Los algoritmos de las redes me acercaron la historia de Denisse. Sus videos la mostraban internada en una clínica y ella relataba su desconcierto: su vida corría peligro y no sabía por qué. Paso días y noches de terror y convive aún con la incertidumbre. Con madurez y valentía decidió hablar de estas semanas tan difíciles y de la enfermedad que está atravesando, púrpura trombocitopénica ideopática. La conocemos desde el año 2024, cuando participó en Gran Hermano, es influencer y es creadora de contenido. Todo se precipitó cuando un día cualquiera Denisse fue a hacer su análisis de sangre de rutina.
– Hice mi análisis anual, el que me hago siempre, el de rutina. Dios, un ángel, o el universo, hicieron que me despertara temprano un día y decidiera ir al laboratorio. Después supe que ese día era clave, si lo hubiera hecho más adelante me quedaba sin plaquetas, quedaba en cero.
– Tenés 24 años. ¿Desde cuándo haces análisis de sangre de rutina?
– Siempre fui muy responsable con mi salud porque tengo hipotiroidismo, me lo diagnosticaron a los 16 o 17. Todos los años hago mis análisis y este año lo procrastiné. Un día me levanté temprano, me desvelé y fui al laboratorio. Gracias a Dios fui a ese día porque si no, no sé qué hubiera pasado.
“ME SANGRABA TODA LA BOCA Y ME MANDÓ A URGENCIAS”
– Llegaron después los resultados. ¿Cómo te enteraste de lo que pasaba?
– Esa tarde me llamaron del laboratorio: “te pedimos, por favor que mañana a la mañana vuelvas y lo repitas”. Este estudio puede salir mal, las máquinas a veces hacen un conteo equivocado de las plaquetas. Al otro día me dijeron “lo que leímos no estaba equivocado, tenés muy pocas plaquetas, te pedimos que se lo mandes a tu médico”. Se lo mandé y mi médico automáticamente hizo una videollamada. Me pidió que le mostrara las encías y a mí me sangraba toda la boca. Me dijo que me fuera a Urgencias.

– ¿Te habías dado cuenta que te sangraba la boca?
– Si, me sangraban las encías, pero uno nunca piensa que es algo grave. Pensé que me había lavado los dientes rápido porque tenía que trabajar y que se iba a pasar. Mi doctor por videollamada me dijo, “esto es grave”.
“MI CUERPO ME ESTABA AVISANDO, PERO YO NO LO QUISE VER”
– No tenías ninguna conciencia de que podías estar enferma
– No. Mi cuerpo me estaba avisando, pero yo no lo quise ver. Tenía moretones en el cuerpo y yo decía, me habré golpeado. A veces soy torpe. Tenía petequias, que son unos puntitos de sangre muy chiquititos, en las manos y en las piernas y las confundí con una alergia. Y si me sangraban un poco las encías decía, “qué bruta”.
– Llegaste a Urgencias con muy pocas plaquetas, ¿cuántas necesitamos los seres humanos?
“LLEGUÉ A TENER MIL PLAQUETAS, NO TENÍA NADA”
– De 150000 a 450000 plaquetas es el rango. Se puede vivir con 70.000 también, hay gente que vive con menos. Yo llegué a tener mil plaquetas, no tenía absolutamente nada, era el número más bajo.
– El médico te mandó al hospital, ¿te explicó por qué?
– Yo soy de Chubut, por eso hice una videollamada con él a Trelew. Me dijo que fuera a Urgencias, no me dio mucha explicación. Cuando llegué a la Guardia por rutina me volvieron a sacar sangre, el resultado dio mil plaquetas y la médica me dijo que tenía que internarme. Yo le dije: hacé lo que tengas que hacer, yo me quiero curar. Esa noche me interné sola.
– ¿Por qué sola?
– Porque mi pareja estaba en un viaje de trabajo.
Su pareja es Bautista Mascia. Músico, guitarrista y vocalista de la banda “Toco para vos”, fue además el ganador de Gran Hermano en el año 2024.
– Iba a ir con él, por algo del destino no se dio. Me acompañó una amiga, pero me tocó compartir habitación y no se pudo quedar a dormir.
– ¿Te asustaste? Fue todo fuerte y de golpe, de un momento para otro.
