazos, culo. Iban poniendo en el nombre de cada una el puntaje.
– ¿Los varones?
– Pero las chicas también participaban, las chicas opinaban de los cuerpos de otras chicas. En clase, lo completaban y se lo iban pasando entre compañeros. Yo siempre me senté en el primer banco porque tengo mucha miopía, y cuando me llegó vi: Sele, brazos, nueve, panza dos. Me fui al baño, lloré un rato, volví y dije ‘tengo que pasar a ser un nueve, no puedo ser un dos’. Me acuerdo de muy pocas cosas de mi primaria. ¿Cómo proteges a una niña de eso? ¿Que entienda que no es un dos la panza, ni un nueve, ni nada? Que no hay un puntaje, que no existe.
“SÉ QUE ESTO ME VA A ACOMPAÑAR TODA MI VIDA, INTENTO QUE QUEDE EN EL PASADO, PARA ESO TRABAJO”
– ¿Cuánto tiempo te quedaste pensando en el dos? ¿Fue de ahí en más y para siempre el tema de la panza?
– Sí, creo que sí. Sí, es una de mis mayores inseguridades hasta el día de hoy. Cuando se habla de trastornos de la conducta alimentaria mucha gente dice que te van a acompañar toda la vida. A mí no me gusta decir eso aunque se sienta así. Me va a acompañar toda la vida, quisiera no decirlo, quisiera combatirlo. Que quede en el pasado, como un trauma que se superó. Y para eso trabajo mucho, hago terapia, hago las cosas que me hacen bien para alejarme y para racionalizarlo. El cuerpo físico de una persona me parece algo tan superficial que intento racionalizarlo y llevarlo a ese lado: ‘esto es una pelotudez, no me puede preocupar’.
– Dijiste ‘sé que me va a acompañar toda la vida’.
– Siento que me va a acompañar toda la vida, es algo de todos mis días. Me suena muy utópico imaginar una vida en la que no me acompañe, trabajo para eso.
“PIENSO EN LA COMIDA TODOS LOS DÍAS, TODAS LAS HORAS, TODOS LOS MINUTOS. ES MUY AGOTADOR”
– ¿Esto significa que seguís pensando en la comida en la vida diaria, hoy a los 26?
– Todos los días. Todas las horas. Todos los minutos. Es muy agotador.
– O sea, ¿no solo cuando vas a comer o tenés que planificar qué vas a cocinar?
– Cuando me despierto, antes de comer, cuando como, cuando termino de comer. Son como sentimientos que van mutando. Antes de comer es ansiedad, ¿qué voy a comer? Cuando estoy comiendo estoy pensando en tengo que dejar de comer. Y cuando termino de comer es ‘tendría que haber comido menos’.
“SIEMPRE ES ‘COMÍ DE MÁS’, SIEMPRE”
– ¿Todos los días aparece el ‘tendría que haber comido menos?
– Siempre. Siempre es ‘comí de más’, siempre. Muchas cosas intento no decirlas en voz alta para no generar cosas feas en el lugar en que estoy. Si alguien me dice ‘uy, comí mucho’, eso genera rispideces en mi cabeza.
“AHORA ESTOY TRANSITANDO UNA RECAÍDA FUERTE, NO ESTOY EN UN BUEN MOMENTO EN MI RELACIÓN CON LA COMIDA”
– ¿Hay cosas que dejás de comer?
– Sí. Justo ahora que estamos teniendo esta conversación, estoy transitando una recaída medio fuerte, no estoy en un buen momento en mi relación con la comida. Ahora todo el panorama es negativo. O sea, todo lo que me digas va a ser negativo. Hay momentos en los que logro relajarme, disfruto de la comida sin estar todo el tiempo pensando. Siempre es una voz que está, pero a veces está más fuerte.
– ¿Qué es lo que no comes por ejemplo? ¿Una hamburguesa con papas fritas?
– Lo hago, pero quizás es lo que más me dispara una seguidilla de ansiedad, frustración, incomodidad, entonces prefiero no hacerlo hasta no estar un poco más tranquila con mis pensamientos.
– ¿El problema siempre fue la cabeza?
– Siempre fue la cabeza. Y fue tan fuerte la cabeza que en una época se convirtió en algo físico. Muchas veces somatizas cosas que no existen, cuando más enferma estuve me empezaba a sentir muy mal, tenía mucho dolor de panza cuando comía cualquier cosa y nunca fue nada. Siempre fue la culpa de haber comido.
