Hay padres que empujan a sus hijos hacia la cancha y otros que les cierran la puerta. Jorge Pipa Higuaín conoció las dos caras: la de un padre empleado público que nunca fue a verlo a las inferiores de Nueva Chicago, y la del padre que acompañó a cuatro hijos varones, dos de ellos, Gonzalo Pipita y Federico, futbolistas de élite.
En el segundo capítulo de Decime la verdad —el ciclo de entrevistas que conducen el productor Fernando Marín y el expresidente de River Rodolfo D’Onofrio—, el exdefensor central de Nueva Chicago, Gimnasia, San Lorenzo, Boca, el Brest francés y River repasa una carrera que empezó contra la voluntad de su familia. Cuenta por qué tiene a River en el corazón aunque jamás habló mal de Boca, y revela que vive de las propiedades que empezó a comprar por el consejo de un compañero de la Primera B. Habla de Messi, que acaba de dejar la Selección -“Leo ya dio todo”-, de su voto a Javier Milei, y discute de frente con D’Onofrio sobre las sociedades anónimas deportivas.
En el tramo más íntimo, Higuaín recuerda a Nancy Zacarías, su mujer, que murió en 2021 y a quien define como “una diosa”. Cuenta que sus hijos ya aceptaron a su nueva pareja, y defiende a Gonzalo: “Un gol errado no puede marcar la carrera de uno de los delanteros más importantes que tuvo el fútbol argentino”.
Fernando Marín: Hola, amigos. Una vez más con ustedes en Decime la verdad, acompañado por mi amigo y partner Rodolfo D’Onofrio. Hoy tenemos una figura que es amiga de los dos, que es padre de cracks y que tiene una historia muy rica para contar. Voy a presentar al Pipa Higuaín.
Jorge Pipa Higuaín: Bueno, un gusto. Se los dije ni bien llegué: son dos personas que quiero mucho y realmente es un placer para mí compartir con ustedes un momento tan lindo.
Rodolfo D’Onofrio: Tu historia deportiva: Chicago, Gimnasia, San Lorenzo. Vas pasando por clubes de distintas características y después pasás por Boca, River y Francia. Contame un poco qué sentiste en ese paso rápido.
Jorge Pipa Higuaín: Yo nací jugador de fútbol, la verdad te digo. Con el estudio no me llevé bien, y cuando tomé la decisión de dedicarme al fútbol tuve grandes problemas familiares con mi papá, que era fanático del estudio, de la seriedad, de la honestidad: lo que los padres de antes querían para su familia. Para colmo, todos mis hermanos tienen título. De los cuatro, el único que no tiene soy yo. Mis hermanos son arquitectos, empresarios. Lo bueno es que pude cumplir mi meta, lo que le prometí a mi padre. Después, cuando me vio triunfar y pasar por los clubes que vos mencionaste, tuvo otra actitud conmigo. Porque cuando yo estaba en las inferiores de Chicago nunca me vino a ver. Nunca. Estaba absolutamente en contra, algo muy de la época.

Rodolfo D’Onofrio: Te hago una pregunta justamente sobre inferiores. Como presidente de River me tocó estar cerca de las inferiores, y veía que los padres se obsesionaban con que el hijo llegara y le terminaban complicando la vida. ¿En esa época era distinto? ¿Cómo era?
Jorge Pipa Higuaín: No, yo nada que ver. Pero es distinto tener un papá que tiene otra profesión que tener un papá que fue jugador de fútbol y entrenador. Mi acompañamiento era distinto. Yo jamás, Rodolfo, iba a atacar a los chicos o al técnico. Hay padres que se descontrolan y no está bueno. Es totalmente incorrecto.
RD: En tu época de jugador, ¿había esa presión? No digo tu caso con tus hijos, que fue diferente, sino en general. Veo que hoy tienen una presión que los termina trastornando.
