Dinastías criminales mexicanas: seis de cada 10 relevos de poder en los grandes cárteles involucran vínculos familiares desde hace décadas

Un análisis de 72 sucesiones en 30 organizaciones criminales identificó vínculos familiares en 44 relevos de poder; el análisis del especialista en seguridad, Víctor Manuel Sánchez Valdés, explica cómo el parentesco puede facilitar el acceso al mando, los recursos y las redes internas

Chapitos y Arellano Félix tejen alianza contra el CJNG
La sucesión en los cárteles no depende únicamente de la fuerza o la trayectoria de sus integrantes. El análisis de Víctor Manuel Sánchez Valdés plantea que los lazos familiares pueden representar una ventaja por las conexiones y los recursos que los allegados de un líder acumulan durante su ascenso. (Imagen: Infobae México)
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Los vínculos familiares aparecen en seis de cada 10 relevos de poder analizados en las principales organizaciones criminales de México, donde los apellidos pueden representar una ventaja para conservar el liderazgo, acceder a recursos económicos y mantener conexiones con mandos regionales.

El hallazgo forma parte de una investigación del académico Víctor Manuel Sánchez Valdés, quien examinó 72 sucesiones en 30 grupos delictivos para identificar qué tan frecuente es que el poder pase a integrantes de una misma familia.

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En su artículo Dinastías criminales: la familia en los cárteles mexicanos, publicado el 22 de octubre de 2026 en la revista Nexos, el investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila documentó que 44 de los 72 relevos examinados involucraron a una persona emparentada con el dirigente anterior o con algún liderazgo previo de la organización. La proporción equivale al 61.11% de los casos estudiados.

El resultado apunta a que la sucesión dentro del crimen organizado no depende únicamente de la experiencia, la capacidad operativa o la posición que ocupa cada integrante. De acuerdo con Sánchez Valdés, el parentesco puede ofrecer ventajas en la disputa por el mando, especialmente cuando los familiares del dirigente cuentan con conexiones dentro de la estructura criminal y acceso a los recursos acumulados por sus antecesores.

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Trece organizaciones han mantenido el liderazgo dentro de una misma familia

El análisis identificó 13 organizaciones que, dentro del universo estudiado, han sido dirigidas por integrantes de una misma familia a lo largo de sus procesos de liderazgo. Entre ellas aparecen el Cártel de Tijuana, asociado con los Arellano Félix; el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), con los clanes Valencia y Oseguera; y las facciones del Cártel de Sinaloa vinculadas con las familias Guzmán y Zambada.

Los Chapitos y Los Mayos del Cártel de Sinaloa
Las familias Guzmán y Zambada compartieron el poder dentro del Cártel de Sinaloa antes de la ruptura entre sus facciones en 2024. (Foto: Jesús Aviles | Infobae México)

La lista también incluye al Cártel de Santa Rosa de Lima, relacionado con la familia Yépez; Los Viagras, con los Sierra; el Cártel de Caborca, con los Caro; y el Cártel de Tláhuac, con los Pérez. El académico incorpora además organizaciones que ya desaparecieron, como los cárteles de Colima y Oaxaca, así como la organización de La Barbie.

Estos casos permiten observar que las estructuras criminales pueden conservar una continuidad familiar incluso cuando cambia la persona que ocupa la posición principal. Sin embargo, el parentesco identificado por el estudio no implica necesariamente que el mando se haya transmitido directamente de padre a hijo: la base también considera sucesores emparentados con liderazgos anteriores de una organización.

La permanencia de los clanes puede extenderse durante periodos prolongados. Sánchez Valdés pone como ejemplo al clan Guerra-García, que encabezó el Cártel del Golfo durante 66 años, desde que Juan Nepomuceno Guerra estableció una red de contrabando de licor hacia Estados Unidos, en 1930, hasta el arresto de su sobrino Juan García Ábrego, en 1996.

Otro caso es el de los Arellano Félix, cuya familia ha encabezado el Cártel de Tijuana desde 1987, de acuerdo con el recuento del investigador. En esa organización, cinco integrantes del clan se han sucedido en el liderazgo.

De acuerdo con Víctor Manuel Sánchez Valdés, la familia Arellano Félix encabezó el Cártel de Tijuana desde 1987, con cinco de sus integrantes al frente de la organización en distintas etapas. (Crédito: FBI)
De acuerdo con Víctor Manuel Sánchez Valdés, la familia Arellano Félix encabezó el Cártel de Tijuana desde 1987, con cinco de sus integrantes al frente de la organización en distintas etapas. (Crédito: FBI)

El Cártel de Sinaloa ofrece otro ejemplo de continuidad familiar, aunque con una diferencia: los grupos encabezados por los Guzmán y los Zambada compartieron espacios de poder antes de que la disputa entre ambas facciones se intensificara en 2024. Según el análisis, los descendientes de los fundadores quedaron al frente de los grupos enfrentados.