“TUVE ANOREXIA Y BULIMIA. AL AÑO SE SUMARON LOS ATRACONES. FUE EL PEOR MOMENTO”
– Cuando hablaste de atracón los habías sufrido muchas veces entonces.
– Fue cuando peor estuve en mi enfermedad, el momento de los atracones fue el peor momento. Yo tuve todo un año de anorexia y bulimia. Y cuando se terminó ese año, la anorexia y la bulimia seguían, pero se sumaron los atracones. Era estar completamente desconectada de mí misma, desconocida, no tener control sobre las decisiones que tomaba o tener demasiado control, porque el castigo era terrible. Me gusta cuando hablo este tema hacer mucho énfasis en que las enfermedades de la conducta alimentaria no son de un solo tipo cuerpo. Cuando hablé de trastornos alimenticios me hablaron chicas diciéndome ‘tengo sobrepeso y estoy en el peor momento con mi relación con la comida’, no existe el estereotipo de persona enferma. Por eso también es incluso más peligroso, cuando más se alarmaron fue cuando estaba anoréxica y cuando terminaron los atracones todos se relajaron, pero fue cuando yo realmente peor la pasaba.
“YO VOMITABA Y DECÍA: ALGO DEBE HABER QUEDADO, MAÑANA HAGO AYUNO TODO EL DÍA”
– También hay chicas que hacen ayuno, después de vomitar. ¿Qué te pasaba a vos?
- Las dos, yo vomitaba y después decía ‘algo debe haber quedado así que mañana hago ayuno todo el día’.
– ¿Llegaste a hacer un día entero?
– Más de un día. Ayuno con líquidos, por ejemplo, dos días, dos días y medio.
– ¿Tomando qué? ¿Solo té?
– Si, o hervía verduras y tomaba el jugo de la verdura.
– Cuando ayunas no tenés fuerzas para moverte, para levantarte, no tenés energía.
– Ni para pensar, ni para dialogar, ni para prestar atención en clase, todo esto en el colegio. Ni para estudiar, hacer una tarea, ni para relacionarme con mis compañeros. No, imposible.
“ESTABA AISLADA POR COMPLETO”
– ¿Estabas muy bajoneada o muy nerviosa?
– Estaba muy bajoneada, también estaba muy obsesiva. Y obsesiva me pongo muy controladora. Estaba muy en mi mundo, en ‘de qué manera voy a hacer hoy para que nadie descubra lo que estoy haciendo’. Entonces inventaba planes que no existían para que nadie pensara que yo no estaba comiendo o que me escondía. Estaba muy en mi mundo, aislada por completo.
– ¿Si estás aislada, te vas perdiendo cosas, no?
– Eso es lo más doloroso de la enfermedad, como te aísla. Es como una vocecita que te dice ‘no te acerques porque se van a dar cuenta’, ‘quédate sola que estás bien’. Si te quedas sola en tu cuarto, no comés, no ves a nadie, nadie te descubre, no le tenés que mentir a nadie. Eso te aísla y cada vez te aíslas más. Las personas se preocupan más, cada vez mentís más, es muy difícil. Por eso también es importante hablarlo.
– Decís que es muy difícil que se note, porque cuando estás atravesando momentos así tenés herramientas para ocultarlo y para mentir a la familia, por ejemplo.
“MIS PAPÁS ME PRESTARON SIEMPRE MUCHA ATENCIÓN, YO LES MENTÍA MUCHÍSIMO”
– Sí, ni hablar de que hay familias que no prestan tanta atención. Pero mis papás siempre prestaron mucha atención y así todo yo zafaba, les mentía muchísimo.
– ¿Cuándo terminó todo este proceso? Te veo bien, por más que tu cabeza siga todo el tiempo pensando en la comida.
– Nunca en la vida, por suerte, volví a estar así. Y no voy a volver a estar así nunca en mi vida. Cuando conocí a mi novio actual pude por primera vez decir: sufrí anorexia, bulimia y atracones. En una cena, no me lo olvido más, le dije: ‘sos la primera persona a la que le digo esto’. Fue como sacarme una mochila de 15 kilos de la espalda. ‘Uff, ¿y ahora qué va a pasar?’ La primera vez que lo dije en voz alta. Es la mejor persona a la que se lo pude haber dicho porque no cambió nada. ‘Nunca más me voy a poder sentar a comer en frente tuyo sin que vos estés pensando en que me voy a ir a vomitar’, pensé. Y no cambió nada, se convirtió en un lugar seguro. Si tengo ganas de vomitar después de comer se lo puedo decir sin que él se enoje, sin que él se angustie. Me dijo, ‘me encantaría que no tengas este pensamiento, vamos a trabajarlo para que lo dejes de tener’.