JH: No me acuerdo si fue Luisito Islas o Goycochea, que tuvieron un caso muy parecido al mío: el padre no quería. Los papás no querían hijos jugadores de fútbol, querían hijos con la chapita de…
RD: Hijo doctor.
JH: Exactamente, con otra profesión. Ahora hay más padres que quieren hijos futbolistas. Y ahí vienen todos estos problemas: los someten, prácticamente, y además le faltan el respeto al director técnico, porque dan instrucciones desde la tribuna. Yo lo vi todo, lo viví todo. Están sentados y dicen: “Así no, dásela al otro, vení para atrás”. Tienen un técnico que los está formando y al que hay que respetar, porque es un profesional. Es propio de los argentinos, ¿no? Los insultos que emanan de las tribunas, de las plateas. En nuestra época la platea era un lugar privilegiado, de respeto, de educación, y ahora se desvirtuó todo.
FM: Te quiero hacer una pregunta en lo personal. En un momento de tu vida fuiste padre y madre. ¿Fue así?
JH: Lo que pasa, Fernando, es que mis hijos ya estaban grandes: el más chico tenía 30 años. El dolor fue intenso para todos, tanto para mis hijos como para mí. Pero la vida sigue y hay que mirar para adelante. Además, tengo dos hijos que viven en Estados Unidos y tampoco les podía transmitir tanta tristeza, para que a la distancia no se sintieran mal.

FM: Está muy bien. Ellos, como hijos, sufrieron lo de su madre, sin duda. Lo viví de cerca, porque tienen la edad de mis hijos más chicos y vivimos muchas cosas juntos. ¿Cómo es hoy tu vida en el amor?
JH: Bueno, estoy bien. Conocí a una chica que me presentó un amigo. Yo estaba solo y la verdad es que no tenía ganas de nada, pero es una muy buena persona. Una excelente persona, que me hace muy bien. Mis hijos ya la conocen y la aceptaron como corresponde, porque es una excelente persona.
FM: ¿Vos te sentiste muy perturbado, herido, cuando el Pipita erró el penal?
JH: No, porque es lo mismo que le conté a Rodolfo. Yo fui jugador de fútbol y un penal lo erra cualquiera. Un arquero ataja las que ataja, por ahí una no la ataja, y da la casualidad de que es en un partido trascendente. Pero no puede quedar marcado para toda la vida. Un gol errado no puede marcar la carrera de uno de los delanteros más importantes que tuvo el fútbol argentino, por los clubes en los que jugó y por lo que logró en el exterior. Lamentablemente no lo pudo convalidar con la Selección. Y te imaginarás que lo que menos quiere un futbolista es errar un gol.
RD: Al poco tiempo de entrar como opositor en River, en la época de Aguilar, quisieron hacer una operación con varios jugadores, entre ellos Pipita. La primera se cayó y la segunda se hizo en cuatro meses. Querían vender el 30% de 15 jugadores por 3 millones; estaban Pipita, Augusto (Fernández) y varios cracks más. Eso hizo que yo decidiera meterme en serio en la política de River y tratar de ser presidente para cambiar lo que veía. A tu hijo después me tocó verlo en el Real Madrid y en muchos lados. ¿Qué diferencia sentís entre su época y la tuya? Vos defensor, él delantero. ¿El mundo del fútbol era igual o había diferencias entre una etapa y otra?
JH: Obviamente había diferencias, pero la idea era la misma. El fútbol se hizo más ágil, más vertiginoso, pero con la misma tendencia: jugadores que se ponen la camiseta de un equipo grande y tienen que jugar para adelante. Tenías que tener jugadores hábiles, el famoso diez que te diera la pelota de gol, centrales robustos, con temperamento.
RD: Tenías que tener al Pipita.
