Las ventas de vivienda económica en Panamá se desplomaron casi un 30% durante el primer semestre de 2026, el mayor golpe dentro de un mercado inmobiliario que crece en obras nuevas, pero se contrae en operaciones concretadas.
El dato surgió durante un conversatorio organizado por la Asociación Panameña de Corredores y Promotores de Bienes Raíces (ACOBIR), que reunió a representantes del sector inmobiliario y bancario para discutir la competitividad del país frente a otros mercados de la región.
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Las propiedades de hasta $120,000 registraron una caída del 28.3% en sus ventas, muy por encima del retroceso del 6.2% que sufrieron los inmuebles de mayor valor.
El segmento residencial en su conjunto sumó $695 millones, un 13% menos que en el mismo período de 2025.
La desaceleración responde a un desajuste entre la oferta disponible y la capacidad de compra de los hogares panameños, mientras el país sigue atrayendo capital extranjero y mantiene activa la construcción de nuevos proyectos.
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Los permisos aprobados llegaron a $597.6 millones en el semestre y los de tipo residencial subieron un 14.1%, lo que anticipa una oferta futura que no necesariamente coincide con lo que el mercado local puede pagar hoy.
El mercado comercial tampoco escapó a la contracción. Según datos presentados durante el encuentro por representantes de la consultora Indesa, las ventas comerciales alcanzaron los $50.5 millones, con un retroceso interanual del 26.6%.
Pese a ese cuadro, las proyecciones expuestas en el conversatorio apuntan a un crecimiento del sector de entre 4% y 5% para 2026.
El comportamiento de los compradores internacionales marca el contraste más claro del semestre. Las ventas a extranjeros crecieron 17.7% y llegaron a $712 millones, con Colombia y Estados Unidos como principales países de origen y un interés creciente de compradores chinos.
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Rodolfo Sabonge, director general de Planificación Nacional del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), explicó que la confianza de los inversionistas depende de la certidumbre fiscal, la estabilidad financiera y política, y la seguridad jurídica.
Sabonge citó como indicador positivo la reducción del déficit fiscal en 2.5 puntos porcentuales del producto interno bruto (PIB) en un año.
La presidenta de ACOBIR, Katherine Reyes Espino, remarcó la necesidad de fortalecer la articulación entre los actores del sector inmobiliario.
Reyes Espino destacó además el interés de inversionistas internacionales, entre ellos capitales procedentes de Alemania, que se suman al interés ya consolidado de Colombia, Estados Unidos y China.
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La directora de Investigación de Mercados de 4S Real Estate, Mayela Sánchez, sostuvo que Panamá debe adaptar las experiencias regionales a las particularidades de su propio mercado.
Sánchez planteó promover proyectos funcionales, seguros y bien ubicados que integren vivienda, trabajo y servicios para mejorar la calidad de vida de los habitantes.
Esa recomendación conecta directamente con el problema detectado en el segmento más golpeado: la vivienda económica, donde la oferta no logra ajustarse al bolsillo de los compradores locales pese al dinamismo de la construcción.
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El sector enfrenta así un doble desafío. Por un lado, sostener el atractivo que ya despliega ante inversionistas de Colombia, Estados Unidos, China y Alemania. Por otro, resolver el desacople entre el ritmo de los permisos de construcción y la capacidad real de compra de los hogares panameños.
La conectividad internacional del país, su estabilidad financiera y el uso del dólar siguen funcionando como ventajas competitivas frente a otros destinos de inversión inmobiliaria en América Latina.
El reto, según lo planteado en el conversatorio de ACOBIR, pasa por traducir esas ventajas en una oferta ajustada a la demanda local, con mejores condiciones de financiamiento y seguridad jurídica que permitan revertir la caída de ventas registrada en el primer semestre.
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