“ESA NOCHE QUE ESTABA SOLA HICE UN DIBUJITO DE DESPEDIDA”
– Si, yo no lo conté por mi familia, pero esa noche que estaba sola, hice un dibujito de despedida. Yo me asusté mucho. Entré a las doce de la noche a internarme y me explicaron. “Pocas plaquetas”, “hemorragia”, “ahora te van a sacar sangre”, “si te pinchan y te empieza a sangrar el brazo no te asustes”... Y yo, ¿cómo? ¿Me van a sacar sangre? Yo no entendía qué estaba pasando. Uno escucha “hemorragia interna”, “si te sangra la nariz me avisás”, “si haces pis con sangre me avisás”. ¿Qué me está pasando? Yo me asusté mucho, mucho, mucho. Lloré, lloré toda la noche. Estaba angustiada. Y no le quería decir a nadie, a mis papás no les dije.
– ¿Por qué dijiste “despedida”?
– Por qué no sabía bien que iba a pasar. Yo soy de prepararme para el peor escenario también. Vos escuchás la palabra hemorragia interna, ¿y qué sentís? Algo feo. Yo no entendía lo que era. Con el tiempo me lo explicaron y entendí que si estaba ahí todo era controlable y me calmé. Pero esa noche fue una noche de terror.
- Esa vuelta estuviste internada muchos días.
– Sí, estuve internada dos semanas, salí cinco días “de vacaciones” y volví otra vez.
– ¿Porque volvieron a bajar las plaquetas?
– Volvieron a bajar. Pasaron de 115000 a mil otra vez y tuve que volver. Los tratamientos no funcionaban.
“TODAVÍA NO SE POR QUÉ ME ENFERMÉ Y ES MUY PROBABLE QUE NUNCA LO SEPA”
– Es fuerte estar enfermo y no saber por qué. ¿Sabías por qué pasaba lo que pasaba? ¿Cuál es el origen?
– No, y todavía no lo sé. Y es muy probable que nunca lo sepa. Mi enfermedad se llama púrpura trombocitopénica idiopática. Idiopática significa sin ninguna causa aparente. Esta enfermedad se puede desencadenar por varios factores, como otra enfermedad autoinmune. Yo me hice muchos estudios para ver si tenía lupus, para ver si tenía hepatitis. Era un colador humano porque todos los días me pinchaban para saber si había otra enfermedad, gracias a Dios no. Otra explicación puede ser algún medicamento que hayas tomado. Pero ninguna de esas es la mía.
“HOY A LA MAÑANA ME FUI A SACAR SANGRE, HOY BAJARON LAS PLAQUETAS”
– ¿Cómo estás hoy?
– Hoy estoy buscando el tratamiento ideal. La semana pasada me saqué sangre y aparentemente dio un indicio de que este cuarto tratamiento que estoy haciendo está funcionando. Pero hoy a la mañana fui a sacarme sangre, esto es muy día a día. Yo me saco sangre todas las semanas, varias veces. Y hoy bajaron.
“MIS PAPÁS LAS PRIMERAS SEMANAS TEMBLABAN, LLORABAN, ESTABAN MUY MAL”
– ¿Bajaron las plaquetas otra vez?
– Bajaron un poco. El jueves veo a mi médica y veremos, siempre es un veremos.

– Te internaron, saliste unos días y te volvieron a internar. Un bajón, un subidón, esos cambios supongo que alteran el ánimo.
– Sí, ahora arranqué con la psicóloga porque es muy importante estar fuerte, si vos te ponés triste y si vos te tirás para abajo no sirve para nada. Obviamente esto te pone feliz, te pone triste, te pone feliz, te pone triste. Al principio la pasé muy mal. Yo y mi familia, mis papás, hasta el día de hoy se ponen nerviosos, las primeras semanas temblaban, lloraban, estaban muy mal. El más cuerdo de todos era Bautista.
– ¿Qué hacés con la sensibilidad teniendo en cuenta que tenés que estar fuerte? ¿Cómo la manejás?
– Trato de respirar. Parece una boludez, pero Bautista me enseñó a respirar. Yo soy muy ansiosa y estoy practicando para disfrutar el día a día, el momento, el “no importa qué va a pasar mañana, hacé tu día hoy, disfruta ahora”. Me sirvió para bajar un cambio, para disfrutar. Me llevo algo lindo de toda la cuestión también.
