Un niño de apenas dos meses de nacido murió en una de las carpas improvisadas que ocupan los damnificados por el terremoto que sacudió a Panamá el viernes 9 de octubre en horas del mediodía.
El hecho se registró en la barriada San Antonio, en la provincia de Veraguas, donde residía junto a su madre en el cuarto piso de uno de los edificios del área, al cual la joven madre no se atrevía a regresar debido a los efectos del movimiento sísmico.
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El pequeño padecía de hidrocefalia, confrontaba serios problemas de salud, aunque hasta el momento no se ha dado a conocer la causa de su muerte, registró el diario Critica.
La hidrocefalia puede producirse a cualquier edad, pero es más frecuente en bebés y en adultos mayores de 60 años, y la cirugía puede ayudar a drenar el exceso de líquido y controlar la presión, reseña la literatura médica.
Desde el día del terremoto el viernes 9 de octubre cientos de panameños de las áreas más afectadas aún continúan habitando en carpas hasta que puedan volver a sus hogares, que en muchos casos quedaron destruidos por el potente impacto del terremoto de 7.5 grados.
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El gobierno ha comenzado a construir algunas viviendas, pero el paso que llevan no satisface a quienes padecen noches de frío y desesperanza debajo de los toldos.
Las carpas, de un plástico grueso de color azul, sirven apenas para que se refugien de las lluvias que en estos últimos días han caído sobre el país.
En los días soleados las estructuras concentran un calor que sofoca, según varios testimonios.
Para la UNICEF unas 38.000 personas, incluidos 8.300 niños, niñas y adolescentes, necesitan asistencia humanitaria tras el terremoto en suelo panameño.
Los terremotos, señala el organismo internacional, ponen a los niños en riesgo de sufrir lesiones y de separarse de sus familias, y pueden dejarlos sin refugio, agua potable, atención médica ni escuela.
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El sismo, de magnitud 7,5, causó daños en viviendas, escuelas, instalaciones de salud e infraestructura crítica de agua y transporte. Las evaluaciones continúan en curso, aunque los impactos significativos se dieron en las provincias de Veraguas, Coclé, Herrera y Los Santos.
El acceso de los niños y niñas a la educación se vio interrumpido, y no será hasta este miércoles 21 de octubre cuando se inicie un retorno paulatino a los centros escolares, una vez sean inspeccionados por las autoridades.
En coordinación con las autoridades, UNICEF y sus socios humanitarios han ampliado la respuesta de emergencia, desplegando personal adicional y movilizando suministros esenciales para garantizar que los niños y niñas sigan estando en el centro de los esfuerzos de respuesta humanitaria y recuperación.
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El terremoto de Panamá ha dejado secuelas. El miércoles 14 de octubre la Caja de Seguro Social informaba sobre el fallecimiento de la primera víctima del movimiento sísmico de 7.5 grados, la señora Elena Barría, de 68 años, residente en la comunidad de Macaracas, distrito de Los Santos, cercana al área del epicentro.
Minutos antes del terremoto, después de almorzar, Barría se había ido a descansar en su cama de habitación cuando de repente la tierra comenzó a temblar, con tal fuerza que las paredes cayeron sobre ella, causándole graves heridas.
“Solamente quedó con la cabeza afuera”, relataría su hijo en medio de la tristeza ante los medios de comunicación.
Manifestó que intentó auxiliarla, pero que todos sus esfuerzos fueron en vano, pues su progenitora yacía atrapada bajo los escombros. Barría estuvo hospitalizada durante cinco días en las instalaciones de la Caja de Seguro Social donde luchaba por su vida, pero le sobrevino una muerte cerebral y posteriormente falleció.
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