La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, supervisó el 15 de octubre el operativo ante una alerta de bandera roja en Pacific Palisades, la primera jornada de riesgo extremo de incendios en el área desde el fuego de enero de 2025.
Más de 20 meses después del desastre, la ciudad puso a prueba una respuesta modificada en tres frentes: recursos desplegados antes de que comenzara una emergencia, coordinación directa entre autoridades y un plan alternativo para sostener el suministro de agua.
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Bass se reunió con el jefe del Departamento de Bomberos de Los Ángeles (LAFD), Jaime Moore, en la Estación 69, mientras los vientos de Santa Ana elevaban el riesgo en el condado.
La presencia de ambos buscó responder a la inquietud de una comunidad que aún afronta las consecuencias del incendio de Palisades, según Los Angeles Times.
El LAFD pasó de una preposición limitada a un refuerzo de personal y autobombas
El cambio más concreto estuvo en la anticipación. Antes del incendio de Palisades, el LAFD había preposicionado nueve autobombas en el valle de San Fernando y Hollywood, pero ninguna en Pacific Palisades. De las cinco unidades de reserva previstas en el plan de refuerzo para esa jornada, solo tres llegaron a contar con personal.
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Además, cerca de 1.000 bomberos quedaron sin asignación porque no se habían programado turnos extraordinarios a medida que se intensificaba el viento.
Para esta alerta, el departamento convocó a bomberos que estaban fuera de servicio y los incorporó a las tareas de preposición.
En Pacific Palisades, el LAFD instaló tres autobombas adicionales y asignó efectivos a otras cinco unidades de la Oficina de Servicios de Emergencia del Gobernador de California.
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El operativo también incluyó recursos en el valle de San Fernando, las montañas de Santa Mónica, Hollywood Hills y el oeste de la ciudad, de acuerdo con la Alcaldía de Los Ángeles.
Moore vinculó ese refuerzo con la necesidad de recuperar la confianza de los vecinos. “Algunas personas sufren trastorno por estrés postraumático, y es comprensible”, dijo el jefe de bomberos a Los Angeles Times.
Añadió que la prioridad es detectar el peligro, responder y comunicar con rapidez para llevar recursos al lugar y contener un fuego en sus primeras etapas.
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Bass buscó mostrar una coordinación que faltó durante el incendio de 2025
La visita de Bass tuvo además una dimensión política y operativa. Durante el incendio de 2025, la alcaldesa se encontraba en Ghana, a unos 12.070 kilómetros (7.500 millas) de la Estación 69. En un debate reciente, se disculpó por no estar en la ciudad durante la emergencia.
Tras aquel desastre, Bass había atribuido al entonces jefe de bomberos la falta de una advertencia sobre las condiciones meteorológicas, pese a que el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional se había difundido días antes.
Esta vez contactó directamente a Moore y acudió al barrio para conocer el despliegue. La administración municipal sostiene que el jefe aplicó más del 90 % de las recomendaciones del informe posterior a la emergencia: más simulacros, formación en el sistema de mando de incidentes, planificación de evacuaciones y reuniones tácticas previas a episodios de alto riesgo.
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El embalse Santa Ynez sigue cerrado, pero la ciudad instaló un respaldo para los hidrantes
El abastecimiento de agua continúa como uno de los puntos más sensibles. El Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles (LADWP) recibió críticas porque el embalse Santa Ynez permanecía vacío y dañado durante el incendio de Palisades.
Una investigación independiente concluyó que, si hubiera estado en niveles normales, podría haber mantenido el flujo de los hidrantes durante más tiempo, aunque no determinó cuánto habría alterado el resultado del siniestro.
El embalse seguía fuera de servicio durante la alerta por contratiempos en las reparaciones. El LADWP comenzó a rellenarlo a principios de octubre y prevé reincorporarlo al sistema de agua potable de Pacific Palisades antes de finalizar 2026. Como se trata de un depósito cubierto, no se utiliza para operaciones aéreas de extinción.
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Mientras tanto, la empresa pública tendió 9,7 kilómetros (seis millas) de mangueras para conectar fuentes de respaldo con el barrio y ubicó generadores y camiones cisterna para sostener la presión de los hidrantes.
La alcaldía afirmó que los tanques que abastecen a las zonas de ladera están llenos y que no existían problemas de presión en la red durante la alerta.
Las viviendas nuevas deberán cumplir normas que no regían antes de 2008
La prevención también alcanza a la reconstrucción. Las casas que sustituyan a las destruidas deberán ajustarse a las normas estatales de construcción en zonas expuestas a incendios forestales, requisitos que no se aplicaban a las edificaciones levantadas antes de 2008.
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La reducción de vegetación inflamable alrededor de las viviendas forma parte de las medidas recomendadas para los residentes. Durante esos días, la amenaza se materializó en otros sectores del sur de California.
El incendio Norte destruyó al menos seis viviendas en San Juan Capistrano, y en Malibú los bomberos controlaron el incendio Bryson antes de que alcanzara la escala de los fuegos de Palisades o Woolsey.
Para Los Ángeles, la alerta dejó una prueba real de los cambios anunciados, con el sistema de agua de Santa Ynez todavía pendiente de su retorno al servicio.
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