– ¿Tenés rutinas en relación a la respiración?
– En la clínica era más rutinario, ahora no. A las cinco me sacaban sangre y a las siete Bauti ponía una música de meditación. Yo respiraba y miraba el sol, los pajaritos. Me calmaba mucho. A mí esas cosas no me gustaban, no soy muy del aire libre y salir a caminar. Ahora sí, ahora te abrazo árboles. Me encanta la vida. Me encanta vivir. Disfruto las cosas y soy más consciente de lo que tenemos. Ahora estoy bastante positiva.
– Esto que parece un lugar común, disfrutar las pequeñas cosas.
– Exactamente esa frase, estoy disfrutando las pequeñas cosas. Es raro.
– Le pusiste mucha onda a la internación, no sé cómo hiciste. Publicaste videos divertidos, le pusiste mucho humor.
“ME LEVANTABA CON UNA CARA… LLORABA TODOS LOS DÍAS, PERO A LA TARDE HACÍA VIDEOS PARA TIKTOK CON MIS AMIGOS”
– Para mí el humor sana. Mis amigos me dieron todo eso que a mí me faltaba. Había días en que me levantaba con una cara. Yo lloraba todos los días. Pero no podés estar así 24 horas y a la tarde hacíamos un TikTok y hacíamos unos videos. Después me terminé dando cuenta de que hay un montón de gente que está en los hospitales, que está internada, que está con otra vida. Si salís un poco de la burbuja… Empecé a hablar con un montón de personas que me contaban lo que les estaba pasando. La verdad que está buenísimo.
– ¿Llorabas un rato y después te ponías las pilas para grabar un video con humor?
– No era tan instantáneo, tenía mis momentos. Mi momento más feliz era después de las cinco, seis de la tarde, pero las mañanas eran sensibles porque yo no quería más. Yo no quería más.
– ¿Porque te venían a sacar sangre?
– Sí, también mis brazos estaban llenos de moretones, mis venas se rompían. La aguja que usaban era una aguja grande, de acuerdo a los estudios que hacían. Yo no la pasaba bien.
– ¿Por qué hablas en pasado?
– Porque siento que esa parte ya pasó, espero. Primero que nada, estoy en mi casa. Y es más espaciado esto de tener que ir al laboratorio. Poder trabajar, trabajar me hace feliz. Arreglarme, maquillarme, peinarme, aunque en el sanatorio lo hacía.
– ¡Te maquillabas en el sanatorio!
– Sí, y me corté el flequillo, un grave error. Sí, esa era mi rutina: me bañaba todos los días, me hacía el pelo todos los días, el flequillo y mi skincare. Maquillaje, a veces.
– ¿Todo eso te lo habías autoimpuesto?
– Sí, dije: si no yo me voy a volver loca. Yo no me puedo quedar mirando la televisión diez horas al día todos los días. Es triste el ambiente que hay ahí, no es un ambiente de felicidad. Si vos no le ponés felicidad y las personas que te vienen a visitar no te traen alegría, es complicado.
“YO VI MUCHA GENTE SOLA, ESTABAN INTERNADOS Y SOLOS”
– ¿Cuando decís el ambiente pensás en otras personas internadas?
– Pienso en eso, en el hecho de estar internado. Yo vi mucha gente sola, mucha gente grande sola. Estaban internados y estaban solos. Cuando sos grande volvés a ser un chico también. Yo los veía, los escuchaba llorar y no venía nadie. Y escuchaba las enfermeras que decían, pobre, no vino nadie. Es duro. También ves chicos que están ahí, preguntás y hace tres meses que están. Yo estaba desde hacía poco tiempo, aunque para mí era un montón.
– Fue un aprendizaje también. ¿Siempre fuiste así de madura? Tenés 24 y mucha templanza.
– Me lo dicen muy seguido. Creo que lo saqué de mi papá, que explica muy bien las cosas, a mí me gusta desarrollar bien los conceptos y también me gusta escuchar.
– ¿Cómo están ahora tus viejos?