JH: Claro. Yo creo que fue la última generación que disfrutó de esa categoría, salvo que después, en 2018, River logró lo máximo que puede lograr un club, y para colmo ganando una final al eterno rival. Pero creo que fueron las últimas generaciones que vivieron esa ideología del fútbol argentino. Porque hoy voy a la cancha y veo cómo se juega. No solo en River: en todos lados se juega de la misma manera. Un toque para acá, un toque para allá, y la agarra más el arquero que el delantero. ¿Cómo puede ser que los técnicos argentinos, formados en un país que yo considero potencia, hayan cambiado la metodología? Somos potencia por todas las finales del mundo que ganamos y jugamos, que también es un honor aunque las hayamos perdido, porque las finales no las juega cualquiera. Este era un país fabricante de jugadores de fútbol.
FM: Lo insólito acá es que una medalla de plata en una olimpíada sale en la primera página de los diarios, y ser subcampeón en fútbol es ser un perdedor.
JH: Es un fracaso.
FM: Un fracaso. Es un disparate como lectura del fútbol.
JH: Coincido.

FM: Te pregunto una cosa. Dijiste que tenés hermanos profesionales, empresarios. ¿Te interesa otra cosa aparte del fútbol?
JH: Mi vida pasó por el fútbol, Fernando, y cuido lo que tengo. Me dediqué a invertir en propiedades y hoy, afortunadamente, vivo de eso. Me va bien y cuido, cuido, cuido. Soy un tipo muy, muy ordenado. Después de jugador fui técnico, y en 2006, cuando vendieron a Gonzalo al Real Madrid, tomé la decisión de desprenderme del fútbol como profesional y pensar un poco más en la familia. Junto con mi mujer armamos como una pyme familiar.
FM: ¿Te gustaría que tus nietos fueran jugadores de fútbol?
JH: No, yo digo que sean lo que sientan. Ese es el mensaje que siempre les di, porque no todos pueden ser jugadores de fútbol. ¿Qué querés ser? ¿Médico, contador, ingeniero, arquitecto? Lo que quieras, pero con pasión. Es lo que yo siento de la vida.
RD: Me sale el hincha de River. Vos pasaste por Francia y después llegaste a River, donde estuviste tres o cuatro años. Yo era un hincha que te miraba: eras de esos full backs bravos, que cabeceaban muy bien, y le hiciste un gol a Boca en un River-Boca. Dejando de lado los fanatismos, ¿hay alguna diferencia entre jugar en un equipo y en el otro?
JH: Cuando hablo de fútbol, Rodolfo, hablo de fútbol. Diferencia, ninguna. River, Boca, Racing, Independiente, San Lorenzo eran los que se llamaban grandes: te ponías una camiseta pesada y había que defenderla de la mejor manera. Es la profesión que uno eligió. Y yo lo hice en todos los clubes en los que me tocó jugar: defendí con honor cada camiseta que me puse. Siempre lo digo cuando me preguntan por Boca y River: no hay registro de que yo haya hablado mal de Boca. Porque Boca me agarra cuando San Lorenzo me deja libre. Me debían seis meses, fui a protestar medio en forma grosera y me dejaron libre un 24 de diciembre. A los 20 días me contrató Boca, y después de Boca me fui a Francia, que me mejoró la calidad de vida. ¿Cómo voy a hablar mal? Ahora, si vos me preguntás, lo tengo en el corazón.
RD: Los grandes cracks que hubo, como vos, como el Beto Alonso, como tantos otros, no ganaban las fortunas que se ganan ahora. ¿Qué vida llevan? ¿Qué ahorro pudieron hacer? ¿Cómo están tus compañeros de esa época?
JH: Solemos encontrarnos en River. El otro día hicimos una juntada muy linda con Comizzo, el arquero; con el Gordo Rinaldi, con el Tapón Gordillo, con Amador Sánchez… Están bien, y afortunadamente eso me pone muy feliz. También compartí momentos con compañeros que no están muy bien y que tuvieron un pasado exitoso. El tema es cómo controlás la parte económica.
RD: Es producto de la vida que hizo cada uno.