Por qué el parentesco puede inclinar la disputa por el mando

Sánchez Valdés plantea cuatro factores para explicar por qué los vínculos familiares pueden influir en los procesos sucesorios. El primero es el origen de las propias organizaciones: algunas surgieron como clanes familiares, por lo que sus integrantes ocuparon desde etapas tempranas posiciones relevantes dentro de las estructuras criminales.

El segundo factor es la capacidad de los familiares para construir redes de contactos. La cercanía con el dirigente puede facilitar su ascenso a puestos estratégicos y el establecimiento de relaciones con jefes de plaza y mandos regionales. Cuando desaparece el liderazgo central, esas conexiones pueden ayudar a que uno de sus familiares sea reconocido como sucesor.

El tercer elemento es el acceso a información interna. Por la cercanía con el dirigente, sus familiares pueden conocer detalles sobre la operación de la organización, sus integrantes y sus acuerdos. Esa información puede representar una ventaja frente a otros aspirantes que no tienen el mismo grado de acceso.

(Crédito: X |@victorsanval)
(Crédito: X |@victorsanval)

Finalmente, el académico señala el peso de los recursos económicos. Las fortunas acumuladas por los líderes pueden quedar al alcance de sus familiares, quienes tendrían la posibilidad de utilizarlas para respaldar sus posiciones y construir apoyos durante la disputa por el mando.

Estos factores no garantizan que un familiar se convierta en el siguiente dirigente, pero ayudan a explicar por qué el parentesco puede tener un peso considerable frente a otros aspirantes con experiencia dentro de la organización.

El CJNG y la sucesión tras la muerte de “El Mencho”

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, durante un operativo militar en febrero de 2026 abrió una disputa por la conducción del CJNG. Entre los posibles sucesores figuraron distintos mandos con experiencia operativa, incluido Audias Flores Silva, “El Jardinero”. Sin embargo, el análisis de Sánchez Valdés identifica a Juan Carlos Valencia González, hijastro de Oseguera, como el dirigente que terminó asumiendo el liderazgo.

El canal alemán ARTEde captó en junio de 2026 la primera confirmación pública de la sucesión en el CJNG: Juan Carlos Valencia González, ciudadano estadounidense e hijastro de El Mencho, el nuevo líder.  (Departamento de Justicia de EEUU/ARTEde)
El canal alemán ARTEde captó en junio de 2026 la primera confirmación pública de la sucesión en el CJNG: Juan Carlos Valencia González, ciudadano estadounidense e hijastro de El Mencho, el nuevo líder. (Departamento de Justicia de EEUU/ARTEde)

La relación familiar no se limita al vínculo con el antiguo jefe del CJNG. Valencia González es hijo de Armando Valencia Cornelio, fundador del Cártel del Milenio, y sobrino de los hermanos González Valencia, conocidos como Los Cuinis y relacionados con la estructura financiera del grupo criminal.

El investigador también menciona conexiones familiares con responsables de zonas estratégicas, entre ellas Julio Alberto Castillo Rodríguez, identificado como cuñado de Valencia González y relacionado con la operación del puerto de Manzanillo, un punto relevante para la entrada de precursores químicos utilizados en la fabricación de drogas sintéticas.

Para Sánchez Valdés, la combinación de parentesco, experiencia previa, recursos y conexiones internas pudo favorecer que los mandos regionales reconocieran a Valencia González como sucesor. Su caso ilustra la forma en que una red familiar puede convertirse en un factor de peso dentro de una transición de liderazgo.

Los límites del análisis

La investigación reúne 72 sucesiones identificadas mediante fuentes periodísticas y distribuidas en 30 organizaciones criminales. El estudio no constituye un registro exhaustivo de todos los relevos de poder ocurridos en México, sino una comparación de los casos documentados que el académico incorporó a su base de datos.

Además, Sánchez Valdés identificó tres organizaciones del conjunto estudiado que no habían experimentado un proceso de sucesión: Los Tlacos, el Cártel de Tepalcatepec y el Cártel Independiente de Sonora. Por tanto, esos grupos no aportan un relevo comparable para medir el peso de los vínculos familiares en una transición de mando.

La conclusión del investigador es que el parentesco no determina por sí solo quién encabezará una organización criminal, pero puede aumentar las posibilidades de un aspirante cuando está acompañado de conexiones, información y recursos. En ese sentido, las dinastías criminales no se explican únicamente por la continuidad de un apellido, sino por las redes que permiten a determinadas familias conservar influencia dentro de las estructuras delictivas.

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