– Se volvieron a Trelew porque tienen que trabajar, si se llegan a complicar las cosas automáticamente vienen para acá. Todos los días me mandan mensajes. Hoy le conté a papá que me bajaron y se puso nervioso de vuelta, es así todas la semanas.
“AL PRINCIPIO NO SE LO CONTÉ A NADIE, PENSÉ QUE IBA A ESTAR DOS DÍAS INTERNADA, NO MÁS”
– ¿Le vas contando?
– Obvio que sí, lo bueno y lo malo. Al principio no le conté a nadie, pensé que iba a estar dos días internada, no más. Me lo guardé dos días.
– Un montón, porque la cabeza no paró esas 48 horas.
– Es un montón, solo se lo conté a Bauti. Yo pensaba que podrían pasarme plaquetas. Me las pasan, me voy y no se entera nadie. En las redes un día subí una historia haciendo ejercicio y automáticamente la gente que me sigue se dio cuenta que yo estaba distinta. “¿Qué está pasando?” La gente me descubrió.
– ¿Por qué no les contaste a tus viejos?
– Porque no me gusta darles malas noticias, están lejos. Ellos no me iban a poder ayudar en nada. Ellos tenían que comprarse un pasaje, los pasajes en avión estaban carísimos.
– ¿Por qué decidiste hablar con ellos?
– Porque la médica me explicó que los tratamientos tienen su procedimiento, que el que me iban a poner necesitaba cuatro días para saber cómo evolucionaba. Son plazos largos los tratamientos. Yo todavía no me curé.
– Pero sabés que estas cosas no les pasan a otros, nos pasan a todos.
– Sí, es raro eso, pero está bueno porque madurás un montón. Te das cuenta que hay un montón de gente que la está pasando peor. A mí me sirvió mucho, los problemas de mi cotidianeidad se hicieron chiquitos, ahora los veo y me parecen una pelotudez. Me sirvió.
– Tu novio estuvo ahí, al pie del cañón y está.
– Está. Fue un hombre con todas las letras. Es lo que una se merece también. Yo por él doy lo que sea. Él sabe que si en algún momento pasa lo mismo pero al revés yo me voy a quedar ahí día y noche y lo voy a ayudar. Yo no esperaba menos de él, sé quién es él. Por algo estoy con él. Lo que yo siempre voy a destacar de él y lo admiro por eso, es su personalidad y la forma que tiene de ver la vida que es muy positiva. Mi papá lloraba, mi mamá también y aparecía Bauti y decía, “no está todo tan mal”.
– Te lo contagió.
– Era necesario, al principio yo estaba negada. Él decía que cada cosa tiene su proceso, que había que esperar, que si esto no funcionaba íbamos a probar con otra cosa y así hasta que se agotaran los tratamientos. El decía: el médico dijo que hay diez tipos de tratamientos, vos vas por el segundo, te quedan ocho. Él me transmitía paz.

– Lo importante es que él siempre fue así. No es que estaba sobreactuando.
– No, él siempre fue así. Él es una buena persona. Cualquier ser humano que se detenga a conocerlo en un ratito se da cuenta que es un buen tipo.
“UNA VEZ LO VI CON LOS OJITOS VIDRIOSOS A BAUTI, PERO NO HA DEMOSTRADO SU MIEDO. SIEMPRE POSITIVO”
– Porque además sabía cómo estar, cómo acompañar.
– Es muy difícil acompañar. Él controlaba muy bien sus emociones, creo que ha tenido miedo, pero no me lo ha demostrado. Él dice que no, pero para mí sí. Se habrá guardado algunas emociones por ahí. Una vez lo vi con los ojitos vidriosos. Pero siempre me decía cosas lindas, nunca me decía nada malo, siempre positivo.
“TENGO MENOS MIEDO, PERO NO ESTOY FELIZ. NO ESTOY EN PAZ”
– ¿Tenés menos miedo ahora?
– Tengo menos miedo, sí. Tampoco estoy feliz. Mucha gente me dice, te curaste, encontraste el tratamiento. Todavía no estoy en paz.
– ¿Hay algo que podés hacer para ayudar a curar la enfermedad?
– Todo. Al principio te vienen a cuidar, están tus papás, está tu pareja, pero ellos no pueden vivir para vos. Yo soy grande, tengo que ir sola, tengo que trabajar, tengo que hacer mis cosas. Vivo en Buenos Aires, entonces yo le tengo que poner voluntad.