JH: Claro. Lo cuento siempre porque me divierte mucho. Cuando yo era jovencito, recién debutado en Primera con 18 años, tenía un compañero en Chicago que me decía: “Vos, pibe, las cosas te van a ir bien. ¿Escuchaste lo que te digo? Sabés lo que tenés que hacer con el dinero”. Y yo por dentro pensaba: “¿Qué voy a hacer?”, porque en esa época en la Primera B no se ganaba mucho. “Tenés que comprar departamentos y locales comerciales.” Me daba buenas instrucciones. Y el auto, después.

FM: ¿Y vos dejaste tu carrera para acompañar a tus hijos?
JH: Sí, sí. Porque dije: ya le di mucho a mi vida, hice lo que quise, tuve la dicha de jugar en todos los equipos que nombraron.
FM: ¿No te dio bronca, si todavía tenías aliento?
JH: No, Fernando. Yo tenía 36 años y además se me había cortado el tendón de Aquiles; no me pude recuperar. Dejé, y la verdad es que tomé la decisión porque a mi mujer la había dejado prácticamente sola. Ser esposa de un futbolista de equipos de esta naturaleza es que nunca estés en tu casa, y la que se hacía cargo de todo era ella. Ella fue mucho más importante que yo: la que tuvo el comando de la familia, la educación de los chicos. Ese es el honor de tener cuatro hijos varones y educados.
FM: ¿Y qué sentiste cuando llegaste a Racing con Fillol, que es una estrella?
JH: Emoción. Generar un vínculo con un campeón del mundo, con un tipazo como el Pato, me emociona. Además, Racing siempre me cayó simpático. De pibe gritaba sus goles en las Copas, y el día del gol del Chango Cárdenas mi vieja estaba planchando y yo mirando. Cuando me tocó ir a trabajar ahí te conocí a vos, diez puntos como dirigente. Me quedó el cariño. Y mi hijo más chico, Lautaro, es un enfermo de Racing. Yo le regalaba toda la ropa que me daba el club.
FM: Con una mano en el cuore, y esta vez decime la verdad. Triunfaste en el fútbol, en River, en Boca, en toda tu era, y después triunfaron tus hijos. ¿Qué te dio más satisfacción en la vida? ¿El egoísmo natural de ser un ídolo o el amor por lo que lograron tus hijos?
JH: Es una muy buena pregunta, pero no sé si caracterizarlo como egoísmo. Fue una meta que me propuse. Le dije a mi papá: “Yo nací para jugar al fútbol, voy a ser jugador de fútbol, quedate tranquilo”. Y le di todo, todo. Le entregué todo al fútbol. Tuve la suerte de tener una esposa que fue una diosa en ese sentido, que me ayudó muchísimo.
No es fácil tener hijos y estar todo el tiempo concentrado. En los equipos en los que me tocó jugar vivía concentrado: estaba uno o dos días por semana en casa. Tal es así que cuando nos fuimos a Francia, donde no se concentraba —íbamos en el chárter y volvíamos—, ella no quería volver. Me decía: “No, nos quedamos acá. De acá no me muevo, porque estás todo el día en casa conmigo”. Así que valoro las dos situaciones.
FM: La tuya y la de ellos.
JH: La mía, porque logré lo que quise, y la de mis hijos, porque se destacaron y también estudiaron, que fue lo que mi papá no logró conmigo. Yo lo logré con ellos. Les dije: “Si no se estudia, no hay fútbol. Olvídense”. River, y lo repito siempre, me ayudó mucho, porque los chicos vivían adentro del club; yo los iba a buscar a la tarde. Así me salieron, con título secundario. Más no, porque debutaron en Primera muy jóvenes, y después no les podía decir que fueran a la universidad, porque ya estaban encaminados en una carrera importante.
FM: Peguemos un salto mortal y volvamos al hoy. ¿Cómo se sigue después de Messi? ¿Qué pasa en el fútbol, en la Selección, ahora que termina Messi?
