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Las raíces peronistas del RIGI

El debate legislativo por el Super RIGI abrió críticas de liberales y peronistas por los incentivos a las inversiones

El gobierno libertario impulsa el RIGI con beneficios para atraer inversiones en sectores estratégicos para el desarrollo nacional. REUTERS/Francisco Loureiro

El debate legislativo por el Super RIGI ha desatado una ola de críticas desde ambos lados del péndulo. Los liberales se indignan porque el RIGI direcciona inversiones y ellos afirman que eso engaña a una mano invisible que, suponen, conseguiría una asignación de recursos de un modo más eficiente. El gobierno libertario pragmáticamente recurre a incentivos más convincentes que esperar sentados y confiar que se cumplan algún día las teorías de Murray Newton Rothbard y Friedrich August von Hayek.

Del otro lado del péndulo, los peronistas se oponen a la única política industrial del gobierno con argumentos más ideológicos que reales. Salvo los gobernadores de provincias petroleras y mineras, que son cualquier cosa menos tontos y saben que las inversiones promovidas por esos regímenes les van a sumar miles de empleos, y votos, antes de que terminen sus mandatos.

Los desarrollistas no tenemos esas anteojeras ni contradicciones ideológicas. El RIGI promueve grandes inversiones en sectores estratégicos para el desarrollo nacional, prácticamente los mismos que promovían Frondizi y Frigerio en los 60, y lo defendemos más que los liberales que están adentro del gobierno.

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La contradicción ideológica del peronismo que se expresa ahora en relación con el RIGI tiene una larga historia: también se opusieron con paros salvajes en contra de Frondizi cuando firmó los contratos petroleros, prácticamente iguales al contrato que había firmado Perón con la California Oil cuando se dio cuenta de que se quedaba sin nafta, literalmente, y que YPF no tenía capacidad suficiente para invertir en las magnitudes y con el ritmo que necesitaba el país para evitar un colapso productivo y de balanza de pagos.

Ahora ocurre algo similar. Parecen olvidar que recientemente votaron a favor dos leyes con incentivos similares a los del RIGI, con la misma convicción que ahora los votan en contra.

En 2013, Chevron le planteó a CFK ciertas regulaciones que le exigía como requisito para invertir unos 1200 millones de dólares en el país: estabilidad tributaria, disponibilidad de divisas, jurisdicción extranjera para disputas, reducir retenciones y topes de regalías provinciales. Luego de firmar varios acuerdos secretos que involucraban sociedades off shore en países que le garantizaran más seguridad jurídica que el que presidía CFK, el peronismo votó masivamente una reforma a la Ley de Hidrocarburos que permitió el primer desarrollo petrolero en Vaca Muerta.

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En octubre de 2023, el peronismo le dio media sanción a una Ley de Gas Natural Licuado con un apuro desproporcionado para un gobierno que iba a dejar el poder dos meses después. Esa Ley era mucho más parecida al RIGI que la Ley Chevron: disponibilidad de divisas, retenciones escalonadas partiendo de 0 %, amortización acelerada en Ganancias y devolución de IVA, todo por un plazo de 30 años. Votaron a favor los mismos que se opusieron unos meses después cuando aprobamos el RIGI. Para ser justos, también cambiaron de posición los bloques que ahora apoyan RIGI: la UCR y el PRO se abstuvieron. Milei y Píparo votaron en contra, Espert se abstuvo y Victoria Villaruel estuvo ausente. Los desarrollistas votamos a favor el RIGI y hubiéramos votado a favor las dos leyes precedentes, sin contradicciones ideológicas. Siempre estuvimos y estaremos a favor de impulsar masivas inversiones en sectores estratégicos para el desarrollo nacional.