En Chicago, dos demandas colectivas pusieron bajo escrutinio el uso de cámaras en los robots de reparto: los reclamos sostienen que Coco Robotics y Serve Robotics habrían recogido información de rostros y manos sin cumplir la legislación estatal de privacidad biométrica.
La información fue difundida por CBS News Chicago, que señaló que las acciones judiciales cuestionan el funcionamiento de los dispositivos que circulan por las veredas de la ciudad para entregar pedidos de restaurantes. Las empresas rechazaron las acusaciones y aseguraron que sus sistemas no están diseñados para identificar personas.
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Las demandas apuntan a la captura de rostros y manos
Las denuncias acusan a las compañías de vulnerar la Ley de Privacidad de Información Biométrica de Illinois, una norma que regula la recolección, almacenamiento y uso de identificadores biométricos. Los demandantes afirman que las cámaras instaladas en los robots registraron datos faciales y de manos de peatones mientras los vehículos se desplazaban por el espacio público.
El eje del reclamo no es solamente que los robots cuenten con cámaras, sino el eventual tratamiento de la información que captan. De acuerdo con las demandas reseñadas por CBS News Chicago, las empresas habrían obtenido información biométrica privada sin las protecciones requeridas por la legislación de Illinois.
Un vocero de Coco Robotics negó que la firma haya incurrido en esa práctica. “Esta demanda entiende de forma equivocada nuestra tecnología; no hemos recolectado datos biométricos en Chicago y confiamos en que este litigio sin fundamento será desestimado”, afirmó el representante de la empresa en un correo electrónico citado por el medio.
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La compañía Serve Robotics también rechazó que sus operaciones hayan afectado la privacidad de los habitantes. Un portavoz aseguró que los robots utilizan cámaras y sensores para desplazarse de forma segura por las aceras, pero remarcó que esos recursos no se emplean para reconocer a las personas ni para elaborar perfiles biométricos.
Las empresas sostienen que sus robots no identifican a peatones
La respuesta de Serve se centró en la finalidad técnica de los equipos. “Nuestros robots usan cámaras y sensores para circular de forma segura por las veredas de Chicago”, indicó su vocero, tal y como recogió CBS News Chicago. “No utilizamos esos datos para identificar a individuos y nuestros sistemas no están diseñados para identificar personas ni crear perfiles biométricos”, agregó.
Las posturas de ambas compañías anticipan una disputa sobre la naturaleza de los registros audiovisuales generados por los robots y sobre si esas imágenes pueden considerarse información biométrica bajo la ley estatal. Los reclamos judiciales, según el informe, fueron presentados como demandas colectivas, un mecanismo que permite agrupar a personas que alegan haber sido afectadas por una práctica similar.
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La discusión se desarrolla mientras los robots de reparto ya forman parte de un programa piloto autorizado por la ciudad. Coco obtuvo una licencia del Departamento de Asuntos Comerciales y Protección al Consumidor de Chicago en noviembre de 2024. Por su parte, Serve comenzó sus operaciones en septiembre de 2025.
El programa piloto seguirá vigente hasta mayo de 2027
El plan de dispositivos personales de entrega fue presentado ante el Concejo Municipal en 2022, durante la gestión de la entonces alcaldesa Lori Lightfoot. El programa permite a firmas como Coco y Serve asociarse con restaurantes para trasladar pedidos a clientes mediante vehículos autónomos que circulan por las veredas.
Las autoridades municipales establecieron que la iniciativa busca analizar “los beneficios y los riesgos” de esta modalidad de reparto. La autorización vigente expirará en mayo de 2027, a menos que el Concejo Municipal decida finalizarla antes o aprobar una extensión.
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La controversia por las demandas se suma a cuestionamientos planteados por residentes y grupos críticos del programa. Josh Robertson, impulsor de la petición No Sidewalk Bots, afirmó que más de 4.600 habitantes de Chicago firmaron el pedido para suspender la prueba hasta que se evalúen las consecuencias de la tecnología y se definan reglas específicas.
Robertson aseguró que los firmantes manifestaron inquietudes vinculadas con la privacidad, además de posibles obstrucciones al tránsito peatonal y vehicular, choques con infraestructura y efectos sobre mascotas y niños. “Creo que es prudente que ahora estemos hablando de la privacidad y de los riesgos que podrían derivarse de la presencia de estos robots en nuestros barrios”, sostuvo.
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