JH: Es una pérdida tremenda, de semejante jugador. Tengo la dicha de conocerlo de jovencito, porque fue compañero de Gonzalo, y tiene el fútbol en la sangre. Pero Leo ya dio todo, Fernando. Ya dio todo.
FM: ¿Ves una continuidad, una potencia residual que pueda quedar en la marca de la Selección argentina?
JH: Nosotros, los argentinos, a nivel deportivo somos bravos, en cualquier deporte que nos toque jugar. Somos pesados, la verdad. ¿Pero qué pasa? Se nos está yendo el número uno, casi de la historia del fútbol argentino. Un baluarte. No digo que vaya a haber alguien que lo reemplace, porque es muy difícil, pero deja un legado, y los muchachos que hoy están en la Selección lo tienen que seguir transmitiendo a los que vienen atrás. El fútbol es eso. Cuando a mí me tocó jugar, en los equipos armábamos grupos y tratábamos de ayudar a todos los chicos que se iban integrando al plantel profesional, porque en definitiva son tus compañeros y hay que ayudarlos.
RD: Messi, sin duda, es un jugador extraordinario y un gran ser humano, un ejemplo para la juventud. Pero hay algo que siempre se discute en el fútbol. Si mi padre viviera, me diría: “Vos no sabés lo que era Alfredo Di Stéfano”. Otro me dirá qué jugador era Pelé, qué jugador fue Maradona. ¿Se pueden comparar los jugadores de distintas épocas o son épocas tan distintas que no se puede? ¿Cuál es mejor?
JH: Obviamente es generacional. Antiguamente el fútbol no era tan físico como ahora. Hay algunos que se sienten más identificados con los que vos nombraste: Pelé, Di Stéfano… Y después terminás haciendo el análisis final con los jugadores de ahora, y a Leo nadie lo puede discutir. Es un crack el tipo. Ganó en todos los lugares donde estuvo, fue exitoso con la Selección. Es el más exitoso de la historia.
RD: Como jugador es un monstruo. Pero ¿no creés que también es muy importante el ser humano, la persona que es? Si se mantuviera esa humildad, esa actitud, ¿no creés que deja marcada una época muy fuerte? Yo creo que es una bandera grande.
JH: Es una bandera grande, y tiene que dejar la huella. Él la deja; lo que tiene que haber es la capacidad intelectual del plantel para agarrarla.
FM: Esa es la virtud de Messi, y está remarcada. ¿Cuál es tu mayor virtud?
JH: ¿En el ambiente del fútbol?
FM: No, como persona.
JH: Que soy muy correcto.
FM: Sos correcto. Y dame un defecto.
JH: Tengo un carácter jodido.
FM: ¿Y ese jodido lo siente el otro?
JH: Sí, a veces.
RD: Decime la verdad: ¿tuviste algún momento triste, duro? Dejando de lado lo de tu mujer, que sin duda fue un impacto muy fuerte. En relación con el fútbol, con tus hijos cuando jugaron… ¿Qué momento te pareció el más duro?
JH: A nivel personal, el momento más duro fue la final que perdimos con Cruzeiro (NdR: se refiere a la final de la Supercopa que River perdió contra el equipo brasileño en 1991). Injustamente. Pero la perdimos, y fue un dolor tremendo para mí. Y después, obviamente, las cosas de los chicos: lo de Gonzalo, el Mundial que perdimos en Brasil, que fue tremendamente injusto.
RD: Bueno, hay un penal ahí. No el penal que erró: el penal que le hicieron.
JH: Un penal que le hacen terrible, y un gol que hace y se lo anulan porque tenía el dedo gordo adelantado. Pero además erraron goles los compañeros de Gonzalo. Erramos cinco goles nosotros, y ellos no patearon al arco y nos clavaron. Eso me generó una tristeza muy grande, porque la verdad es que merecían ser ellos los campeones.
FM: ¿Qué opinás de este gobierno? ¿Cómo lo ves?
