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Comercio agéntico: la revolución de la economía

Se estima que para 2028 el 90% de las compras entre empresas estará intermediado por agentes de IA, moviendo más de 15 billones de dólares

La revolución de los agentes de IA todavía tiene una deuda pendiente: la seguridad (Imagen ilustrativa Infobae)

A la hora de comprar productos online, hoy usamos la IA para mejorar la búsqueda, pero al momento de pagar salimos de la interfaz conversacional y vamos a otra plataforma para completar formularios. El comercio agéntico elimina para siempre ese paso, delegando todo a un agente de IA. Seguiremos expresando nuestra intención, pero será el agente el que ejecute e incluso apruebe autónomamente en algunos casos.

Esto cambia profundamente el ecosistema de pagos y por lo tanto revoluciona la economía. Hay cuatro atributos que cambian en el nuevo ecosistema: el consentimiento, la autenticación, el fraude y la disputa. Serán experiencias autónomas, hiperpersonalizadas y contextuales porque pasan en el contexto en donde se está dando la interacción y sin salir de la plataforma.

Las grandes compañías que operan la red de pagos globales ya están integrando sus sistemas a asistentes de IA (como ChatGPT o Claude) para que los consumidores autoricen sus transacciones en ambientes confiables y seguros. La tecnología está lista, lo que falta es que la adopción masiva la alcance. Y esa adopción viene rápido: según Gartner, para 2028 el 90% de las compras entre empresas estará intermediado por agentes de IA, moviendo más de 15 billones de dólares.

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Aún así, que quien compra, negocia o autoriza un pago sea un software autónomo genera dudas legítimas, sobre todo para quienes todavía no están familiarizados con estos sistemas. Y ahí es donde la revolución de los agentes de IA todavía tiene una deuda pendiente: la seguridad.

Sin embargo, el mercado ya ha encontrado una solución a ese problema con la blockchain de base. Tomemos un ejemplo. Solo en 2025, el volumen transferido en stablecoins alcanzó los 33 billones de dólares. Es decir, la infraestructura para mover dinero y autorizar a los agentes ya existe y funciona a gran escala.

La tecnología que puede dar el salto de calidad

La infraestructura que se use para dar el salto cualitativo en los agentes de IA no es menor. No alcanza con que un agente pueda pagar rápido; hace falta que cada transacción quede registrada de forma verificable, que las partes puedan probar qué se pactó sin necesidad de exponer información sensible frente a todo el mundo. Eso es exactamente lo que la criptografía avanzada (pruebas de conocimiento cero, divulgación selectiva, contratos inteligentes con privacidad nativa) hace posible hoy.

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Un buen ejemplo de hacia dónde va esto es el Legal Context Protocol (LCP), un estándar abierto impulsado por la American Arbitration Association junto con Integra Ledger, y que ya integran varias de las redes blockchain más relevantes del mercado.

El LCP adjunta a cada transacción entre agentes deje una huella criptográfica que vincula los términos exactos del acuerdo con el pago, generando un registro a prueba de manipulaciones que puede auditarse ante un conflicto. Es, en definitiva, la posibilidad de que dos agentes negocien con la misma seguridad jurídica que hoy da la firma de un contrato, pero a la velocidad de una máquina.

Midnight, la red de privacidad de Cardano, también viene trabajando en esta dirección de forma muy concreta. Su modelo de divulgación selectiva permite que los términos de una transacción permanezcan privados por defecto y solo se revelen cuando resulta estrictamente necesario. Ese mismo enfoque es la base de Midnight City, un entorno donde agentes de IA ya generan transacciones, negocian y operan en tiempo real, sirviendo como banco de pruebas de una idea central: que la privacidad y la verificabilidad no son incompatibles.

Las aplicaciones prácticas ya no son hipotéticas. Un agente de compras corporativas que negocia con proveedores y deja un registro auditable. Un asistente personal que compara y contrata servicios digitales. Un marketplace donde dos agentes cierran un acuerdo y ambas partes lo pueden probar en cualquier momento. Todo esto está al alcance de la mano gracias a la IA y la tecnología blockchain.

Argentina, y América Latina en general, tiene una oportunidad real de subirse temprano a esta transición. La región combina una adopción de activos digitales entre las más altas del mundo y una población necesitada de herramientas que den previsibilidad y confianza. Los estándares que logran adopción temprana terminan siendo la referencia que después toman los reguladores; ya ocurre con los protocolos de tokenización, y es probable que pase con el comercio agéntico.

Los agentes de IA van a comprar, vender y negociar por nosotros. La pregunta que todavía no está resuelta es quién garantiza que esas decisiones automatizadas sean confiables, verificables y, cuando haga falta, reversibles. La blockchain, y en particular las redes que combinan privacidad selectiva, podrían tener una respuesta concreta. El resto es una discusión de tiempos.

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