En estos tiempos se debate sobre dos aspectos clave de la economía como son los capítulos señalados en el título de esta nota periodística de modo que parecen enfrentados y de una naturaleza contrapuesta.
Al efecto de las cátedras que estudian la ciencia económica es pertinente la separación para el análisis de mayor fertilidad, lo cual ayuda a la comprensión de los fenómenos involucrados, pero veamos en qué consisten y cuál la vinculación entre estos dos segmentos clave de lo que en última instancia pertenece a un mismo proceso.
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La microeconomía constituye una rama del análisis económico que alude a las decisiones de agentes individuales tales como el público consumidor, las empresas y los mercados en general, todos en busca de maximizar resultados. Por su parte, la macroeconomía estudia la rama que alude al conjunto vía indicadores como los referidos al presupuesto general, moneda, políticas laborales, tributarias, de comercio internacional e indicadores tales como el producto interno bruto.
En este contexto debemos enfatizar que la macro es para la micro, no hay confrontación ni incompatibilidad si se opera sobre la base de los valores de la tradición de pensamiento liberal. En otros términos, la macro basada en el respeto irrestricto a los derechos individuales sirve a la micro. Resulta una sandez mayúscula sostener que la macro funciona bien pero la micro anda mal. Una cosa es para la otra. Si se impone la seguridad y la justicia, y las normas apuntan al respeto recíproco, nada mejor para la micro, lo cual no quiere decir que todo se convirtió en Jauja y desaparezcan los problemas en la vida cotidiana pero nada tiene que ver el aparato de la fuerza. Los gobiernos civilizados se limitan a implantar normas que garantizan derechos a todos, es decir igualdad ante la ley que como hemos apuntado antes está inexorablemente atada a la noción clásica de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la inviolabilidad de la propiedad, puesto que no queremos igualdad ante la ley para marchar a un campo de concentración.
En este plano de análisis cuando se reclama ayuda a los más necesitados debemos tener en claro que en una sociedad libre proviene del apoyo voluntario con recursos propios y no coactivamente al arrancar el fruto del trabajo ajeno. Por eso cuando se levantan voces exigiendo ayudas hay que preguntarse: ¿con los recursos de quién? Y más aún hay que preguntarles a los demandantes si ellos ponen parte del fruto de sus trabajos para financiar a los más necesitados ya que hay mucha hipocresía en estos asuntos. En estos avatares put your money where your mouth is resulta un muy buen consejo.
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Lo dicho no significa que no deben revisarse y auditarse permanentemente las políticas del momento consideradas liberales pero que revisadas resulta que conllevan aspectos que deben modificarse al efecto de consolidar medidas compatibles con el espíritu liberal.
El premio Nobel de Economía Friedrich Hayek critica la habitual relación macro/micro en los términos apuntados, especialmente en sus ensayos “Prices and Production” de 1931 y en “Reviews of Keynes´s Treatise on Money” de 1931-32 a lo que agrega refutaciones al uso y abuso de agregados que opacan las acciones siempre individuales en el proceso de descubrimiento de información en todos los casos dispersa que se opone al empleo de la expresión “social” en “What is Social? What does it Mean?” de 1957.
La manía de contraponer la micro a la macro como si los gobiernos republicanos pudieran hacer magia y legislar más allá de su misión específica: todo lo demás es asunto estrictamente privado. Aquella confrontación es herencia keynesiana por lo cual, al concluir, es pertinente repasar alguna de sus recetas centrales sustentadas en las permanentes manipulaciones de la macro.
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Para comenzar es de mucho interés prestar debida atención a las consideraciones de John Maynard Keynes en su prólogo a la edición alemana -en plena época nazi- de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero: “La teoría de la producción global [nótese el agregado estadístico] que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia” (Allgemeine Theorie der Beschafingung des Zinses und des Geldes, Editorial Duncker & Humblot, 1936).
En el capítulo 22 de la obra mencionada, Keynes resume su propuesta: “En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantía en manos de los particulares”. Y en el capítulo 2 del segundo volumen de su Ensayos de persuasión escribe que “estamos siendo castigados con una nueva enfermedad, cuyo nombre quizás aún no han oído algunos de los que me lean, pero de la que oirán mucho en los años venideros, es decir, el paro tecnológico” lo cual revela su desconocimiento del mercado laboral ya que la tecnología libera recursos humanos y materiales para atender otras necesidades. Esto ocurrió desde el hombre de la barra de hielo cuando irrumpió la heladera, o con el fogonero cuando apareció la locomotora Diesel. En nuestro tiempo valen los ejemplos de los carteros cuando comenzó el email o los valijeros al usar maletas con rueditas, la robotización y así sucesivamente.
Si se destruyera la tecnología los salarios se derrumbarían ya que son exclusiva consecuencia de tasas de capitalización. Por supuesto que se pueden utilizar para mal las herramientas, como he ejemplificado antes, una situación que viene del martillo que puede emplearse para introducir un clavo o para romperle la nuca al vecino. Las necesidades son ilimitadas y los recursos limitados, de allí que se torne imperioso el estudio de la economía que no debe ser tergiversada con falsas confrontaciones entre la macro y la micro.
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