JH: ¿Este gobierno? Yo lo voté a Milei. Estoy de acuerdo en casi su totalidad. Me parece que es lo correcto. Lo que pasa es que acá estamos acostumbrados a otro tipo de política, a otro tipo de convivencia, que me parece que no es la adecuada.
RD: Una pregunta: si fueras periodista, hicieras una observación que al Presidente no le gusta y te respondiera como a veces responde, ¿te caería bien?
JH: Lo que pasa, Rodolfo, es que acá el periodismo también tiene su vehemencia cuando habla, cuando te expone, y a veces no tiene la verdad. Entonces él responde y cae mal porque es el presidente de la Nación. Pero realmente hay que admirar las cosas que hace bien, ¿no?
RD: Sin duda.
JH: Y hay muchas. Hay más cosas buenas que malas en estos tres años. Yo, por lo menos, que voy para los 70, pasé momentos malísimos acá. Y en tres años no pretendan que ordene un país que hace no sé cuántos años viene dando vueltas y vueltas, con las cosas que sabemos que pasan.
FM: Hablemos de la dirigencia del fútbol. Con tus hijos jugando a nivel internacional y viviendo en Estados Unidos, ¿tenés una semblanza de lo que es la FIFA, la AFA, la Conmebol?
JH: No la tengo. ¿Sabés por qué, Fernando? Porque afortunadamente mis hijos jugaron en buenos clubes en Europa y nunca tuve que hacer ningún reclamo ni comprometerme a defender nada.
FM: ¿Fuiste representante de ellos?
JH: De alguna manera, sí.
JH: También estoy de acuerdo en que hay que hacer algunos cambios en el fútbol argentino, porque no se puede seguir así. Para mí, con esto de la asociación civil sin fines de lucro nadie es responsable de nada. ¿Que el club es de los socios? Mentira. Para mí no es de los socios.
RD: ¿Por qué decís que no es de los socios?
JH: Porque los socios no manejan la plata.
RD: Pero los socios eligen a quienes la van a manejar. Te hago un contrapunto.
JH: ¿Vos sabés, Rodolfo, que el Real Madrid, por ejemplo, es una asociación civil sin fines de lucro? ¿Y qué pasa? Que ahí, si querés ser presidente, tenés que depositar 100 millones de euros en la cuenta del banco.
RD: Pero esperá, eso es para discutirlo. Está bien y está mal. Porque si alguien es socio de un club, somos todos iguales. Y si para ser presidente tenés que tener 100 millones, directamente eliminaron a un montón.
JH: Eso es para que lo dejes en caución, para manejar bien el club. Los clubes están endeudados.
RD: Pero no todo el mundo tiene 100 millones. Es una discusión interesante.
JH: Porque si los clubes fueran tan bien conducidos, no deberían tener la deuda que tienen todos.
RD: En eso coincido totalmente. Pero en España tuviste asociaciones civiles y sociedades anónimas, y a algunas sociedades anónimas les fue muy mal. Entonces no es que la fórmula sea esa.
JH: Pero cuando le va mal, no es la plata del socio.
RD: Está bien, es opinable. Y justamente acá estás para dar tu opinión y para escucharla. Es tu opinión y la valoro.
JH: Yo no digo que los clubes dejen de ser asociaciones civiles sin fines de lucro. Digo que el presidente y todos los directivos tengan responsabilidad.
RD: En eso coincido cien por ciento. Si recibo un patrimonio neto de 1.000 pesos, cuando me vaya tiene que haber 1.000 pesos.
JH: Eso es lo que quiero yo. Si mal no recuerdo, Mauricio Macri lo quiso hacer en Boca y no se lo aceptaron.