– ¿Actividad física? No sé si podés.
– Si, arranqué de cero. Estoy armando un proyecto muy lindo para mostrarle a la gente ese proceso.
– ¿Es una actividad física especial para que no haya posibilidad de que te golpees?
- No, si tenés la cantidad de plaquetas necesarias, más de 50.000, podés hacer deporte. No de impacto, no vas a hacer boxeo, pero podés ir al gimnasio y entrenar. Hoy tengo 100.000, así que puedo entrenar normalmente.

– ¿100.000 plaquetas es una fiesta?
– Es una fiesta. La semana pasada tenía 200000. Mi cuerpo se comió varias plaquetas en seis días, hay que ver por qué. Puedo hacer deporte pero arranqué de cero, parecía una abuela. Nunca me costó tanto levantar una pesa, pero le pongo voluntad.
– ¿Con la alimentación?
– También le pongo voluntad. Puedo comer lo que yo quiera, pero me propuse ayudar a mi cuerpo desde donde pueda, no tome más, no fume más y como sano. Y estoy tomando agua, en su momento quería limpiar los corticoides, toda la gammaglobulina que tenía en mi sangre.
– La medicación tiene efectos colaterales, trae dolores a veces.
– Si, los corticoides a mí me hacían doler todo el cuerpo, partes del cuerpo que no sabía que existían. La gammaglobulina me hacía doler mucho la cabeza, tenía una migraña que no podía abrir los ojos. Ahora estoy bien.
– ¿Hay que entregarse a los tratamientos y sus tiempos?
– Tenés que entregarte y tenés que tratar de poner la mejor de las ondas, aunque a veces no tengas ondas.
– Entregarse también a lo imprevisto. Uno nunca sabe lo que puede pasar.
– Ya solté esto de, “¿y por qué? ¿Por qué me agarró? ¿Por qué empezó todo? Ya no quiero saber por qué. Y entiendo que capaz nunca lo voy a saber.
“ME PREGUNTABA QUÉ HABÍA HECHO MAL, ¿Y SI HICE ALGO MAL?”
– ¿Te comía el coco eso?
– Al principio sí. Me preguntaba qué había hecho mal, ¿y si hice algo mal? Y me decían, no hiciste nada mal, lo que te está pasando te iba a pasar y punto. Ahora me gustaría encontrar el tratamiento y decir: estoy estable, estoy bien, y por un mes no toca sacarme sangre.
“QUIZÁS ME TENGO QUE MEDICAR TODA LA VIDA, ENTENDER QUE ESTÁS ENFERMA ES FEO”
– Todavía no sabemos.
– Estamos probando la dosis, no el tratamiento, sino la dosis. Y estoy trabajando en mi mente el hecho de que quizás me tengo que medicar para toda la vida. Y no hay problema, yo lo haría. Entender que estás enferma es feo, ¿no? La palabra enferma la asocia con algo feo, no me pone feliz pensar que voy a estar enferma quizás toda la vida. No me gusta nada la noticia. Pero también puede venir alguien y decirme mañana que ya me cure. Para esto no hay una cuenta matemática, entonces hay que relajarse.
– ¿Qué pasa con tu actividad? Hay un parate y tenés que retomar.
– Gracias a Dios todos me tuvieron mucha paciencia. Las marcas que tengo, mi propia comunidad que me decía “tranquila, si querés dejar las redes, dejalas”. Supieron entender que yo necesitaba que me den mi tiempo. Al que no lo supo entender le mando un beso, es mi momento. Ahora estoy tratando de retomar de a poco, me cuesta porque quiero hacer todo, estoy tratando de hacer las cosas de a poco.
– Tengamos una fantasía como una zanahoria, imaginemos el mejor momento, dónde, con quién y cómo.
“QUIERO SALUD, SIN SALUD NO TENGO NADA”
– Va a parecer muy cliché, pero yo quiero salud, yo no quiero más nada. Sí te puedo decir que me encantaría tener mi propia marca de maquillaje, que me encantaría tener nuestra casa con Bautista, obvio. Pero hoy te digo: quiero salud. Sin salud no tengo nada, nada de eso.
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