“ES UNA ENFERMEDAD, UNO NO ELIGE RECAER”
– Decirlo sirve.
– Es lo más importante. Esa voz que tenés te convence de que no lo tenés que decir, que lo tenés que ocultar. Cuando tenés ese momento de lucidez, de decir ‘yo no quiero esto para mí’, es el momento en que lo tenés que exteriorizar. Ojalá encuentres a alguien que te escuche de la manera en la que te tienen que escuchar. Y si sos vos la persona que estás acompañando a alguien el enojo y la frustración no son palabras válidas. Imagínate lo frustrada que está la persona que tuvo la recaída, está frustradísima. Si sentís que no podés acompañar, entonces da un paso al costado y que se busque otra persona que pueda acompañar. Pero no te puede frustrar porque es una enfermedad, uno no elige recaer. Hay muchas razones por las cuales uno puede recaer, porque está en un momento más estresante, o está en un momento más vulnerable, o está en un momento de mucha frustración. Acompañar es preguntar qué está pasando, por qué estás así en este momento, qué es lo que te tiene mal. Se acompaña, se saca de ese lugar, se distrae. Me acuerdo de una cena en la que lo expuse con mis padres médicos, fue durísimo pero fue: listo, ya está, lo dije, es un tema muy blanqueado.
“YO TENÍA 17 AÑOS, NO ENTENDÍA LAS SECUELAS QUE ME IBAN A QUEDAR”
– ¿Tomaste conciencia de que dejar de comer es autodestructivo? ¿O eso está lejos de pasar todavía?
– Es completamente autodestructivo. Y no es la única cosa autodestructiva en mi vida. Hay muchas otras también. Nunca en la vida voy a volver a hacer algo tan autodestructivo como en esa época porque me siento en un momento mental mucho más fuerte. La terapia realmente funciona y es muy importante. Es muy importante entender que no sos la única persona a la que le está pasando. Mucha gente me agradecía, ‘es como si me estuviera escuchando a mí misma’. A mí me destruía que me dijeran eso, me rompe que tantas personas se hayan sentido identificadas. Me encantaría que nadie se sienta identificado con esto que es horrible, pero al mismo tiempo existe esa voz interna ‘no te van a entender’, ‘estás exagerando, no es grave lo que te está pasando, estás queriendo llamar la atención’. Yo tenía 17 años, era muy chiquita, no entendía las secuelas que me iban a quedar, no entendía los trastornos que me iban a quedar. Ojalá lo hubiera entendido, quizás hubiera tomado otra decisión.
– ¿Te dejó secuelas?
– Algunas cosas puntuales con la comida me siguen pasando. Por ejemplo, salís a comer con tus amigos, te tomás un trago, comés un postre y estás ‘uff, qué llena que estoy’. Ahí estoy ‘tenés que ir a vomitar, tenes que ir a vomitar, levántate de la silla, tenés que ir a vomitar’. Eso no se me fue nunca en la vida. Jamás.
– Muchas chicas sufren otro tipo de autodestrucción, muchas cirugías o se inyectan cosas buscando un cuerpo que no existe.
– Mucha gente no se imagina que las personas más famosas que más admiramos, que más deseamos o que más envidiamos, tienen de fondo un trastorno terrible. No comen hace semanas. Por eso la comparación constante es el mayor veneno de esta sociedad. No hay otra cosa en este momento que no quiera más que estar fuerte, que poder pensar claramente, que poder abrazar a mi familia. No le quiero mentir más a nadie, no quiero ocultar más nada. No quiero volver a ser esa persona amargada, aislada. No es mi deseo. Y eso me deja tranquila, que sé que si yo estoy con más ansiedad con respecto a la comida, no voy a volver a hacer eso porque ya no es mi deseo.
– Tenés un don, el de comunicadora. Sos muy clara, es muy agradable escucharte. Empezaste muy chiquita en YouTube, ¿siempre fue así? ¿Te resultó sencillo hablar? Te manejás como pez en el agua.
– Gracias. Siempre fui de hablar mucho. Para mí es importante tener una opinión de las cosas. Hay gente que va por la vida y le da igual, o no entra en discusión. Para mí siempre es importante estar de algún lado de la vereda de los temas.
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