FM: Más allá de River y Boca, de los clubes grandes: antes de cerrar un club, lo transformo en sociedad anónima deportiva. Mi Racing desaparecía. Llegamos y lo salvamos. Por eso digo que tiene que existir la opción. Lo ideal es un club que sea asociación civil sin fines de lucro. Pero antes de cerrarlo, si hay capitales que invierten, lo transformo en sociedad anónima deportiva. Porque no tenés derecho a que, por malos dirigentes o malas gestiones, se funda una institución y desaparezca, si hay capitales que pueden hacer que siga. Por eso digo que el mix es bueno.
JH: Claro. Tiene que haber cierta responsabilidad de los que van a comandar el club.
RD: Sin duda. Otra pregunta: en tu época, ¿había dudas como hoy con respecto a los arbitrajes?
JH: No, no. En nuestra época no había.
RD: ¿Y hoy creés que hay dudas?
JH: Sí, claro. Absolutamente.
FM: Creo que la pasamos muy bien. Espero que los oyentes y televidentes de este ciclo también. Con el saludo del Pipa y de Rodolfo, me toca despedirme. Hasta la próxima.
JH: Un placer haber compartido este momento con ustedes y haberme podido expresar con libertad.
RD: Yo también quiero agradecerle al Pipa. Hace varios años que estamos por almorzar o vernos, y hoy nos encontramos acá. Increíble, maravilloso. Este ciclo logró eso. Muchas gracias.
Últimas Noticias
“Tengo diabetes e insuficiencia renal”: Pamela Sosa reveló las secuelas en su salud tras las intervenciones de Aníbal Lotocki
En Desencriptados, la exmodelo se refirió a su experiencia con los tratamientos estéticos, compartió detalles de su vínculo con el médico y explicó por qué decidió alejarse de la exposición pública

Sofía Calzetti: “Mi papá me sentó y me dijo, ‘¿qué sos vos, botinera?’ Yo no te crie para esto”
Al Kun Agüero lo conoció a los 21 años, casi inmediatamente se fue a vivir a Inglaterra con él. La relación empezó de una manera intensa, muy tóxica y con muchos celos de su parte. Por qué dice que es muy dura la vida de la mujer de un jugador, el tiempo en que sintió que tenía todo y que no era del todo feliz. Cómo fue atravesar los ataques de pánico del Kun después del evento cardiológico que lo sacó de la cancha. La vida de una familia que comparte todo y vive en tres países

“Era un infierno vivir en esa casa”: la violencia que Valentín Yankelevich sufrió de su padre y el refugio que halló en su abuelo
Tiene 23 años y es piloto del TC2000, hijo de Romina Yan y nieto de Cris Morena y Gustavo Yankelevich. Es la primera vez que cuenta cómo fue su vida después de la muerte de su madre y por qué a Darío Giordano no le dice “papá”. “No hay nada peor que la persona que te tiene que cuidar te violente”, asegura. La vida de un niño que sufrió violencia física y psicológica de parte de su padre hasta que se refugió en su abuelo.

Jugaba al hockey en Italia, un accidente lo dejó 22 días en coma y debió aprender a caminar de nuevo: “No fue algo malo en mi vida”
Francisco Morrocco estaba durmiendo en el asiento trasero del auto cuando recibió un impacto del que despertó un mes después. No tenía conciencia plena de dónde estaba ni de qué le había pasado y apenas respondía pestañeando los ojos. Lo que hacía antes de ese accidente no lo pudo volver a hacer. En una nueva edición de Voces, la vida de un joven que cuando regresó al país, descubrió, con pesar, que todos seguían igual menos él

Rodrigo Lussich, sin etiquetas: cómo una niñez en la que cruzó ríos a medianoche y viajó solo a los seis años moldeó al conductor que hoy se siente en su “tercera vida”
En Ellos, el periodista repasó los episodios familiares que atravesaron sus primeros años, el duelo por la muerte de su mejor amiga y la decisión de ponerse en primer plano. Además, reflexionó sobre la posibilidad de ser padre, el cierre de su dupla con Adrián Pallares y los proyectos que imagina para el futuro


