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Memorias familiares de la migración japonesa en México: una ventana para contar una historia colectiva

La exposición Archivos del afecto. Memorias familiares de la migración japonesa a México, inaugurada el 25 de marzo en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (INAH), explora la historia de la comunidad nikkei en México a través de objetos heredados

Una sala de museo con piso de madera muestra vitrinas con vajillas, pancartas con fotografías antiguas y cuadros en las paredes
La exposición Archivos del afecto exhibe fotografías, documentos y objetos personales de la migración japonesa a México en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. (Dahil Melgar, 2026)
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Imaginemos una forma de contar las historias de nuestras familias y comunidades a través de objetos que han permanecido en nuestros hogares durante generaciones. Estos objetos son testigos materiales de un momento histórico de nuestras familias, pero también dan cuenta de historias que las trascienden: episodios de nuestra comunidad, de nuestro país e incluso de la historia mundial.

Son, además, estoicos sobrevivientes al paso del tiempo, a las mudanzas y a los cambios de época. En nuestros hogares seguramente encontraremos algún objeto heredado que nos evoca recuerdos, afectos y fragmentos de vida de quienes ya no están. Un universo emocional que nos motiva a conservarlos, pues de ellos emana una memoria viva.

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De esto trata la exposición “Archivos del afecto. Memorias familiares de la migración japonesa a México”, inaugurada el 25 de marzo en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo – INAH. La muestra explora la historia de las migraciones japonesas a México y de sus descendientes, también llamados nikkei, a través de objetos familiares que resguardan memorias y afectos familiares y comunitarios.

Esta exposición, de la que tengo el gusto de ser la investigadora y curadora, fue coorganizada por el Museo Nacional de las Culturas del Mundo y la Fundación Japón en México tras un año de trabajo conjunto.

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Para darle un carácter comunitario y plural, lanzamos una convocatoria abierta dirigida a mexicanos de origen japonés, japoneses en México y mexicanos sin ascendencia japonesa fuertemente conectados a la vida de la comunidad, a fin de que pudieran participar enviando algún objeto que diera cuenta de un fragmento de su historia o de los vínculos que los unían con Japón. Participaron 30 personas/familias de 12 estados de la República Mexicana y una de Miami; principalmente nietos (tercera generación o sansei) y bisnietos (cuarta generación o yonsei).

La mayoría de los objetos eran fotografías de época (de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, y algunas contemporáneas), documentos migratorios, kimonos, juegos de té, medallas militares y condecoraciones civiles, herramientas de trabajo tan icónicas como los soroban (ábacos japoneses), instrumentos musicales y los más diversos objetos de uso doméstico que, en su tiempo, fueron vitales para sostener la vida familiar y comunitaria. Además de obras de arte contemporáneo.

exposición México Japón del INAH en Museo Nacional de las Culturas, imágenes de los objetos familiares
Objetos de las familias Nakashima, Sakay, Calderón, Sekiguchi, Ono, Yamamoto, Ito, Tamagawa y Hayashida.

La exposición está organizada en cinco núcleos temáticos a través de los cuales se va desarrollando esta historia.

En “De Japón a las Américas”, las familias nos van contando cómo llegaron sus antepasados a nuestro país, cómo vivieron sus primeros años en México y cómo se formaron las primeras familias mexicano-japonesas. También nos sumerge en otros temas muy singulares: la conversión religiosa como medio de integración cultural o como requisito de las familias mexicanas para contraer nupcias, y por qué en México hay apellidos japoneses que se escriben de manera diferente a como se escriben en Japón, o que incluso ya no suenan japoneses, pues fueron hispanizados o transformados en exceso en su transliteración de la época, y no pocas veces producto de errores de escritura en los registros públicos.

De igual forma, se nos presentan reflexiones sobre los legados culturales que recibieron los descendientes, así como sobre la identidad nikkei.

Cuatro fotografías antiguas iluminadas en un marco de madera junto a una taza de porcelana blanca con el retrato de una mujer en su interior
Fotografías iluminadas y una taza de porcelana forman parte de la exposición sobre la memoria de la migración japonesa en México en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. (Dahil Melgar, 2026.)

