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El Niño 2026–2027: la ciencia ya advirtió dónde está el riesgo, ¿la inversión pública llegará a tiempo?

La proyección para el trimestre octubre-diciembre advierte que la intensidad del fenómeno podría rebasar los antecedentes, aunque la agencia precisó que sus efectos no tendrán igual severidad en todos los territorios

La NOAA estima una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance la categoría de muy fuerte durante el periodo 2026-2027.

A septiembre de 2026, la señal científica es contundente. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informa que El Niño continúa fortaleciéndose y estima una probabilidad superior al 90% de que alcance la categoría de “muy fuerte” durante el otoño e invierno 2026–2027 del hemisferio norte. En agosto, las anomalías de temperatura superficial del mar alcanzaron +1,8 °C en la región Niño 3.4 (Pacífico ecuatorial centro-oriental, principal referencia para el monitoreo del ENSO, sigla de El Niño–Oscilación del Sur, y +3,4 °C en Niño 1+2 (Pacífico ecuatorial oriental frente a las costas de Perú y Ecuador). Copernicus (Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Unión Europea (C3S) confirma que las condiciones fuertes de El Niño ya están establecidas y sus pronósticos favorecen un fortalecimiento adicional de los índices oceánicos hasta finales de 2026, aunque persiste incertidumbre sobre la intensidad máxima que alcanzará el evento.

Asimismo, la NOAA anuncia que para octubre-diciembre de 2026 se estima una probabilidad del 75% de un evento que supere la intensidad de los anteriores fenómenos de El Niño registrados desde 1950, pero no garantiza que estos ocurran con igual severidad en todos los territorios.

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Los pronósticos de la NOAA indican un 75% de probabilidad de que el fenómeno supere las intensidades registradas desde 1950.

Para el Perú, ENFEN mantiene la Alerta de El Niño Costero y proyecta mayor probabilidad de magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027. Simultáneamente, El Niño del Pacífico central (El Niño Global) alcanzaría magnitud muy fuerte. El escenario combina lluvias superiores a lo normal en la costa norte —con posible extensión hacia la costa central y sierra norte occidental— con riesgo de déficit de lluvias en la sierra sur y sectores amazónicos.

Esto plantea una paradoja territorial: exceso de agua, inundaciones y huaicos en unas zonas; estrés hídrico y sequía en otras. Sus efectos pueden propagarse hacia sistemas de agua potable, agricultura, carreteras, puentes, energía, telecomunicaciones y cadenas alimentarias. CENEPRED ya identifica territorios con niveles de riesgo alto y muy alto frente a inundaciones y movimientos en masa. El peligro es climático; el desastre dependerá de la vulnerabilidad acumulada.

La preparación del país requiere la implementación preventiva de programas nacionales de drenaje resiliente y gestión de cuencas.

El problema es que el mapa de vulnerabilidad todavía no guarda suficiente correlato con el mapa de inversión. El Programa Presupuestal 0068 del Ministerio de Economía y Finanzas (PP 0068 —Reducción de Vulnerabilidad y Atención de Emergencias por Desastres) registra un PIA 2026 de S/ 2.187,3 millones, mientras el proyecto de presupuesto para 2027 analizado plantea S/2.007,9 millones. A ello se suman FONDES, recursos extraordinarios y facilidades legales recientes para acelerar las intervenciones, el seguimiento georreferenciado y el uso de Obras por Impuestos.

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Son instrumentos necesarios, pero la preparación no puede reducirse a maquinaria, limpieza de cauces, puentes temporales y ayuda humanitaria. La inversión debe adelantarse al desastre y atacar vulnerabilidades estructurales.

El Perú necesita iniciar programas nacionales de gestión de quebradas y ríos, y de drenaje resiliente; seguridad hídrica y gestión de cuencas; infraestructura crítica resiliente; corredores logísticos seguros; resiliencia agroalimentaria; ciudades y suelo urbano seguro; y alerta temprana multiamenaza. Estas inversiones deben priorizar los territorios que CENEPRED identifica como más expuestos y medir no solo la ejecución presupuestal, sino también la población protegida, continuidad de servicios y riesgo efectivamente reducido.

El Niño 2026–2027 será una prueba para el sistema de gestión del riesgo y para el sistema de inversión pública. La pregunta al terminar la emergencia no debería ser únicamente cuánto gastamos, sino cuánta vulnerabilidad logramos reducir para que el próximo Niño no encuentre nuevamente al país con las mismas fragilidades.

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