La “Revolución mexicana y Segunda Guerra Mundial” nos adentra en la comunidad japonesa-mexicana durante dos periodos de gran convulsión social. Las familias nos cuentan cómo parientes fueron levados por las tropas revolucionarias y, años después, serían reconocidos por el Estado mexicano como veteranos de guerra. A la vez, nos sitúan frente a un episodio oscuro de nuestra historia nacional: las políticas antijaponesas que México (y otros trece países latinoamericanos) implementó en la Segunda Guerra Mundial, en replicación hemisférica de las políticas estadounidenses, y que en nuestro país se tradujeron en la confiscación de bienes y patrimonios, la movilización forzada hacia ciudades autorizadas y espacios de concentración (generalmente exhaciendas).

Aquí, la familia So Sotomayor de Hermosillo nos muestra con orgullo las insignias revolucionarias del bisabuelo; la familia Sakay de Monterrey, el cepillo de sastre del abuelo japonés, en el que la familia mexicana inscribió el año 1942, fecha en la que fue concentrado. También nos transportamos a la Peregrinación de la comunidad japonesa a la Basílica de Guadalupe, celebrada desde 1949, una tradición que consagra la fe, el agradecimiento, la mexicanidad de la comunidad nikkei.

“Lazos y conmemoraciones” nos traslada a los espacios de celebración popular de la Gran Comunidad Nikkei. Nos adentramos en las conmemoraciones festivas de la Misión Hasekura (aquella en la que, en el siglo XVII, dicho samurái emprendió un viaje a la Nueva España para establecer lazos de fe y comercio) a través de desfiles samurái contemporáneos en Acapulco, así como de los matsuri (festivales) conmemorativos de la primera colonia japonesa en México, en el Soconusco chiapaneco.

Fotografías impresas suspendidas de cuerdas ante una vitrina iluminada con dos violines y paneles explicativos en un museo
Fotografías de comunidades nikkei e instrumentos musicales integran la muestra sobre la historia japonesa en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo. (CORTESÍA)

“Objetos de la memoria”, por su parte, muestra cómo distintos objetos actúan como puentes entre las historias familiares, los legados culturales y los vínculos intergeneracionales. Las familias hacen públicos objetos que sus antepasados escogieron para acompañar su viaje a México y otros que fueron legados como herencia y responsabilidad para continuar una tradición (como los kimonos infantiles de la familia Ono, usados por varias generaciones). Otros objetos tuvieron gran importancia para celebrar las tradiciones japonesas (como la máquina de fideos soba de la familia Tamagawa, vital en la década de 1930, cuando no se conseguían ingredientes japoneses en México).

Finalmente, la exposición cierra con “El arte, un puente entre México y Japón”. Una unidad que nos traslada a cómo, en el arte, también se manifiestan los lazos humanos y culturales entre ambos países. Aquí, distintos artistas japoneses radicados en México, nikkei y mexicanos sin ascendencia japonesa, exploran temas, técnicas y materialidades en torno a las vivencias, identidades, memorias y diálogos entre culturas y tradiciones. Encontraremos óleos, cerámica y fotografías; entre ellas fotogramas de la película Yūrei de Sumie García Hirata.

Otros artistas también participan de los diferentes módulos; con haikus sobre la memoria y la nostalgia de Francisco Barrios; “Un país en las memorias”, de Miho Hagino y Taro Zorilla, una instalación que muestra retratos en blanco y negro de japoneses y descendientes de varios estados de la república, junto con una frase que sintetiza un fragmento de su historia migratoria o de sus legados culturales. O “De México a Hiroshima”, de Ryuichi Yahagi, quien retoma la figura del senbazuru (la corona de mil grullas de origami, famosa por Sadako Sasaki). Las mil grullas de Yahagi tienen la particularidad de haber sido plegadas en la edición de un periódico de Hiroshima fechada el 6 de agosto. Fecha del lanzamiento de la bomba atómica en dicha prefectura.

La exposición estará abierta al público hasta el 30 de agosto en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo (Moneda 13, Centro Histórico de la CDMX). Entrada Libre.

Agradecemos al Programa “Raíces” de Shinji Hirai su colaboración con esta exposición.

*Dahil Melgar Tisoc es antropóloga social y museóloga, adscrita al Museo Nacional de las Culturas del Mundo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

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